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Salud mental a cara descubierta

Ángel y Jorge han tomado una decisión tan valiente como inusual: hablar en público de sus enfermedades mentales. Ambos forman parte de una campaña para romper tabúes sociales
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Ángel Urbina y Jorge Castilla, activistas de la campaña Obertament, en la sede del Diari. Foto: Lluís Milián

Ángel Urbina y Jorge Castilla, activistas de la campaña Obertament, en la sede del Diari. Foto: Lluís Milián

Ángel Urbina es un conversador entusiasta, de una vitalidad contagiosa. Tiene 48 años, trabaja como ingeniero industrial, está casado, tiene una hija y recientemente ha protagonizado una campaña mediática... Y aquí llega la sorpresa: la campaña en la que aparece muestra los testimonios de personas que, como él, tienen un problema de salud mental.

La campaña fue puesta en marcha el mes pasado por la fundación Obertament y lleva por título ‘No hagas como si nada, da la cara ’, con el objetivo de evidenciar que existe un tabú social respecto a los problemas de salud mental (donalacara.org).

Cuenta Ángel que aunque algunos ya lo sabían, muchos de sus compañeros de trabajo que llevan años compartiendo cafés con él se enteraron de su enfermedad cuando le vieron en televisión. La primera reacción fue de completa incredulidad. No es de extrañar; según la Encuesta de Salud de Catalunya (ESCA),el 42% de los catalanes piensa que las personas con problemas de salud mental tienen algo que les hace fácilmente distinguibles.

A partir de allí el camino ha sido muy positivo; ahora se le acercan otros compañeros a hablarle de sus propios problemas de salud mental o de los de sus familiares. «Me siento muy bien. Esta enfermedad me ha humanizado, me ha hecho más sensible... Vengo de la oscuridad, así que ahora aprecio mucho más toda la luz», cuenta.

Es un destino muy distinto del que dibujó para los padres de Ángel el psiquiatra que le atendió cuando estaba en la universidad y sufrió lo que después sería diagnosticado como un brote psicótico. Les dijo que no saldría adelante y que, de terminar la carrera, ni hablar.

Concepciones erradas

Ángel viene acompañado por otro activista, Jorge Castilla. Tiene 35 años y dedica parte de su tiempo a hablar sobre su enfermedad mental, especialmente en charlas a estudiantes de instituto.

Uno de sus ‘experimentos’ favoritos es mostrar a los alumnos una serie de fotos de personajes famosos actuales. Les pide que digan quién creen que tiene enfermedad mental. Al final resulta que todos tienen alguna.

También les pregunta a los chicos a quién le gustaría salir con la guapísima actriz Megan Fox. Todos reponden afirmativamente, incluso cuando les explica que sufre esquizofrenia. Lo que no tienen tan claro es que sus padres aprobarían la relación.

Justamente estos estigmas son contra los que intenta luchar la campaña. Según la ESCA, uno de cada seis catalanes (16%) no estaría dispuesto a vivir con una persona con problemas de salud mental y uno de cada cinco no confiaría en ella para cuidar a otros (21%), uno de cada tres (31%) no sabe si trabajaría con alguien diagnosticado y más de la mitad de la población (51%) no tiene claro si confiaría en él o ella a la hora de darle una responsabilidad.

‘El autoestigma es lo peor’

Pero más allá de los prejuicios externos, Jorge considera que el ‘autoestigma’ es lo peor. Lo ha sentido en carne propia, especialmente al principio, cuando sufrió el primer ataque de pánico en el tren, de camino al trabajo, con 22 años. «Mi principal preocupación no era curarme, sino que nadie se enterara de lo que pasaba, lo que hizo que se retrasara mucho el diagnóstico y el ir a pedir ayuda». Aquel esfuerzo de ocultación, al final, fue en vano, porque el mismo día en que iba a la empresa a pedir la baja el jefe le despidió.

Los pronósticos para Jorge también fueron catastróficos. Él, como buena parte de quienes sufren un problema mental, descubrió la enfermedad siendo muy joven y aquello truncó sus planes de vida. «Pasé un montón de tiempo preguntándome qué hacía yo aquí», cuenta. «Ahora me siento maravillosamente, quién me iba a decir que alguien como yo, con agorafobia, iba a terminar dando charlas en un instituto», cuenta sonriente.

Tanto Ángel como Jorge están convencidos de la utilidad de la actividad de concienciación que realizan. Jorge relata que «la gente, cuando escucha enfermedad mental sigue pensando en violencia, depravación, peligro y esto es alimentado por los medios de comunicación, cuando en realidad sólo el 0,3% de las personas con enfermedad mental son violentas... Lo que pasa es que sólo vemos una parte de la realidad, la parte oscura, cuando la verdad es que hay muchas personas como nosotros, con una vida normal. El problema es que no se nos conoce, que no estamos a la vista», relata.

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