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«Si el comercio tradicional cierra, Tarragona se desertizará con calles sin gente»

Los centros comerciales de la periferia se unen a las ventas online para vaciar las urbes

Álex Saldaña

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El cierre de negocios en el centro reduce la presencia de gente. FOTO: pere ferré

El cierre de negocios en el centro reduce la presencia de gente. FOTO: pere ferré

Los urbanistas están preocupados. «El centro de nuestras ciudades puede ser un desierto en pocos años», advierten. Sus malos augurios se fundamentan en la crisis sin precedentes que padece el comercio tradicional, amenazado por las grandes superficies que se instalan en la periferia y por el efecto del comercio on line. El resultado es evidente: las pequeñas tiendas de toda la vida han echado el cierre o han sido barridas por franquicias y ya resulta casi imposible encontrar un establecimiento «de los de antes». Y sin comercio no hay vida, sostienen.

«Es un hecho irrefutable –sostiene el arquitecto de Tarragona Enric Casanovas–. Primero pasó con los negocios tradicionales de comida; llegaron los grandes supermercados y desaparecieron de nuestras calles las carnicerías, las pescaderías, las chacinerías… Y ahora pasa lo mismo con los negocios del sector de la ropa, el calzado, los muebles, la informática… Todo lo de uso cotidiano se compra por Amazon».

Las cifras y los datos avalan esta preocupación:el frenazo de la actividad en casi todos sus formatos pasó una factura severa a las tiendas en el último año.  No solo redujeron sus ventas casi medio punto (-0,3%), sino que además echaron el cierre 6.998 pequeños negocios, según la Confederación Española de Comercio (CEC).

Es el balance, explican los responsables de esta entidad, de aperturas y cierres de empresas, que resultó especialmente negativo para las pymes y los autónomos, pues el grueso de esa destrucción societaria se produjo en los negocios sin asalariados, los más pequeños. 

Datos preocupantes

Lo delicado de la situación se refleja en que el crecimiento anual de los ingresos del comercio minorista (0,7%) fue el más bajo desde 2013, incluso inferior al de su empleo (1%) pese a descender la ocupación dos décimas. Esos resultados, admitió el presidente de la CEC, Manuel García-Izquierdo, fueron «un duro varapalo» porque, en su opinión, «lejos de ser algo aislado, se han convertido ya en una tendencia muy preocupante». 

El comercio tradicional está herido de gravedad, y eso afecta a la vitalidad del centro de las ciudades. Tarragona no es, en absoluto, ajena a este fenómeno. El arquitecto Enric Casanovas alerta de que «las compras por internet y sacar los centros comerciales de la trama urbana destrozan las ciudades y las dejan desprovistas de servicios, las desertiza. Tarragona, por ejemplo –añade–, corre el riesgo de convertirse en una ciudad dormitorio por esta causa». 

«Esto ya está sucediendo –interviene el presidente de la asociación de comerciantes Via T de Tarragona, Salvador Minguella–. Ya ha sucedido en países como Francia y Estados Unidos, que ahora han decidido revertir sus políticas tras ver cómo sus ciudades se quedaban desiertas porque la gente iba a los centros comerciales de las afueras». 

Minguella asegura que «cuando se cierra una tienda que tiene una historia de 40 años y se sustituye, en el mejor de los casos, por una franquicia, la ciudad pierde, pues estas superficies tienden a la homogeneidad de sus centros y al final todas las ciudades serán iguales. Y sólo habrá franquicias en muy pocas calles;el resto de la ciudad estará muerto».

«¿Qué sentido tiene –se pregunta Casanovas– concentrar a la gente en el centro de la ciudad, hacer que viva ahí, si luego ha de desplazarse y coger el coche para ir a comprar? Esto no hace una ciudad sostenible ni equilibrada», se responde él mismo. «Además –incide Casanovas–, hay que tener en cuenta que, a diferencia de lo que sucede con el pequeño comercio, el dinero de los centros comerciales y las franquicias se va fuera de la ciudad, incluso fuera del país». El arquitecto propone utilizar los bajos de los edificio hoy vacíos por el cierre de comercios en centros logísticos de distribución de productos de Amazon.  

La solución pasa por llevar a cabo políticas que protejan el comercio tradicional para que los centros de las ciudades se revitalicen. «Es el que hace ciudad y el que le da vida», dice Casanovas. Y añade que «es necesario abrir espacios comerciales de tamaño medio en el centro para garantizar la trama comercial de la ciudad. Si no hay comercio, no habrá calles con gente».

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