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Solo un trabajador vigila los 800 metros de muralla en Tarragona

Un recorrido por algunos monumentos deja la imagen de un personal bajo mínimos. Desde el Ayuntamiento defienden que la plantilla actual es suficiente para prestar un servicio «digno»

Norian Muñoz

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En la entrada a Les Muralles el visitante se encuentra, de entrada, con una caseta vacía.  FOTO: pere ferré

En la entrada a Les Muralles el visitante se encuentra, de entrada, con una caseta vacía. FOTO: pere ferré

La primera imagen que se encuentra cualquier visitante que accede al monumento de las Muralles es una caseta vacía acumulando polvo. Los carteles indican que hay que seguir más adelante para comprar la entradas. 

A unos metros, en un pequeño módulo prefabricado, sí que hay una trabajadora dispuesta a dar toda la información pertinente. Del mismo cubículo sale otra. Luego sabríamos que son las dos únicas personas que trabajan atendiendo al público en este monumento. Un trabajador se ocupa de la taquilla y el otro de ‘cubrir’ los casi 800 metros que comprende el paseo de la muralla. Si alguno debe ir al baño, por ejemplo, sólo queda el de la taquilla.

Hacemos el recorrido en un día laborable en el que el tiempo, lluvioso, no acompaña mucho. Con todo, nos encontramos a una veintena de niños de quinto de primaria con sus profesores y monitores. Están a las puertas del Centre d’interpretació de les fortificacions de Tarragona, un pequeño espacio museístico dentro del propio paseo que encuentran cerrado con llave. 

Los espacios patrimoniales que dependen del Museu d’Historia de Tarragona, que gestiona el Ayuntamiento, son las casas Canals y Castellarnau, el Circ romà, el Fòrum de la Colònia, el Fòrum Provincial, el Pretori, la Pedrera romana del Mèdol, el Amfiteatre, el Aqüeducte de les Ferreres, las Muralles y la Volta del Pallol.

Una de las docentes dice que «es una pena, contábamos con poder explicar algunas cosas que, viendo la exposición, se entienden mejor».

César Pociña, portavoz de un grupo de 25 trabajadores cesados el 30 de septiembre del Museu d’Història de Tarragona (ente del que dependen la muralla y otros monumentos), dice que el cierre del centro de interpretación se debe a que, precisamente, no hay ningún trabajador que se pueda hacer cargo de vigilar. En otros monumentos, explica, la falta de personal hace que no se puedan poner al público audiovisuales porque no hay quien lo controle.

A lo largo de la visita por la muralla no nos topamos con ningún trabajador. Si se necesita cualquier explicación hay que remitirse a los carteles. A la salida nos encontramos con otro de los temas de que nos advertiría Pociña: tampoco hay vigilancia en la puerta, así que si se queda entreabierta o alguien sale en ese momento se puede ingresar sin problemas sin que nadie lo controle.

La escena se repite
La escena se repite cuando en la misma mañana realizamos el recorrido en el Pretori, el Circ y el Amfiteatre. En cada uno hay dos trabajadores con la misma distribución, uno en taquilla y otro, en teoría, para el resto del recinto, pero en la práctica resulta casi imposible encontrarse con alguien a ‘pie’ de monumento si se quiere alguna explicación o si se tiene una emergencia, más teniendo en cuenta que en todos los monumentos hay varios niveles y salas. 

Algunos trabajadores nos explican que se multiplican como pueden cuando surge cualquier pequeño imprevisto y el compañero/a debe moverse del sitio. En esos casos lo prioritario es ocuparse de la taquilla. «Si estás en la taquilla es imposible abarcarlo todo visualmente. El 95% de las veces no pasa nada, pero ¿y si pasa?», se pregunta un trabajador.

Pociña apunta que tener una plantilla tan escasa hace que cuando hay una baja o cualquier otro imprevisto, más de una vez se tenga que cerrar el monumento correspondiente. Además, relata que hace poco se tuvo que contratar a una empresa de Barcelona para poder abrir el Circ un lunes porque venía un crucero.

La dirección del museo considera que el personal es el que tiene que haber

La situación mejoró en verano con los 25 trabajadores que se contrataron para la temporada  que cubrieron vacaciones e hicieron de refuerzo. No obstante, Pociña y los consultados aseguran que es un error pensar que quienes visitan los monumentos sólo lo hacen en verano. Señalan que cada vez hay más turismo todo el año, eso sin tener en cuenta los cruceros. Además, no se tiene en consideración a los grupos de escolares y de jubilados que los visitan, precisamente, fuera de verano. «Y la superficie a vigilar es la misma», advierten.

Pociña se queja además de que los elementos para trabajar son rudimentarios. «Todavía vamos con talonario cuando hoy en día en cualquier museo de pueblo tienes billetes electrónicos y un torno que los lee». 
 

Recintos cerrados

Pero si la situación en los recintos que están abiertos ya es de mínimos, qué decir de los que están cerrados. Algunos como la Casa Castellarnau tienen un cartel a la entrada que anuncia que se abre sólo los primeros sábados de cada mes, pero otros, como la Volta del Pallol, no tienen ni un cartel explicativo del cierre.

Xavier Allué, portavoz de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense, opina que una de las prioridades de la ciudad debería ser que todos los monumentos estén abiertos y cuenten con la dotación correspondiente, incluido el personal. Recuerda que esa fue una de las propuestas que hicieron recientemente a los partidos que concurrirán a las próximas elecciones municipales.

Personal suficiente
En el último pleno municipal que tuvo lugar justo el viernes pasado se aprobó una moción para readmitir a los 25 trabajadores cesados en septiembre. La moción, no obstante, no es vinculante.

De todas formas, Ivana Martínez, concejal de recursos humanos, señala que existe el compromiso del concejal de hacienda, Pau Pérez, para sacar a oposición el año que viene todas las plazas que están presupuestadas, las primeras saldrían el primer trimestre. Entre esas plazas habrá nuevos trabajadores para el MHT, aunque no precisó el número.

Por su parte, Begoña Floria, concejal de patrimonio, apunta que «el personal que tenemos es suficiente para atender de forma digna... La dirección del museo considera que es el personal que tiene que haber». Aunque reconoce que «no es óptimo, si hubiera más se podría atender muchísimo mejor... Otra cosa es que si la ley de reforma de la administración local nos permitiera contratar más gente tendríamos más personal atendiendo en los museos». 

Defiende, además, que hay mucha diferencia de afluencia entre invierno y verano y recuerda que se ha hecho un esfuerzo por abrir los lunes en temporada alta que ha resultado muy positivo.

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