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Sant Pere i Sant Pau: Tres barrios en uno

Sant Pere i Sant Pau ha crecido al ritmo de las promociones que se han ido construyendo desde el año 1970: desde inmuebles de cinco alturas sin ascensor a urbanizaciones de alto standing con piscina

Xavier Fernández

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Germán Megía, Silvia Alonso y su hijo Iker (a la dcha.), en la frutería Bona Fruita, que lleva cinco años abierta. Foto: Pere Ferré

Germán Megía, Silvia Alonso y su hijo Iker (a la dcha.), en la frutería Bona Fruita, que lleva cinco años abierta. Foto: Pere Ferré

Mohamed y Omar Khouyani, con Antonio García en la ferretería Yosmar. Los hermanos la regentan desde hace 16 años. Foto: LLUÍS MILIÁN

Mohamed y Omar Khouyani, con Antonio García en la ferretería Yosmar. Los hermanos la regentan desde hace 16 años. Foto: LLUÍS MILIÁN

Tras el mostrador, Cristina Pérez, Virgilio Elijas, María del Carmen Escorihuela y Bárbara Baile. Foto: LLUÍS MILIÁN

Tras el mostrador, Cristina Pérez, Virgilio Elijas, María del Carmen Escorihuela y Bárbara Baile. Foto: LLUÍS MILIÁN

María Borrego, de la Floristería Mari, con un cliente, Ramón Granero. Foto: LLUÍS MILIÁN

María Borrego, de la Floristería Mari, con un cliente, Ramón Granero. Foto: LLUÍS MILIÁN

María Pilar Burgos y Mayca Sánchez, en la Ferretería Niubó Multiserveis. Foto: LLUÍS MILIÁN

María Pilar Burgos y Mayca Sánchez, en la Ferretería Niubó Multiserveis. Foto: LLUÍS MILIÁN

Romà Roig muestra unas gafas a Ángel Rodríguez en la óptica que dirige. Foto: Pere Ferré

Romà Roig muestra unas gafas a Ángel Rodríguez en la óptica que dirige. Foto: Pere Ferré

Luis Trinidad y Alfonso Periáñez conversan en la deteriorada Plaça de la Sardana. Foto: P.Ferré

Luis Trinidad y Alfonso Periáñez conversan en la deteriorada Plaça de la Sardana. Foto: P.Ferré

Angi Molins atiende a Rosa Benítez. A la derecha, Juan Francisco Cervelló. Foto: LLUÍS MILIÁN

Angi Molins atiende a Rosa Benítez. A la derecha, Juan Francisco Cervelló. Foto: LLUÍS MILIÁN

Júlia Gómez (a la izquierda) y una clienta, Maribel Bautista, en Calçats Jurol. Foto: Pere Ferré

Júlia Gómez (a la izquierda) y una clienta, Maribel Bautista, en Calçats Jurol. Foto: Pere Ferré

La Avinguda Països Catalans es la más nueva deSant Pere i Sant Pau, junto al Mas de les Flors. Alberga urbanizaciones con piscina. Se han instalado parejas jóvenes. Foto: Pere Ferré

La Avinguda Països Catalans es la más nueva deSant Pere i Sant Pau, junto al Mas de les Flors. Alberga urbanizaciones con piscina. Se han instalado parejas jóvenes. Foto: Pere Ferré

«Sant Pere i Sant Pau es como tres barrios en uno solo: la zona de la primera promoción, la más antigua; la de la cuarta y quinta promoción; y la de la Avinguda Països Catalans, donde la URV. Los del barrio bromeamos con que unos vivimos en el gueto y otros en Beverly Hills.El núcleo antiguo es como un pueblo. La avenida, un barrio dormitorio», comenta Yolanda Fernández, una vecina de Sant Pere i Sant Pau de la zona de la cuarta promoción.

El dibujo que traza Yolanda de su barrio lo comparten vecinos y comerciantes. Sant Pere i Sant Pau empezó a construirse en 1970. Desde aquel año, se fueron edificando promoción tras promoción hasta convertirlo en el más poblado de Tarragona, con 16.155 habitantes.Sólo le supera lo que el Ayuntamiento denomina ‘Nou Eixample Nord’ (la zona de JoanXXIII, Avinguda Marqués de Montoliu y Avingunda Catalunya).

Los pisos más antiguos, en la primera promoción, son de cinco plantas y sin ascensor. Resultan más asequibles de modo que la inmigración se concentra en esa zona. Los ‘pioneros’ que llegaron en los primeros años se han ido trasladando a otras zonas.

Los últimos en llegar han sido las familias jóvenes que ocupan el entorno del Campus Sescelades de la URV y el Mas de les Flors, justo al lado de la primera promoción.

«Sant Pere i Sant Pau es un barrio atípico. Está construido en fases. Es como un pueblo, para lo bueno y para lo malo», explica Juan Francisco Cervelló. Regenta la Panadería Cervelló, uno de los negocios más antiguos. Primero la dirigió su abuelo. Luego su padre y su tío. Y, desde hace veinte años, él. Juan Francisco presume de que en Sant Pere i Sant Pau «se vive muy tranquilo. No hay inseguridad».

La panadería de Cervelló se ubica en la primera promoción, que cuenta con un comercio con mucha vitalidad, pero, como apunta Rosa Benítez, vocal de la Associació Veïns Sant Pere i Sant Pau Sescelades, la gente no va a pasear. No hay un eje comercial. El centro de Tarragona está cerca, lo que supone un atractivo y un handicap para el comercio.

‘No hay zona azul’

«Tenemos la ventaja y el inconveniente de estar cerca del centro.Lo bueno es que el acceso es fácil y no hay zona azul, con lo que no tienes que pagar por aparcar. Lo malo, que la gente no sale a pasear por aquí sino que se va a Tarragona», señala RomàRoig, responsable de la Òptica Teixidó, ubicada en el edificio Penedès, en la Plaça de les Amèriques, muy cerca de la ‘frontera’ con la Avinguda Països Catalans.

«La avenida –sigue Romà– no ha tenido éxito comercial y es muy de paso.Los vecinos bajan a Tarragona. Cuesta mucho que suban». De paso y de paseo. A la Avinguda Països Catalans se la ha apodado como «la del colesterol» por los yayos que la recorren arriba y abajo cada día.

Un vecino de la avenida, Rafa, asegura que «hay poca actividad de barrio. No hay un centro. Arriba hay plazas que hacen de centro. Hay un espacio muy grande ocupado por la URV que tiene una vida efímera por el día y que los fines de semana es un desierto. Aún hay muchos locales vacíos. Falta actividad comercial, que es lo que da vida de barrio».

En la otra punta del barrio está la Ferretería Niubó Multiserveis, el comercio decano. El establecimiento ha ido pasando de generación en generación. Ahora lo lleva María Pilar Burgos. Para María Pilar, Sant Pere i Sant Pau «es un buen barrio, uno de los mejores de Tarragona. La clientela es fiel. Pese a las grandes superficies, aguantamos. El trato directo se valora».

Ese sentimiento de orgullo, de que Sant Pere i Sant Pau es «de los mejores» se repite una y otra vez en boca de comerciantes y vecinos, aunque todos lanzan una serie de reivindicaciones.

«Es un barrio cómodo, pero tenemos un problema acuciante: la falta de aparcamiento. Sólo las promociones más nuevas tienen parking y hay una gran cantidad de pisos. Además, la entrada y salida del barrio es complicada», apunta José Cosano, dirigente de la Associació de Veïns La Unió de Sant Pere i Sant Pau (la otra entidad vecinal del barrio).

Cosano vive en Sant Pere i San Pau desde 1979. También pide la mejora del CAP del barrio y del mantenimiento de plazas como las de laSardana y la Catalunya, «que se han quedado viejas». Eso sí, Cosano se enorgullece del diseño urbanístico, de la amplitud entre bloque y bloque.

El presidente de la Associació de Veïns Sant Pere i Sant Pau Sescelades, Luis Trinidad, coincide en la falta de mantenimiento de ambas plazas. El monumento a la sardana da pena. Han desaparecido varias figuras y otras están rotas.

Trinidad denuncia el incivismo de algunos vecinos –«que venga un detective a multar a los que no recogen las cacas de los perros, como en Tarragona»– y añora más vida en la calle: «Antes los parques estaban llenos. Ahora Sant Pere i Sant Pau es un barrio dormitorio. Entre las actividades extraescolares o que se quedan en casa jugando a la consola, los niños no salen a la calle».

Más reivindicaciones: Yolanda exige una base de ambulancias – «queremos una ambulancia, somos un barrio de 15.000 personas»– y más vigilancia: «No basta con que se paseen con el coche patrulla».

La mejora del pabellón polideportivo es otra de las peticiones de los vecinos y de Alfonso Periáñez, presidente del Club de Volei Sant Pere i Sant Pau: «El pabellón y la piscina están a la cola de los de Tarragona. El pabellón necesita una remodelación urgente. El suelo está deteriorado. Se inauguró en 1990 y no se ha hecho ninguna mejora desde entonces. La piscina se ha quedado pequeña para la gran cantidad de usuarios. Y además no hay gimnasio».

Aparte del pabellón y el CAP, Sant Pere i Sant Pau dispone de un campo de fútbol, un Centre Cívic y de iglesia. La casa cuartel de la Guardia Civil también está en el barrio.

«El barrio ha sido el sustento del club –sostiene Periáñez–. Nunca nos ha dado la espalda. Cualquier vecino te habla de ‘esos locos del volei’. Somos el equipo de Tarragona en una categoría más alta y eso ha creado una aureola en torno a un deporte minoritario. Están orgullosos de nosotros». Periáñez, que vive en Sant Pere i Sant Pau desde 1977 y fue presidente del AMPA del colegio del barrio durante quince años, fundó el club en 1982, junto a otros padres del centro.

Trinidad destaca que Sant Pere i Sant Pau es un barrio muy solidario. Hay múltiples ejemplos. Uno de ellos: los Castellers de Sant Pere iSantPau, fundados hace 27 años, organizan una jornada solidaria con la que estrechan lazos con el barrio. También comparten actividades con el Centre La Muntanyeta para personas con parálisis cerebral.

Según explica la cap de canalla de la colla y vecina del barrio, Mar Pascual, en los últimos años se han integrado en la entidad más niños gracias a las charlas que dan en los dos colegios del barrio (el Sant Pere i Sant Pau y el Marcel·líDomingo)y los dos situados en la cercana Zona Educacional (la Salle y el Pràctiques). La colla también ha atraído a jóvenes del Institut Sant Pere i Sant Pau. Esta labor ha arrastrado a las familias de los peques y los mayores.

Los chavales de La Muntanyeta son castellers honoríficos de la colla. La Muntanyeta se trasladó al barrio en 1982, a unas instalaciones situadas junto a la sede de Ematsa. El director de la entidad, Jaume Marí, lamenta que la conexión con el barrio «es muy complicada. El acceso es impracticable. No hay aceras o son demasiado estrechas. El Ayuntamiento nos dice que lo arreglará, pero van pasando los años y sigue igual. Por esto no podemos compartir el día a día con el barrio». Aún así la relación es estrecha con los castellers y con la asociación de vecinos. Marí fue el pregonero de las fiestas en 2015 en representación de la entidad.

Paellada solidaria

La Associació de Familiars de Malalts deAlzheimer también tiene su sede en Sant Pere i Sant Pau. Su presidente, JaumeSolé, se enorgullece de las charlas que se impartieron sobre la enfermedad en el instituto o la paellada solidaria que organizaron los vecinos para recaudar fondos. Y estudiantes de Psicología de la URVhacen prácticas en el centro.

El decano de la Facultat de Ciències de l’Educació i Psicologia de la URV, Lluís Marqués, defiende que la universidad y la zona nueva del barrio han ido creciendo de un modo paralelo de modo que «ha mejorado la trama urbana y ha contribuido a mejorar los accesos». La URV cuenta también en el campus Sescelades con las facultades de Enología y Química y las escuelas de ingeniería e ingeniería química. También están el Iciq, el Pctq y el Iphes.

La directora de La Salle, Alicia Fernández, resalta la relación de sus alumnos con Sant Pere i Sant Pau gracias a actividades que se desarrollan en el teatro o a través de la Guàrdia Urbana en las calles del barrio. LaSalle comparte la Zona Educacional con el Institut Comte de Rius, el Pràctiques y la Escola Estela.

Entre los comercios más veteranos, están elestanco de la primera promoción, la Floristería Mari y la Ferretería Yosmar. Llevan en el barrio 43, 34 y 16 años, respectivamente.

Virgilio Elijas y su esposa, María del Carmen Escorihuela, son los titulares del estanco. Virgilio afirma que «el barrio ha cambiado tanto que ya muchos no nos conocemos».

Para MaríaBorrego, propietaria de la floristería, «lo mejor del barrio es su gente. Charlas con los clientes, te preguntan cómo estás, te cuentan sus cosas...».

Al frente de la ferretería Yosmar están Omar y Mohamed Khouyani. «Hay muy buena gente en el barrio. Los vecinos están consiguiendo que las cosas vayan para adelante», asegura Mohamed, que critica que «el Ayuntamiento nos tiene abandonados».

Aunque lleva más de 20 años en el barrio, Júlia Gómez abrió sólo hace dos su zapatería: Calçats Jurol.«Es duro abrir un negocio, pero estoy contenta porque la gente está respondiendo», dice.

A su lado, esta Bona Fruita, regentada por Germán Megía y Silvia Alonso. Germán nació en Sant Pere iSant Pau y Silvia llegó de niña. Llevan cinco años con su frutería. «Ves a los mismo vecinos cada día. Te da sensación de seguridad. Me gusta Sant Pere i Sant Pau porque siempre he vivido aquí. Lo llevo en las raíces», concluye Germán.

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