Sanitarios en busca de ayuda psicológica: «Tenemos miedo de llevar el virus a casa»

Un estudio estatal con personal de Primaria de Tarragona muestra que el 45% sufre un riesgo alto de trastorno mental y el 3,5% ha llegado a pensar en el suicidio debido a la pandemia

Raúl Cosano

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Asistencia en la UCI del Verge de la Cinta de Tortosa. Foto: ICS Ebre

Asistencia en la UCI del Verge de la Cinta de Tortosa. Foto: ICS Ebre

Enric Aragonès, médico de atención primaria y doctor en el CAP de Constantí, es uno de los investigadores de los estudios publicados esta misma semana sobre el impacto de la pandemia en la salud mental de lo sanitarios. «Sabíamos que habría una afectación, pero hemos visto que el malestar es relevante y tiene un peso importante, sobre todo entre aquellos profesionales que han estado más en contacto estrecho con la enfermedad, como pueden ser los trabajadores de UCI y de urgencias, que son también los que tienen más riesgo», indica Aragonès, cabeza visible de un análisis multicéntrico cuya radiografía también incluye a sanitarios del ámbito de Primaria del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre. 

Las conclusiones son contundentes. Casi la mitad de los profesionales sanitarios de España, un 45%, presenta un riesgo alto de trastorno mental después de trabajar en la primera ola de la Covid y un 3,5% incluso llegan a pensar en el suicidio, más del triple de la media del resto de la población. Así lo concluyen estos dos estudios liderados por investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y médicos del Hospital del Mar y del CIBER, que ha utilizado datos de 9.138 trabajadores sanitarios de 18 centros sanitarios de toda España. 

Los estudios, que publican la Revista de Psiquiatría y Salud Mental y la revista ‘Depression & Anxiety’, concluyen que casi la mitad de los encuestados presenta cribado positivo de un trastorno mental y un 14,5% sufre trastorno mental discapacitante, es decir, con repercusiones negativas claras en su vida profesional y social. «Hemos visto que hay una prevalencia muy alta, no tanto de trastorno mental, como de un malestar psicológico que lleva a que haya un alto riesgo de trastorno. También constatamos que existen ideaciones suicidas, no en un porcentaje tan alto, pero sí relevante», explica Aragonès, que añade: «Hemos visto que, entre los sanitarios, médicos y enfermeras son quizás los que tienen una mayor capacidad de resistencia. La investigación también recoge los problemas de material y suministro que hubo al principio, durante la primera oleada y que provocaron angustia». 

«Los datos indican una prevalencia de problemas de salud mentales discapacitantes en los sanitarios españoles mucho más alta que la esperada», ha señalado el director del Programa de Epidemiología del Hospital del Mar y codirector científico del CIBER en Epidemiología y Salud Pública, Jordi Alonso, autor principal de los estudios. 

La tercera ola vuelve a poner contra las cuerdas el estado mental de un personal cansado y extenuado desde hace muchos meses. «La pandemia nos ha hecho a todos vulnerables físicamente pero también mental y emocionalmente, sobre todo a aquellos sanitarios que han estado en primera línea, en la UCI, por ejemplo. El miedo, la exposición al contagio, a llevar el virus a casa y afectar a personas queridas y, sobre todo, la incertidumbre, ese no saber qué va a pasar, afecta mucho y nos hace daño, quizás más que afrontar un problema o una situación concreta», indica Jaume Descarrega, psicólogo clínico del servicio de adicciones y salud mental en el Sant Joan de Reus y vocal de la junta del Col·legi de Psicologia de Catalunya. 

«En casa del herrero...»
Para Descarrega, ha existido una acumulación de vivencias extremas que, en un momento dado, pueden manifestarse como sintomatología: «En la primera oleada nos centramos en atender lo físico, la propia enfermedad, el contagio. Pero descuidamos la parte mental. De la ansiedad de entonces hemos pasado a situaciones de enfado, que se añaden a ese cansancio físico y anímico. Hay muchos sanitarios que sienten que están en una maratón». Descarrega, en su rol de profesional de apoyo, relata algunos de los cuadros con los que se ha topado: «Hay sentimientos de desesperanza, estados bajo de ánimos, muchas veces más en las enfermeras que en los médicos, porque son ellas las que han tenido que hacer cuidados continuados». 

En los últimos meses, los sanitarios han reclamado ayuda psicológica pero no en todos los casos. «Se cumple ese refrán de ‘en casa del herrero, cuchillo de palo’. A pesar de que ofrecemos talleres y supervisión, la cantidad de gente que acude es poca, es un porcentaje bajo, cuando realmente sabes que hay muchas personas afectadas, pero no terminan de dar ese paso para dejarse guiar por un equipo que está disponible», cuenta Descarrega. 

La plantilla sanitaria está emocionalmente agotada en plena tercera ola. «La gente lo ha pasado muy mal, padece miedo de llevar el virus a casa, sobre todo aquellos que tienen a personas vulnerables en la familia», explica Tani Francesch, especialista en geriatría y cuidados intensivos en el Hospital Joan XXIII. De hecho, hay sanitarios que llevaron la Covid-19 a su casa y después han precisado ayuda psicológica. Otros incluso han pensado en abandonar el trabajo. 

Estos estudios recientes sobre los sanitarios dibujan también el impacto de la repercusión del virus en las dolencias mentales. Por patologías, el 28,1% presentan depresión, el 22,5% ansiedad, casi 1 de cada 4, pánico, el 22,2% estrés postraumático y poco más del 6%, abuso de sustancias.  

«Los resultados nos preocupan y son muy consistentes con nuestra experiencia clínica. Tuvimos que atender a muchos sanitarios con estrés agudo, agotamiento y ansiedad», explicó el director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar, Víctor Pérez. El colectivo de las auxiliares de enfermería es el que muestra un mayor impacto ya que dos de cada tres sufren riesgo alto de trastornos mentales, y la mitad en el caso de las enfermeras, con una prevalencia más elevada en aquellos profesionales expuestos a pacientes Covid y entre los que han sufrido la enfermedad o han tenido familiares infectados. 

Ante estos resultados, los autores recomiendan monitorizar a los profesionales sanitarios con trastornos mentales previos y aquellos con una exposición elevada a pacientes con Covid que hayan sufrido la infección o hayan estado en confinamiento. 

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