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«Si los profesores pueden usar el móvil, nosotros también»

Alumnos y padres disienten. Para los chavales los móviles son una extensión de su cuerpo. Algunos progenitores creen que «es difícil que los empleen bien si no pones un control»

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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Tres alumnas de Segundo de Bachillerato utilizan sus móviles a las puertas del Institut Martí i Franquès, de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

Tres alumnas de Segundo de Bachillerato utilizan sus móviles a las puertas del Institut Martí i Franquès, de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

11 h. Institut Martí i Franqués. Hora del patio. Elena, Ona y Júlia están sentadas a la sombra. Tienen en la mano sus móviles. Cursan 4º de ESO. A la pregunta de qué les parecería que se prohibiera el uso del móvil en el recinto escolar, Elena responde al instante: «Estaría fatal. En el patio no hay necesidad de usarlo, pero puede ser que te llame alguien. Igual que los profesores tienen derecho a usarlo, nosotras también. El móvil es un objeto personal. No te pueden quitar los zapatos, ¿verdad?, pues tampoco te pueden quitar el móvil».

La defensa acérrima del móvil que esgrime Elena es una idea extendida entre los adolescentes. Para ellos y ellas, el móvil es como una extensión de su cuerpo. A esa hora, la mayoría de chavales y chavalas llevan el bocata en una mano y el móvil en la otra. Grupillos de dos o tres estudiantes se arraciman en torno al compañero que les enseña algo en su móvil. Ona lo explica: «Si sales al patio y no ves a tu amiga la llamas y nos enseñamos las redes». Ona también rechaza la prohibición del móvil: «Si lo entregas y se pierde no se harán responsables», advierte.

La tercera amiga, Júlia, niega que el móvil las aísle o provoque retrasos en clase. «Nosotras charlamos en el patio y sabemos que, aunque usemos el móvil entre clase y clase, cuando entra el profe hay que guardarlo».

En el exterior del instituto, Martina y Silvia, de Segundo de Bachillerato, charlan teléfono en mano. «No hacemos un uso excesivo y tampoco nos aísla», asegura Martina. Silvia admite que, si tuviera que dejar el móvil en la taquilla, se sentiría desconectada. «No me enteraría si me llamara mi madre», ejemplifica.

Los padres, en contra

La opinión de los padres es muy diferente. Los hay a favor del uso libre del móvil en los colegios, pero una mayoría están en contra. Teresa tiene dos hijos de 13 y 17 años. «Si no tienen móvil los niños interactúan más en el patio y realizan otras actividades aparte de mirarlo. No es una mala herramienta, pero es difícil que los adolescentes la empleen bien si no estableces un control». Teresa hace autocrítica –«Los padres también estamos enganchados al móvil. Lo miramos constantemente»– y duda sobre si prohibirlo sería contraproducente: «No sé si la prohibición sería útil para evitar la dependencia. A veces si prohibes una cosa es como si la incentivases».

Gloria es más contundente: «Estaría superbien que prohibiesen el móvil. No lo necesitan ni en clase ni en el patio. Que hablen, que se miren, que jueguen en la calle a la luz del sol, que vayan a la biblioteca... Se están perdiendo las relaciones humanas. En las aulas pueden usar tablets sin conexión a Internet». Gloria tiene un hijo de 12 años.

«No todos los adolescentes poseen el grado de madurez y autocontrol para entender que hay espacios en que no debe usarse el móvil, igual que a los padres nos piden que lo apaguemos en el cine o el teatro. Las horas lectivas son horas lectivas, no para usar el móvil. Si hay un control, limitas la posibilidad de distracciones y de un mal uso», sentencia Rafael, padre de dos chavales de 13 y 15 años.

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