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"Siempre intento mejorar las cosas, que sean más prácticas"

El ampostino Plácido Prats ha patentado unos pinceles que facilitan la pintura de rejas y barrotes de ventanas

Xavier Fernández

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El ampostino Plácido Prats muestra el invento cuya patente ha renova-do: unos pinceles que facilitan la pintura de rejas. Foto: Joan Revillas

El ampostino Plácido Prats muestra el invento cuya patente ha renova-do: unos pinceles que facilitan la pintura de rejas. Foto: Joan Revillas

Viene de: La crisis provoca que se desplomen los inventos 'made in Tarragona'

Ante un problema sencillo pero difícil de resolver, imaginación y buscar la solución más práctica. Ese es el lema de cualquier inventor. Y el que ha llevado al ampostino Plácido Prats a renovar la patente año tras año de unos pinceles muy especiales.

Plácido está jubilado pero ha sido pintor-decorador y lampista de profesión. Ha trabajado para numerosas aseguradoras en las Terres de l’Ebre. Cuando tenía que pintar un radiador, una reja o los barrotes de una ventana se encontraba que era complicado que todo quedase perfecto o que era necesario instalar un andamio para poder pintar la parte externa si los barrotes en cuestión quedaban a cierta altura del suelo.

¿Qué hacer entonces? Plácido diseñó unos pinceles cuyas cerdas son similares a una mopa y que se pueden montar sobre una pletina para pintar el exterior de las rejas. «Son como el rabito de un conejo. Ahora –presume– pintar es más rápido, limpio y fácil», explica.

«Hay inventores universitarios que tienen carrera. Y los hay que son más prácticos, como el que inventó la fregona para que no hubiese que fregar de rodillas. Yo soy de estos. Siempre intento mejorar las cosas que veo, que sean más prácticas», dice.

Sin tocar los azulejos

Los pinceles-mopa no son la única invención de Plácido. «Imagina que se ha estropeado el desagüe de una ducha. Si quieres repararlo, tienes que levantar el plato de la ducha. Igual hay que romper los azulejos de alrededor y, según como sean, hay que cambiar todos los azulejos del baño para que hagan juego. Todo eso es caro y engorroso», narra.

«Yo tengo la solución. Puedo cambiar el desagüe sin tocar el plato de ducha. Las aseguradores se podrían ahorrar millones», dice. ¿Cuál es esa solución ‘mágica’? Plácido prefiere no desvelarla, a la espera de que alguna empresa le compre la idea, una misión casi imposible.

«He enviado correos a aseguradoras y a entidades bancarias. He hablado con los responsables de esta zona y me dicen que la idea es buena, que interesa, que ellos contactarán con sus jefes, pero nada. Sigo a la espera. Me dan largas», lamenta Plácido. La difícil conexión entre una idea y la empresa que la convierta en realidad es una queja constante de los inventores.

Plácido también se muestra misterioso en otra idea que podría revolucionar la economía. Dice haber descubierto una «herramienta» para producir energía limpia, energía que no es ni hidráulica ni solar ni eólica.

«Tengo que estudiar bien los resultados y diseñar el prototipo para comprobar si funciona. Pero sería un boom hacerla realidad», dice ilusionado, antes de sentenciar con cierto temor en la voz: «Estoy preocupado. Imagínate que harán las empresas productoras de petróleo si mi invento tiene éxito».

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