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¿Se acabó la función?

Los principales agentes culturales de la ciudad intentan encontrar repuestas a preguntas como, por ejemplo, por qué cierra la Sala Trono o por qué no se programa en el Camp de Mart

Carla Pomerol

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La semana pasada, el concejal de Cultura comunicó la decisión de eliminar el Festival d´Estiu, que se programaba en el auditorio del Camp de Mart. FOTO: PERE FERRÉ

La semana pasada, el concejal de Cultura comunicó la decisión de eliminar el Festival d´Estiu, que se programaba en el auditorio del Camp de Mart. FOTO: PERE FERRÉ

La Sala Trono cierra. No se programa el Festival d’Estiu en el auditorio del Camp de Mart por sus malas condiciones. El festival Minipop no es considerado cultura. Los promotores no consiguen llenar la Tarraco Arena Plaça ni con Leiva en el escenario. ¿Qué está pasando en Tarragona? Estos y otros indicios muestran que la oferta cultural en esta capital se encuentra en un estado crítico. Los agentes culturales de la ciudad se atreven a hacer un diagnóstico de la situación actual desde sus experiencias y sus valoraciones. En líneas generales, el ambiente es preocupante y existe cierto miedo a que la situación se complique aún más.

La gota que colmó el vaso llegó la semana pasada, cuando el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tarragona, Josep Maria Prats, comunicó la decisión de eliminar el Festival d’Estiu y potenciar la programación teatral. La traducción era clara: se dejaba de programar espectáculos de gran formato en el auditorio del Camp de Mart. Era lo último que se esperaba. Prats aseguró que el equipamiento está en malas condiciones y que es necesario un mantenimiento para poder funcionar, pero a la vez ofrecía el espacio para iniciativas privadas. Primera contradicción, entre muchas otras. Esta información consiguió despertar a la ciudad que, una vez más, vio cómo «el Ayuntamiento no apuesta por la cultura». Esta es la afirmación más común entre los agentes culturales entrevistados por este periódico.

Pero no sería justo responsabilizar al Ayuntamiento de todos los males. Y es que la iniciativa privada, como por ejemplo los promotores que programan en la Tarraco Arena Plaça, también sufren el mal estado de la cultura. No llenan las gradas. «Esta ciudad es un poco extraña. Los tarraconenses somos pasotas, apáticos y tenemos pocas inquietudes porque aquí vivimos muy bien. Hay una parte de la ciudad que sólo consume cultura y va a conciertos por Santa Tecla», asegura

Oriol Grau , actor y miembro de la Sala Trono, quien añade que «yo me dedicaría a los jóvenes, a fomentar su sentido crítico e invitarles a ir al teatro». El actor tarraconense cree que la solución al problema podría ser la creación de un centro de pensamiento contemporáneo, «donde el talento joven pueda expresarse, porque si no todos se van de aquí para ganarse la vida. Yo me quedé en Tarragona porque soy un romántico», comenta riéndose.

Oriol Grau y sus compañeros acaban de vivir un momento difícil. La Sala Trono, situada en el corazón de la Part Alta, ha cerrado puertas. El espacio requiere unas obras de mejora. Ahora la compañía teatral busca nuevo espacio donde dar voz a sus producciones.

Si hay un festival consolidado en Tarragona es el Dixieland, que esta semana se está celebrando por las calles de la ciudad. «Está consolidado, pero cada vez cuenta con menos músicos de aquí», comenta

Xavi de la Salud , músico y exdirector artístico del Dixieland, quien añade que «es cierto que los tarraconenses viven el festival, pero el jazz está presente los 365 días del año, no solamente durante la semana del Dixieland. No hay continuidad. Al público no le interesa».

Por otro lado, Xavi de la Salud hace una radiografía de Tarragona y asegura que «la cultura es siempre deficitaria y no todas la ciudades están dispuestas a gastarse dinero a cambio de ofrecer cultura». Finalmente, el músico afirma que «el Ayuntamiento siempre está a la defensiva. No tiene ganas de escuchar nuevas iniciativas. Por inercia, la respuesta es no. Si nos planteáramos realizar nuestra carrera aquí, estaríamos muertos».

Núria Serrano , miembro de la organización del Minipop, coincide en alguna de las ideas de Xavi de la Salud. «Da rabia que los proyectos culturales se valoren dependiendo del impacto económico. La cultura es inversión, porque se trata de crear personas y masa crítica. No podemos fijarnos solamente en el impacto económico», asegura Serrano.

El diagnóstico de una de las impulsoras del Minipop es que la mala salud de la cultura se debe a la falta de planificación cultural de la ciudad durante los últimos quince años. «Fruto de eso es que los equipamientos acaben cerrados», asegura Serrano, quien añade que «el Ayuntamiento no puede poner la excusa de que hay equipamientos en malas condiciones. La planificación y los presupuestos deben contemplar el mantenimiento de estos espacios». Como apunte curioso, el Minipop no recibe apoyo del área de cultura, solamente del de turismo, por un tema de subvenciones, según apunta el concejal Josep Maria Prats.


Entidades al pie del cañón
Si en alguna cosa están de acuerdo la mayoría de agentes culturales es que las entidades e iniciativas privadas se esfuerzan para programar actividades durante todo el año, destinadas a todos los públicos. Pero a veces faltan recursos, y no sólo económicos.

Ángel Lopera , promotor y socio de la Sala Zero, reivindica, con la boca pequeña, que «si no hay Festival d’Estiu, el Consistorio podría aportar una partida mínima para hacer viables conciertos y así ofrecer una mínima oferta». Para Lopera, el problema es que «Tarragona no ejerce de capital de provincia» y reconoce que «hay poca colaboración y conexión entre la ciudad y zonas como Salou o Reus, público objetivo de los conciertos de gran formato». Lopera y los suyos han traído a la TAP artistas como Leiva o Status Quo. La respuesta de los tarraconenses no ha sido la esperada. Por otro lado, el presidente de la Associació de Músics de Tarragona,

Miguel Cruz , asegura que el principal problema es la visualización y promoción de los actos.

Tarragona tiene un problema grave. La cultura no es vista como una cosa indispensable para vivir. Según los agentes culturales, falta pedagogía desde las administraciones públicas y el problema es que la ciudad no cuenta con una planificación ni con una estrategia definida. El diagnóstico es claro: cada vez se programan menos espectáculos.

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