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"Se pierden oportunidades de negocio por el mal estado de los locales"

¿Tarragona es una ciudad sencilla y atractiva para abrir un nuevo establecimiento comercial?

Núria Riu

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Imagen de uno de los locales vacíos que ofrece la calle Unió de Tarragona, un eje comercial que en estos momentos está en horas bajas. Foto: Lluís Milián

Imagen de uno de los locales vacíos que ofrece la calle Unió de Tarragona, un eje comercial que en estos momentos está en horas bajas. Foto: Lluís Milián

No es lo mismo abrir un negocio en Tarragona que en Reus y, pese a que la mayoría de nuevas actividades se amparan en la Llei Omnibús de simplificación administrativa, la resolución de trámites con agilidad sigue siendo una de las asignaturas pendientes a nivel local. Los esfuerzos que se han hecho son significativos y, entre los trámites más solicitados a nivel ‘on-line’, precisamente está la Finestreta Única Empresarial.

Pese a los pasos que se han dado, ¿Tarragona es una ciudad atractiva a nivel de negocios?, ¿las grandes firmas la tienen en consideración en el momento de expandirse? El presidente de Pimec Comerç en Tarragona, Florenci Nieto, es muy crítico con la situación que se está dando, sobre todo en las calles más céntricas. «Grandes marcas comerciales, de primera magnitud, han aterrizado en Tarragona, están haciendo estudios de mercado, miran las afluencias y, cuando ven las carencias, se marchan», argumenta.

Y cuando el responsable de comercio de la pequeña y mediana empresa habla de aspectos a mejorar se refiere a «los locales comerciales vacíos, con precios desorbitados, en los que, cuando no hay ratas, falta la salida de humos o sino tienen que renovarse de arriba a abajo. Los propietarios tan solo se preocupan de alquilar, mientras que la persona que quiere iniciar un negocio debería poder hacerlo en condiciones sin necesidad de acondicionar el local».

En cualquier página web de fincas puede comprobarse que el precio medio de los establecimientos de unos 120m2, en una calle céntrica como puede ser Comte de Rius, supera los 2.000 euros al mes. Y las obras son inevitables.

«Se están perdiendo oportunidades de negocio por culpa de la dejadez y de que no tenemos espacios comerciales de cinco estrellas. ¿Por qué no podemos hacer un Passeig de Gràcia en Tarragona?», sigue poniendo en cuestión.

Uno de los problemas es que la mayoría de estos inmuebles son polivalentes y lo que un día fue una tienda de ropa acaba convirtiéndose en un bar o un establecimiento de telefonía móvil. Y esta falta de especialización es la que conduce a esta baja calidad. «No puede ser que todos los locales sirvan para todo y, mientras es cierto que Tarragona está de moda, también lo es que no pueden venir primeras espadas porque con los locales vacíos que tenemos haríamos el ridículo», sigue poniendo de manifiesto Florenci Nieto.

Las últimas grandes inversiones en materia comercial que se han anunciado están en las afueras de la ciudad. Grandes superficies comerciales como ParcCentral y el extraradio –principalmente Les Gavarres y en un futuro próximo también Ikea– se están consolidando como polos de atracción. Paralelamente, en el centro se han visto pocos anuncios desde que se inauguró El Corte Inglés en 2010.

La tienda de Apple en la Rambla Nova es la última gran firma que ha conseguido atraer el centro. Más allá, franquicias como Springfield y Oysho han mejorado su apuesta, con locales más amplios.

El concejal de Territori del Ayuntamiento de Tarragona, Josep Maria Milà, reconoce que «la conservación y mantenimiento de patrimonio arquitectónico generalmente es deficiente.Tener un edificio o un local en propiedad no es una cosa para toda la vida, sino que debe actualizarse y mejorarse».

El séptimo teniente de alcaldía considera que el problema no es de burocracia administrativa. «Se ha mejorado muchísimo, con la Llei Omnibus, con el régimen de comunicación la actividad puede ponerse en marcha. Después, el trabajo de la administración será comprobar si está todo correcto o no», añade Milà.

Los problemas surgen cuando tiene que intervenir más de un departamento, como cuando hay que hacer obras y éstas afectarán al subsuelo, que contiene información arqueológica. En este caso hay que informar a Patrimoni, que deberá emitir un informe favorable, por lo que el tiempo de espera y el periplo de despachos a recorrer es bastante superior. El edil socialista apunta que, tras el incremento de personal y los esfuerzos realizados, la media es de unos cuatro meses.

Sin embargo, esta complejidad la está viviendo en sus propias carnes un emprendedor de la Part Alta.Tiene un restaurante, comprobó que éste le funcionaba bien y decidió ampliar la superficie. Pese a tener el espacio y a estar dispuesto a afrontar la inversión, lleva más de medio año esperando obtener la licencia. «Yo porque ya estoy aquí y no me voy a ir, pero si esto le pasa a uno de nuevo, está claro que se lo piensa dos veces», argumenta.

Y después la luz

Muy a menudo, el periplo de las personas que quieren abrir un local de cara al público no se acaba en el momento de obtener los permisos. Y, ahora mismo, uno de los trámites que comporta más espera es la conexión eléctrica. «Nos encontramos de todo, pero podemos estar hablando de unos tres meses, lo que ralentiza el inicio», decía un responsable de una gran superficies comercial. Según el informe Doing Business en España de 2015, Catalunya es la comunidad autónoma donde esta operación es más sencilla y, pese a ello, hay que realizar hasta seis trámites.

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