Tarragona TRADICIÓN

Sant Magí mira desde sitios insospechados

Dice la leyenda que el patrón de la ciudad impidió que el Portal del Carro explotara en la Guerra del Francès. Hoy su presencia se esconde por toda la Part Alta

NORIÁN MUÑOZ

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En la Creu del Terme, frente a la Diputació, también está el santo. FOTO: ALFREDO GONZALEZLA TRADICIÓN CUENTA QUE EN ESTE CALLEJÓN NACIÓ SANT MAGÍ. EN EL SITIO HAY UNA CAPILLA. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZEN ESTE CUADRO DE SANT CRISTÒFOR APARECE EN SEGUNDO PLANO. FOTO: A. GONZÁLEZ

En la Creu del Terme, frente a la Diputació, también está el santo. FOTO: ALFREDO GONZALEZLA TRADICIÓN CUENTA QUE EN ESTE CALLEJÓN NACIÓ SANT MAGÍ. EN EL SITIO HAY UNA CAPILLA. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZEN ESTE CUADRO DE SANT CRISTÒFOR APARECE EN SEGUNDO PLANO. FOTO: A. GONZÁLEZ

En un lateral del Carreró de Sant Magí, cerca de la Catedral, un pequeño espacio en la pared acoge todavía los restos de unas velas recientes. Es una pequeña muestra de que hay quien conserva la devoción por el co-patrón de la ciudad. El sitio está inusualmente concurrido porque los Portants de l’Aigua de Sant Magí han organizado una ruta por algunos lugares de la Part Alta que tienen relación con el santo. El guía de excepción es Jordi Bertran, gestor cultural y divulgador incansable de las tradiciones de la ciudad.

La ruta arranca en el Carreró porque se supone que aquí nació el patrón, aunque, recuerda Bertran, Sant Magí entra en la liga de los santos sobre los cuales no existen todavía pruebas históricas fehacientes de que existiera.

En la callejuela, que desemboca en la Plaça de Dames i Vells, hay una pequeña capilla votiva que puede pasar inadvertida si se va con prisas. El año que viene se cumplirán 300 años desde que se decidió ponerle al callejón el nombre del santo. Desde siempre la capillita la cuidaban los agricultores, porque este era el barrio pagés, y más adelante los gitanos de la Part Alta. Ahora la Moixiganga se encarga de decorarla y acondicionarla cada año.

Disimular el olor a humanidad

Una de las tradiciones de las fiestas de Sant Magí consiste en ‘enramar’ el Carreró. Podría parecer que se trata de un mero asunto decorativo, pero, apunta Bertran, esta costumbre viene de la época medieval y tenía otro sentido: que se pudiera respirar entre una gran concentración de personas en una época sin apenas duchas o colonias. Los que acudían a las fiestas pisaban las hierbas aromáticas y así se disimulaba el olor a humanidad.

Mucho más difícil resulta descubrir la presencia de Sant Magí en el siguiente punto de la ruta: la Creu del Terme, frente a la Diputació de Tarragona. De hecho, hay quien ni siquiera se había percatado de la presencia de la propia cruz, a pesar de que está en el sitio desde principios del siglo XVII. Pero, una vez más, si se mira con atención, allí está Sant Magí, justo al lado de San Pedro.

Pero tal vez una de las presencias más curiosas del santo sea la de la Esglèsia de Sant Llorenç. Allí, en segundo plano, en una esquina, aparece Sant Magí en un cuadro de grandes dimensiones dedicado a Sant Cristòfor.

Durante unos trabajos de restauración se dató el cuadro en torno al siglo XVIII. Una de las peculiaridades es que, tras Sant Magí, se puede ver un pequeño templo. Se trata del pequeño santuario de la Brufaganya que precedió al que se conserva hasta nuestros días. Una ‘foto’ de la historia, como advierte Bertran.

La mecha que no estalló

Pero, sin duda, desde donde observa Sant Magí a los tarraconenses (y los protege, según los creyentes) es desde su iglesia ubicada en el Portal del Carro.

La capilla ocupa el espacio de uno de los portales de la ciudad durante la época medieval (siglos XII- XIII). En aquella época se solía colocar un santo protector en todas las entradas y, en este caso, el encargado de la protección era Sant Magí, tal como recuerda la pintura primitiva original que se conserva en la pared.

El portal pasó largos períodos clausurado en función de las guerras, pero en 1778 se decidió transformar el sitio en capilla para venerar a un santo de creciente popularidad.

Pero si algo disparó la devoción por Sant Magí fueron los hechos de la Guerrra del Francès de 1813. De las 23 minas instaladas por los soldados napoleónicos durante su salida en todas las estructuras significativas de la ciudad, la única que no explotó fue la del fuerte de San Magí, anexo a la capilla. La mecha todavía puede verse en una vitrina, y el santo vigila desde otros puntos por descubrir.

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