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Se duplican los ingresos en las UCI de Tarragona en solo dos semanas

No hay colapso ni más muertes pero sí un aumento sostenido de pacientes graves tanto en el Camp como en Terres de l’Ebre, en contraste con el descenso que se registra en Catalunya

RAÚL COSANO

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Sanitarios en la Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa durante la pandemia.  FOTO: ICS EBRE

Sanitarios en la Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa durante la pandemia. FOTO: ICS EBRE

A menos de una semana para que acabe el estado de alarma y con la movilidad entre territorios abierta, la presión hospitalaria crece en Tarragona en una dinámica que preocupa a las autoridades y a los propios sanitarios. El incremento de contagios durante esta cuarta ola ha sido mucho más suave y también el número de defunciones registradas es menor, lo que no está evitando que los hospitalizados por Covid-19 sumen varias semanas de crecimiento, pese a que no sea tan drástico como el de otras oleadas del SARS-CoV-2.

La situación en las UCI se ha complicado en cuestión de unas pocas jornadas. En los últimos 12 días, los pacientes críticos por coronavirus se han duplicado en la provincia. El 20 de abril había 25 en intensivos y este domingo 2 de mayo, según las últimas cifras disponibles de Salut, el dato se elevaba a los 51 ingresados. Esos incrementos son similares, en proporción, en las dos regiones sanitarias. En el Camp de Tarragona, de 19 enfermos graves por el impacto de la Covid-19 se ha pasado a 39, mientras que en las Terres de l’Ebre, con volúmenes más reducidos de población y enfermos, la evolución ha pasado de seis a 12 en apenas dos semanas.

Catalunya rebaja las cifras

Todo ello sucede cuando la tendencia general en Catalunya es de reducción paulatina de los casos en la UCI, un proceso largo y costoso, en tanto que el punto más frágil y delicado de todo el engranaje sanitario: la disponibilidad de cama en UCI es siempre la última frontera. En ese mismo intervalo, Catalunya ha pasado de tener 497 en intensivos a 479 y la tendencia es de bajada lenta.

Barcelona ciudad, Lleida y las regiones metropolitanas Nord y Sud descienden claramente en sus registros en los últimos días, mientras que en Girona hay estabilidad y en la Catalunya Central, como en Tarragona, un crecimiento de los críticos.

La situación dista mucho de ser alarmante y está lejos de la saturación que se vivió tras las Navidades, cuando azotó la tercera ola. Sin embargo, el peso de los pacientes de coronavirus en intensivos es cada vez mayor. El 61% de las personas ingresadas en las UCI del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre son por Covid-19. Hace una semana eran la mitad. Solo el descenso de las otras patologías está permitiendo mantener a los intensivos en una ocupación más o menos estabilizada. «Estamos viendo un incremento en franjas de edades más jóvenes, que son precisamente los no vacunados, personas de entre 55 y 60, pero también de 40 e incluso de 30», explicaba hace unos días Tani Francesch, médico especialista en geriatría y curas paliativas en el Hospital Joan XXIII.

Francesch cree que «estamos viendo algo de remontada, no al nivel de otras olas, porque tenemos a gente vacunada, pero sí con afectación».

La vacunación, más extendida en franjas de edad elevada, ya arroja beneficios claros. De ahí que la edad media de ingresados graves haya descendido al segmento de entre 45 y 55, pero incluso cae más abajo. «Tenemos a algún paciente ingresado de 30 y pico, incluso en la UCI. Ahora mismo hay que concienciar para que todo el mundo se vacune, incluidos los jóvenes, que son aquellos que pueden transmitir la enfermedad. Esa transmisión es arriesgada porque hace que el virus siga latente y tenga más posibilidades de hacer mutación», añadía la doctora del Joan XXIII.

El diagnóstico actual está aún alejado del colapso que se vivió, por ejemplo, entre mediados de enero y principios de febrero. En esa época, en plena tercera ola, llegó a haber 94 personas con Covid-19 ingresadas graves. Desde entonces, se había ido reduciendo, con mucho esfuerzo y a un ritmo lento, pero sin llegar a la situación ideal de desalojo que permitiera afrontar imprevistos con garantías.

Ahora, sin tregua, la cifra vuelve a subir, a pesar de que, por el momento, está lejos de registros alarmantes. Sin embargo, es una estadística mucho más alta que la que hubo el año pasado durante el verano y el otoño, antes de la segunda ola, entre octubre y noviembre.

Más enfermos en planta

La inquietud, pese a todo, no está solo en las UCI, sino en unas hospitalizaciones en planta que también crecen. Ayer se notificaron tres ingresados más en los hospitales de la provincia, hasta un total de 127, según el registro oficial del pasado domingo, el último disponible. Hubo dos en el Camp de Tarragona y uno más en el Ebre.

El incremento en las últimas semanas ha sido progresivo pero bien palpable. El día 2 de abril, justo hace un mes, había 59 personas hospitalizadas, menos de la mitad del balance actual. Por lo tanto, en un mes el dato se ha duplicado. A mediados de abril, la cifra rondaba los 100 ingresos. Queda lejos, por el momento, el tope de 368 que se alcanzó en la aciaga tercera ola, y es previsible que las vacunas eviten llegar a una situación así.

Por lo tanto, mientras la inmunización avanza y las restricciones se levantan con cautela, el virus sigue impactando y provocando cuadros complicados, incluso en gente joven, si bien la letalidad parece reducirse. «La gravedad sigue siendo importante, pero hemos aprendido mucho en este tiempo y, además, vemos que la mortalidad parece más baja, quizás debido a que los afectados, aunque estén graves, acaban recuperándose mejor y saliendo adelante. Hay más posibilidades de sobrevivir porque son más jóvenes o no tienen un estado tan delicado de salud», decía la semana pasada Carme Boqué, jefa del servicio de urgencias de Joan XXIII y vicepresidenta del Col·legi Oficial de Metges de Tarragona (COMT).

Por el momento, no hay constancia de que la variante británica del SARS-CoV-2, que protagoniza el 90% de los contagios en la provincia, sea más grave, pero sí más contagiosa, lo que se percibe a nivel de atención primaria o de urgencias, cuando se abordan los diagnósticos. «La transmisibilidad es mucho mayor porque vemos a muchas más familias contagiadas en grupo. No significa que estén ingresadas, pero sí que la capacidad de contagio es más alta y un caso acaba afectando a más», añade Boqué desde el Joan XXIII.

Las autoridades sanitarias esperan que el incremento de pacientes que necesitan ingreso no vaya a más y comience a descender en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, en la línea de lo que ocurre en otros puntos de Catalunya y en base a unos índices epidemiológicos, como el riesgo de rebrote o la velocidad de contagio, que mejoran sensiblemente.

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