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Solidaridad para curar las heridas de la riada en el Parc Francolí

Crónica. Mañana de azada y carretilla. Voluntarios se unen a los trabajadores del Parc Francolí para demostrar que todas las capacidades suman

NORIÁN MUÑOZ

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Una veintena de personas de distntos colectivos trabajaron como voluntarias.  FOTO: PERE FERRÉ

Una veintena de personas de distntos colectivos trabajaron como voluntarias. FOTO: PERE FERRÉ

Queremos demostrar que las personas con capacidades diferentes no solo reciben ayuda, sino que también pueden ser parte de la solución de los problemas», comenta Elena Rodríguez, de la Fundación Onada, entidad que se ocupa de la inserción laboral de personas con discapacidad y/o trastorno mental.

Lo explica cuando, finalmente, la lluvia da una tregua en el Parc Francolí y una veintena de personas comienzan a repartirse guantes, palas, carretillas, azadas, rastrillos y escobas. Hoy toca terminar de borrar las heridas que la riada dejó en el parque sin dejar de recordar a los que más sufrieron, los que se llevaron la peor parte río arriba.

Pero lo realmente llamativo de esta particular cuadrilla es su composición. Aquí se encuentran los trabajadores habituales del parque, que gestiona la Fundació Onada, junto a usuarios del centro ocupacional de la misma entidad que vienen como voluntarios y a quienes les hace especial ilusión porque están muy concienciados con el tema medioambiental y el cambio climático.

También han acudido como voluntarias dos técnicas del Ayuntamiento de Tarragona y algunos jóvenes que pasaron por el taller de jardinería del programa Singulars. Ellos también están motivados porque es una oportunidad para aplicar lo que han aprendido, pero también porque sienten que pueden ser útiles.

Tres trabajadoras de Bic Graphic completan el conjunto. Es la semana del voluntariado en su empresa y ellas han decidido sumarse a esta tarea, aunque reconocen que nunca habían hecho labores parecidas. Una comenta entre risas que «solamente tengo un cactus y creo que se me va a morir».

El parque en primera persona

La heterogénea cuadrilla se pone a las órdenes de Juan Mata, responsable de jardinería del parque, que tiene que insistirles en que vayan con calma. Y es que, lo que les falta de experiencia, lo suplen con entusiasmo. Eso sí, está claro que las agujetas al día siguiente no van a perdonar a nadie. Una de las voluntarias reconoce que «cuando tienes un trabajo de mucha carga mental agradeces estos momentos en que puedes moverte: por eso pago por ir al gimnasio, pero creo que hoy no lo voy a necesitar».

El parque tiene una extensión de 12,5 hectáreas y las riadas del 22 de octubre «nos causaron muchos destrozos, nos hemos pasado unos cuantos días muy fastidiados», reconoce Mata, quien siempre que habla del parque lo hace en primera persona, como cosa suya.

La fundación se encarga del mantenimiento del parque desde hace seis años sin contraprestación económica, a cambio de una concesión a largo plazo por parte del Ayuntamiento de Tarragona por la explotación del aparcamiento y el chiringuito.

Los trabajadores habituales del parque, personas con discapacidad o trastorno mental, han pasado unos días muy intensos de trabajo para revertir los destrozos. «Los primeros días fue desesperante. En el parking (el de la zona del Castillo) el agua llegó hasta el capó de los coches y no pudimos hacer más que esperar a que bajara... Hemos sacado mucho barro», recuerda Mata.

Los trabajos de ayer se centraron en limpiar desagües, adecentar caminos y en reparar con arena las grietas y agujeros que dejó el agua en el terreno.

Al terminar hacía rato que nadie se acordaba del frío ni de la lluvia. «Vale la pena apostar por estas actividades que conectan distintos colectivos, para poner de relieve que cuando el objetivo es común, todas las capacidades suman», reflexionaba una de las voluntarias.

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