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Sólo el 8% de los niños que llegan a Joan XXIII son derivados a otros hospitales

Así lo asegura el hospital, cumplidos los nueve meses de la apertura de la UCI Pediàtrica. La unidad trata todas las patologías, exceptuando cardiopatía, neurocirugía y trasplantes

Carla Pomerol

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Así es el interior de uno de los seis boxes de la nueva UCI Pediàtrica del Hospital Joan XXIII. Cuenta con bombas de infusión. FOTO: Alba Mariné

Así es el interior de uno de los seis boxes de la nueva UCI Pediàtrica del Hospital Joan XXIII. Cuenta con bombas de infusión. FOTO: Alba Mariné

Ya han pasado nueve meses desde que las puertas de la UCI Pediàtrica del Hospital Joan XXIII se abrieron por primera vez. Desde entonces, el número de derivaciones de pacientes ha disminuido notablemente.

El año pasado, se trasladaron a otros centros hospitalarios –mayoritariamente del área metropolitana de Barcelona– un 70% de los niños que llegaban al Joan XXIII con algún tipo de dolencia crítica.

En total, eran unos 400. Desde enero, la cosa ha cambiado radicalmente y solamente un 8% es derivado a otros hospitales. La valoración de los primeros meses de la puesta en marcha de la UCI Pediàtrica es buena, aunque los trabajadores reivindican más personal especializado para poder explotar mejor la nueva infraestructura.

La unidad asume todas las patologías críticas que sufren los más pequeños, exceptuando pacientes con cardiopatías, neurocirugías y trasplantes. «Preferimos ser prudentes en este sentido. Si vemos que un paciente se puede beneficiar de algún servicio que ofrece otro hospital de manera más especializada, lo derivamos sin problema», asegura Ester Castellarnau, Cap de Servei de Pediatria del Hospital Joan XXIII, quien añade que «poco a poco iremos asumiendo más retos».

El equipo de médicos que trabaja en la nueva UCI Pediàtrica reconoce que hay algunas especialidades que no pueden atenderse en el Joan XXIII, ya que «se trata de dolencias que tienen poca incidencia y supondría una inversión muy elevada», asegura Mar Albújar, Cap de Secció de de la UCI Mixta, quien añade que «también es positivo que un hospital concentre los pacientes que sufren la misma dolencia».

La mayoría de pacientes que han sido atendidos en estos nueve meses en la UCI Pediàtrica de Joan XXIII sufrían patologías respiratorias, las más comunes entre la población.

Es de justicia destacar la modernidad y la decoración de las instalaciones. La nueva unidad está ubicada en la cuarta planta del edificio C y cuenta con 520 metros cuadrados. El hospital ha sacrificado algunos despachos para sustituirlos por boxes.

La unidad comparte algunas de las salas con la UCI Neonatal, situada a pocos metros. De hecho, el personal sanitario es compartido entre los dos servicios. La UCI Pediàtrica cuenta con seis habitaciones, aunque solamente están operativas cuatro.

«Han estado todas llenas durante estos meses», explica Castellarnau, quien añade que la previsión es que en 2019 se abran las seis. Cada box tiene un nombre distinto: la habitación de las ballenas, de las tortugas marinas, de los cangrejos o de los pulpos, entre otros.

Los boxes cuentan con unas torres de monitorización y unas bombas de infusión. A nivel tecnológico, la nueva UCI es muy similar a la de la Vall d’Hebron y a la de Sant Joan de Déu. Además, cuenta con una central de datos donde se controla, a través de cámaras, las seis habitaciones.

«Las administraciones han dotado de maquinaria el equipamiento, pero transformar la unidad en un espacio más agradable y más cómodo para pacientes y familiares ha sido cosa de colaboradores, como por ejemplo la fundación El Somni dels Nens o la de PortAventura», explica Castellarnau. 

Años de reivindicación

El Hospital Joan XXIII recupera la unidad después de 16 años. Y es que desde 1992 y hasta el 2002, el centro contaba con una UCI Pediàtrica compartida con la Neonatal. Quedó pequeña y, además, existía un problema de medicina preventiva.

«La mayoría de pacientes venían de la calle con infecciones respiratorias, lo que suponía un riesgo de contagio, sobre todo para los bebés prematuros», relata la Cap de Servei, quien añade que «a raíz de esto, se decidió cerrar el servicio». Desde entonces y hasta ahora han sido muchos los médicos que han estado al frente de la unidad de Pediatria del Joan XXIII. Todos ellos han reivindicado la necesidad de la UCI en la demarcación. Hace un año llegó la oportunidad.

Un antes y un después

«Era indispensable. Primero para los pacientes, pero también para los trabajadores. Es una oportunidad fantástica para poder poner en marcha nuevos protocolos», asegura Castellarnau. En esta misma línea, Elena Mateo, supervisora de enfermería de la unidad de pediatría, coincide en que «es un logro conseguido después de muchos años de constancia por parte de la plantilla». Mateo añade que  «desde el área de enfermería teníamos muchas ganas de poner en la práctica todo aquello que sabemos». 

Por su parte, Mar Albújar, Cap de Secció de la UCI Mixta, destaca que el nuevo servicio ha beneficiado, sobre todo, a los familiares de los pacientes, «que no se ven obligados a irse fuera de su casa, con todos los gastos que esto supone». Castellarnau asegura que «era muy frustrante ver cómo estabilizábamos a los pacientes con complicaciones y, después, tenían que ser trasladados a otros hospitales de Barcelona. Ahora, por fin, podemos atenderles correctamente». 

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