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Sant Salvador, el barrio de las dos caras

Mantiene la esencia de pueblo y destaca por sus múltiples actividades culturales, lúdicas y deportivas. En los últimos años la inmigración se ha disparado porque las viviendas son asequibles

Xavier Fernández

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Josefa regenta el estanco desde hace 25 años, aunque el establecimiento lleva abierto cuatro décadas.

Josefa regenta el estanco desde hace 25 años, aunque el establecimiento lleva abierto cuatro décadas.

Jesús y Yolanda Ricote, de pie. Sentadas, nueve clientas habituales: Coloma, Lourdes, María, Tere, Rosario, Piluca, Isabel, Pili y Adela. Foto: Pere Ferré

Jesús y Yolanda Ricote, de pie. Sentadas, nueve clientas habituales: Coloma, Lourdes, María, Tere, Rosario, Piluca, Isabel, Pili y Adela. Foto: Pere Ferré

A la izquierda, la farmacéutica Mercedes Alcoceba. A la derecha, la auxiliar, Alba Morales. Foto: Pere Ferré

A la izquierda, la farmacéutica Mercedes Alcoceba. A la derecha, la auxiliar, Alba Morales. Foto: Pere Ferré

José Javier Gijón, en la peluquería que antes llevaba su padre, José Luis. Foto: Pere Ferré

José Javier Gijón, en la peluquería que antes llevaba su padre, José Luis. Foto: Pere Ferré

Carme Artells atiende a Toni García, presidente de la asociación de vecinos. Foto: Pere Ferré

Carme Artells atiende a Toni García, presidente de la asociación de vecinos. Foto: Pere Ferré

Blanca Luz Muiños, en su bar, El Búho, y uno de los clientes asiduos, Cecilio. Foto: Pere Ferré

Blanca Luz Muiños, en su bar, El Búho, y uno de los clientes asiduos, Cecilio. Foto: Pere Ferré

Montserrat Pedrola dirige la otra farmacia del barrio de Sant Salvador. Foto: Pere Ferré

Montserrat Pedrola dirige la otra farmacia del barrio de Sant Salvador. Foto: Pere Ferré

María Guzmán enseña a Alicia Martínez uno de los objetos que vende. Foto: Pere Ferré

María Guzmán enseña a Alicia Martínez uno de los objetos que vende. Foto: Pere Ferré

Abdelhak El Kark (izquierda) y Aurelio Tubilla, con varios de los chicos y chicas que participan en el FIATEH, el proyecto que encabeza Tubilla para integrar a los chavales a través del deporte.

Abdelhak El Kark (izquierda) y Aurelio Tubilla, con varios de los chicos y chicas que participan en el FIATEH, el proyecto que encabeza Tubilla para integrar a los chavales a través del deporte.

«Sant Salvador es un barrio único, diferente por la zona boscosa que nos rodea. Es muy tranquilo, sin problemas de aparcamiento. Es el barrio ideal para vivir. Los vecinos son personas amantes de la paz, de vivir con serenidad. Y desde hace años es un barrio multicultural o multirracial». El diagnóstico es de Aurelio Tubilla, una de las instituciones del barrio y responsable de un proyecto de integración a través del deporte, el FIATEH (Formació i Integració Aurelio Tubilla Escola d’Handbol).

Aurelio, que entrena a chavales de todas las edades y procedencias, explica que los recién llegados se han concentrado en el barrio por el bajo precio de las viviendas. «No los verás en la Rambla», comenta, antes de bromear: «Antes la gente decía ‘Mira, una señora con pañuelo’. Ahora dice ‘mira, una señora sin pañuelo».

‘El mejor barrio que conozco’

La salida del colegio de Sant Salvador –que desempeña una meritoria labor de integración multicultural– es un crisol de nacionalidades. En su patio, los chicos y chicas obedecen las instrucciones de Aurelio y de su mano derecha, Abdelhak El Kark, que llegó de Marruecos hace 16 años. «Es el mejor barrio que conozco», dice Abdul (así le llama todo el mundo). «Los del barrio son mi familia», sigue Abdul, aunque lamenta alguna que otra mirada de recelo: «Es culpa de los de arriba (los políticos)», justifica.

La vida tranquila y la vivienda asequible fueron también los dos motivos que llevaron a un joven subsahariano –que prefiere no revelar su nombre– a escoger Sant Salvador, pese a un «gran inconveniente»:la distancia que separa el barrio del centro de Tarragona y que obliga a tomar el autobús para cualquier cosa, mientras que desde otros barrios con también un alto porcentaje de recién llegados –Torreforta, Camp Clar, Bonavista...– se puede ir andando al centro.

‘Somos como una familia’

El joven subsahariano se siente plenamente integrado: «Me relaciono con todos. Los españoles me han enseñado a hacer tortilla de patatas y los marroquíes, cuscús. Mientras siga la paz que hay en el barrio, no me iré».

La inmigración es vista por los residentes ‘de siempre’ con recelo, en algunos casos, y con resignación ante la nueva realidad en muchos otros. Abunda sobre todo la añoranza de los tiempos que había más comercio local.

Entre las cafeterías más veteranas, están la ‘Jes Yol’, llamada así por Jesús y Yolanda Ricote, y ‘El Búho’, a cuyo frente está Blanca Luz Muiños. Jesús: «Los clientes y nosotros somos como una gran familia. Ya llevo aquí 33 años. Muchos clientes venían de pequeños y ahora vienen con sus hijos. Les cogía a ellos en brazos y ahora cojo a sus pequeños. Es una clientela muy fiel».

‘Me gustaba más antes’

Cada mañana, un grupo del Col·lectiu de Dones toma café en la ‘Jes Yol’. «Somos las chicas de la oficina», bromea Rosario. Junto a ella están Coloma, Lourdes, María, Tere, Piluca, Isabel, Pili y Adela. «Venimos a pedir trabajo», interviene Tere. «Calla, calla, déjalo estar. A ver si nos lo van a dar», afirma irónicamente Coloma. Las bromas van y vuelan entre las contertulias.

En un tono más serio, Coloma lanza una idea que se repite entre diversos vecinos: «El barrio me gustaba más antes, pero tenemos que aceptar lo que hay. Llegué hace 47 años. Era un barrio familiar. Ahora es de todos los colores». Isabel destaca que «Sant Salvador es un barrio tranquilo donde siempre encuentras con quien tomar un café o charlar».

Blanca, de ‘El Búho’, coincide con Jesús: «Son clientes muy fieles. Hay gente que se ha ido a vivir a otro barrio, pero que vuelve por las fiestas porque echan de menos Sant Salvador. Aunque el barrio ha cambiado mucho y ahora es menos familiar, lo que más me gusta es mi gente. Tengo clientes que son amigos y salgo a cenar con ellos. No quiero irme nunca. Este es mi barrio». Blanca dirige ‘El Búho’ desde hace 18 años, aunque llegó al barrio en 1975.

La Libreria Sant Salvador lleva abierta casi medio siglo. La regentan Carme Artells y Pere Gras. Antes lo hicieron los padres de Pere. Carme: «Hemos tenido que adaptarnos a los nuevos tiempos. ¿Por qué no se abren más comercios? Quizá porque no nos atrevemos. Hemos ido cerrando el círculo nosotros mismos. Tenemos que pensar en positivo».

Uno de los comercios que sí ha abierto en los últimos años es el Centre d’Estètica i Imatge Magur. Su responsable, María Guzmán, decidió «apostar por el barrio porque vi que se estaba deteriorando. Casi no quedaban tiendas. Íbamos a menos. Fue una decisión moral».El negocio se ubica en el local que antaño ocupó la carnicería de su madre, Lourdes.

También pasó de padres a hijos la peluquería masculina José Luis. José Javier Gijón se encargó de ella tras el fallecimiento de su padre. José Javier reconoce que «aunque se quiera, no se puede mantener el barrio como estaba antiguamente».

Sant Salvador cuenta con dos farmacias. Ambas –la de Montserrat Pedrola y la de Mercedes Alcoceba–, llevan 32 años en el barrio. Montserrat: «Estoy muy a gusto. Me he podido trasladar y no lo he hecho. La gente del barrio es honesta y trabajadora». Para Mercedes, Sant Salvador es un barrio muy disperso y se necesitaría mayor promoción del comercio.

‘Máxima comodidad’

Frente a la farmacia de Mercedes, vive uno de los pioneros del barrio, Rafael Santacreu, que ahora vende calçots en una pequeña tienda: «Sant Salvador es un gran barrio, el mejor de Tarragona para mí, pero ha cambiado. Falta más orden y vigilancia».

El estanco de Sant Salvador es otro de los negocios que ha pasado de una generación a otra. Lo lleva Josefa Rodríguez. Ella y su esposo, Josep Maria Sans, vivían en Tarragona centro, pero se trasladaron al piso que hay sobre el estanco. «Pensé que me costaría vivir en Sant Salvador, pero no ha sido así. La comodidad es máxima», comenta Josefa.

El Tarragona Handbol Club, que Tubilla fundó junto a varios padres en 1988, es una de las múltiples entidades del barrio. Si algo define a Sant Salvador es su intensa vitalidad. Su ‘Taula d’Entitats’ reúne a 22 agrupaciones diferentes, que organizan no sólo la habitual fiesta del barrio sino también una rúa de carnaval, baile en la plaza, torneos de fútbol 7, una ruta de tapas, un festival de rock, encuentros moteros... sin olvidar las numerosas actividades culturales o deportivas del Centre Cívic, el club de tenis, el de tiro, la Unió Esportiva Sant Salvador...

«Es para sacarse el sombrero ante las entidades –presume el presidente de la asociación de vecinos, Toni García–. Se puede trabajar con la gente del barrio. Les gusta colaborar».

Carnavaleros a tope

A Sant Salvador le apasiona el Carnaval. Tiene tres comparsas: Disc 45, Aerodance y la del Col·lectiu de Dones de Sant Salvador. Una de las principales impulsoras ‘carnavaleras’ es Montse Parisi, fundadora y exdirectora de la Disc 45.

Parisi recuerda una carcajeante anécdota: la comparsa que formaron las fuerzas vivas masculinas del barrio –el médico, el profesor, los de la comunidad de propietarios...– disfrazados de majorettes, minifalda incluida, bigotazos y barbas en su esplendor, y con un sarmiento a guisa de bastón que se les caía una y otra vez cuando lo lanzaban al aire.

Parisi trabaja en el Centre Cívic como monitora de gimnasia y del programa Gent Gran Activa, dependiente del Ayuntamiento. «El Centre Cívic es superactivo. Es el centro neurálgico del barrio. Hace que el barrio todavía esté vivo y funcione. Hay clases de catalán para los inmigrantes, grupos de sevillanas y bailes de salón, talleres infantiles, ludoteca, las actividades de las mujeres...», enumera Parisi, que elogia «la espectacular labor para el barrio» que desarrolla Amat Callen, monitor del Centre Cívic.

Marquesinas, más luz...

Los vecinos se muestran reivindicativos con el Ayuntamiento. El barrio dispone de pistas de tenis, centro cívico, piscina, Llar de Jubilats, CAP, oficina de correos, colegio e instituto, pero falta , según los vecinos, mejor iluminación, marquesinas en las paradas de bus, más limpieza, más árboles en la plaza y que las aceras sean más anchas para que puedan moverse con más comodidad los discapacitados.

Hace 20 años, se instaló en Sant Salvador el centro especial de trabajo de la Associació Aurora, fundada diez años antes y que integra a 20 personas con discapacidad mental. Sus trabajadores se encargan del mantenimiento de la jardinería de Sant Salvador y de Santa Isabel (la zona residencial situada frente a Sant Salvador, al otro lado de la N-240).

Según su director, Jaume Santos, «la relación entre el centro y el barrio se ha ido fortaleciendo y consolidando. Las entidades vecinales han reconocido nuestra labor y formamos parte de la Taula d’Entitats. Hay una buena interacción con el barrio».

Desde hace tres décadas, el barrio acoge también la Residència de Grans Discapacitats Físics Sant Salvador, de titularidad pública y gestionada actualmente por STS Grup. Entre sus 30 residentes, están Carles Balañá y Miguel Serrano.

«El barrio nos ha acogido my bien. Hace años ya adaptaron las tiendas para poder acceder. Más que cliente, eres amigo de los comerciantes», asegura Serrano. «Sí, son muy cordiales. Nos conocemos todos, nos explicamos anécdotas», –coincide Balañá, que resalta que el barrio «está muy bien comunicado».

Aunque, como amante de la informática, se mueve con maestría en la compra-venta on line, Serrano lamenta la pérdida del tejido comercial del barrio. Es la misma queja que expresan los comerciantes más veteranos. «Es ley de vida», justifica Balañá.

Ambos se han integrado en la vida de Sant Salvador. Balañá formó parte de la asociación de vecinos y Serrano fue monitor en el Casal d’Estiu donde enseñó Bellas Artes y manualidades.

Para Balañá, la parada de bus que hay frente a la residencia es «un lugar de tertulia. Es donde más gente del barrio he conocido». ¿Cómo es esa gente? «Muy amable y acogedora», responde Serrano, antes de sentenciar: «Siempre que pueden, te echan una mano. Nunca me he sentido solo en Sant Salvador».

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