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'Selfies' vestidos de romanos

Alumnos de todas partes visitan el Ara Pacis de Tarraco Viva para conocer a fondo, y de una manera divertida y amena, la figura del emperador Augusto
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Ayer por la mañana, el Recinte Firal del Palau de Congressos acogió a un grupo de estudiantes franceses. Foto: Lluís Milián

Ayer por la mañana, el Recinte Firal del Palau de Congressos acogió a un grupo de estudiantes franceses. Foto: Lluís Milián

Las mañanas en el Recinte Firal del Palau de Congressos son de lo más entretenidas. Y es que desde el lunes, grupos de adolescentes de diferentes centros educativos del país –incluso de más allá–, visitan Tarragona y acuden a la cita August, al teu gust. Vine a conèixer l’emperador de Roma. Assumpta Mercader y Carles Alcoy son los encargados de impartir las sesiones. La intención es dar a conocer de dónde proviene Augusto y qué significó para la civilización actual desde un punto de vista divertido y ameno. «Los romanos no eran muy diferentes a nosotros». Así empieza la clase magistral.

Para entender la figura del emperador Augusto, es casi necesario saber quién era Julio César, el líder político y militar romano por excelencia. En el año 50 a.C., Julio César viajó a Egipto y se encontró con Cleopatra, con la que tuvo un romance fugaz. El fin de Julio César llegó con 23 cuchilladas, una mortal. Con su muerte, Roma quedo vacía de poder. Marco Antonio, que era fuerte, alto, buen militar y mano derecha de Julio César, pensaba que él seria el heredero. Pero no fue así. Para sorpresa de todos, el heredero fue otro de sus hijos adoptivos, Octavio –el que más tarde se llamará Augusto–. Marco Antonio se casó con Cleopatra y luchó contra Augusto y Agripa –mano derecha de Augusto– en la Batalla de Actium. Augusto ganó.

El emperador Augusto mandó hasta que murió. Y fue conocido por llevar la paz a Roma. Tanto fue así, que el Senado quiso dedicar al emperador un altar en honor a la paz, llamado Ara Pacis. En él se sacrificaban animales. «Era el spot publicitario más bien hecho de todos los tiempos», afirmaba Assumpta Mercader durante la visita guiada y comentada a los alumnos. La parte delantera del monumento –situado en la entrada del Imperio, en el Campo de Marte– mostraba las dos principales leyendas fundacionales de Roma, protagonizadas por Eneas y por Rómulo y Remo. Esto demostraba que Augusto era descendencia directa de los dioses. La parte de abajo estaba decorada con motivos vegetales en perfecto orden. Separaba los dos mundos una esvástica, que era el símbolo del sol. En el lateral del Ara Pacis se podía ver la procesión que se celebró el día de la consagración del monumento. Los lictors –funcionarios–, el emperador Augusto, la representación sacerdotal, la familia real y los posibles sucesores de Augusto eran los protagonistas de la procesión. Alguna parte de la estructura arquitectónica se perdió, ya que el Ara Pacis estuvo enterrado durante 1.800 años. Mussolini lo desenterró.

 

Encarnaron a los personajes

Existen diferentes maneras de explicar las cosas. Los dos guías se encargaron de hacer muy amena la historia. Los alumnos participaron en la explicación y, en alguna ocasión, encarnaron, entre risas y vergüenza, los personajes de la historia.

Los alumnos pudieron tocar con sus propias manos las reproducciones del granero, lugar desde donde se controlaba la economía del Imperio, y conocieron de cerca el triclinium, comedor situado en la casa de Lívia –mujer de Augusto– y pintado y decorado como si estuvieran al aire libre. Los alumnos mostraron especial curiosidad por los dibujos de la coraza del emperador Augusto. La parte de arriba simboliza el cielo y la de abajo, la tierra. A los lados se puede observar Hispania y Galia, y el dios Apolo –el de la cultura y del bienestar– y Diana –diosa de la guerra–. En el medio se observa un general romano recibiendo un águila, símbolo del honor.

Para que los alumnos quedaran totalmente abducidos por el espíritu romano, los organizadores les propusieron vestirse de romanos y reproducir la procesión del Ara Pacis. Unos se ayudaban a los otros. E incluso los profesores se vistieron. Entonces llegó el momento que todos estaban esperando: el de las selfies vestidos de romanos.

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