Revolución en el rellano de una escalera de la Part Baixa

Convivencia ciudadana. Un grupo de vecinas de la Part Baixa cocina de manera colaborativa inspirándose en los modelos de convivencia que vivieron en su infancia 

Agnès Llorens

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Revolución en el rellano de una escalera de la Part Baixa

Revolución en el rellano de una escalera de la Part Baixa

Una revolución puede encenderse con la mecha de un Tupperware. O de cuatro. Así lo demuestran cuatro vecinas del calle Barcelona, en la Part Baixa de Tarragona, que desde el mes de enero cocinan colaborativamente. Cada semana −en lunes, preferentemente− Montse Gesti, Laura Romano, Leo Sanchis y Alba Zamora se encuentran para compartir el plato que han cocinado durante el fin de semana, que se reparte en las correspondientes raciones para que cada una de las vecinas pueda tener la comida de cada día a punto, comiendo variado y cocinando una sola vez a la semana.

Cocinar una vez a la semana y comer con las aportaciones de la comunidad

«La verdad es que como mejor de lo que lo había hecho en mucho tiempo» explica Gesti, que narra, junto a sus compañeras, que el proyecto nació a raíz de que las cuatro viven muy cerca, tres de ellas en el mismo bloque de la calle Barcelona, y cuando se encontraban, a menudo reflexionaban sobre el modelo actual de vecindad y su estilo de vida. Rápidamente, vieron que podían ayudarse mútuamente −casi todas ellas comen en su lugar de trabajo− si aplicaban un modelo de cocina colaborativa que hace cinco meses que aplican. 

Leo, Montse, Alba y Laura se intercambian comidas cada semana con el objetivo de ayudarse y de construir comunidad. FOTO: DT

Su funcionamiento se basa en quedar una vez a la semana para intercambiarse las comidas que se han preparado para ser consumidas durante la semana. «Normalmente cocinamos platos vegetarianos, o con poca carne, para respetar las costumbres de cada una y también tenemos en cuenta los sazonados y la preparación, para agradar a todas, pero es una experiencia realmente inspiradora, que nos ahorra mucho tiempo, energía y dinero durante la semana», detalla Romano que, junto a sus compañeras, enumera algunas de las ‘recetas estrella’, que han animado sus días de cada diarias. 
El arroz con verduras, la empanada gallega, el cuscús, la paella, la lasaña de verduras, el seitán o la quiche de verduras y las albóndigas de espinacas forman parte, des de enero, de la dieta de estas vecinas que, abogando el concepto de tribu, han impulsado una dieta nutrida de una clara componente sociológica. 

La comida es política
Lejos de querer recrearse en la anécdota, las cuatro impulsoras de esta medida explican que la idea surgió al reflexionar sobre las escaleras de vecinos de muchas ciudades, en las cuales muchos de los vecinos no se conocen. «En nuestra infancia, vivimos en comunidades donde había un conocimiento real de los vecinos y vimos que, hoy en día, en muchas comunidades casi nadie conoce a sus vecinos», argumenta, convencida, Zamora. 

«Compartiendo comida formamos comunidad y es una manera buena de ayudarnos» 

Sus vecinas suscriben esta opinión y explican que la gentrificación en muchas ciudades «ha avivado el desconocimiento de las personas que viven a nuestro lado», tal como defiende Gesti, que apostilla que «cada vez vivimos en comunidades en las que se defiende o la autosuficiencia llevada al extremo o, en su defecto, soluciones que nos abocan a consumir; con el hecho de compartir comidas nos ayudamos, nos conocemos más, ahorramos energía y formamos comunidad». Las cuatro se muestran de acuerdo cuando afirman que «la comida es política, ya que la manera en la que cocinanos y compartimos expresa mucho de lo que somos». En este sentido, Sanchís destaca que «somos una pequeña comunidad que hemos decidido que compartir la comida es nuestra opción para ayudarnos y conocernos mejor, pero hay muchas más opciones que pueden ser válidas». 

Para ellas la opción es clara; intercambiar tuppers es mucho más que probar diferentes platos; este es el camino que han encontrado para acercarse a las personas que viven en se escalera y cambiar, un poco, el mundo que les rodea. 

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