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TGN reduce las fugas de agua en la red tras usar helio para detectarlas

La ciudad consigue un grado de efectividad en el suministro de un 84%, proporción superior a la de otras urbes similares
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Operarios de Ematsa, realizando tareas de detección de fugas. La empresa utiliza la detección mediante helio desde el año 2012. Foto: dt

Operarios de Ematsa, realizando tareas de detección de fugas. La empresa utiliza la detección mediante helio desde el año 2012. Foto: dt

Tarragona destina anualmente entre 100.000 y 200.000 euros en obras de reparación para su red de abastecimiento de agua potable. Sin ir más lejos, en 2014 subsanó 133 fugas. La cifra se ha ido estabilizando alrededor de estos números en los últimos años gracias en parte a la mejora de la red de tuberías y también a la rapidez de localización y reparación de fugas.

Este segundo aspecto ha sido crucial para que las fugas detectadas a lo largo del año se localizaran con mayor precisión para reducir el número de litros de agua perdidos y para ajustar la zona de obras para reparar o cambiar la tubería afectada.

El director de operaciones de Ematsa, José Molina, explica que «utilizamos dos sistemas para localizar fugas y subsanarlas. Uno se basa en el ruido y el otro en un gas llamado helio». Con ambos sistemas, Ematsa realiza campañas de prevención anuales que se basan en aquellas lecturas extrañas de contadores sectoriales. Esas extrañezas permiten encontrar fugas al igual que otras evidentes en la calzada, por ejemplo, manchas de agua o charcos permanentes.

Las medidas correctivas son aquellas que se llevan a cabo una vez se encuentra la fuga, ya sea por estos sistemas de localización o bien por la alerta de una tubería rota en una obra o alguna anomalía detectada al instante.

 

Mucho o poco según se mire

Desde 2008, las fugas detectadas suman 870 y aunque la cifra parece alarmante, de hecho hay que tener en cuenta que son 497 kilómetros de tuberías entre Tarragona, La Canonja, Els Pallaresos y algunas urbanizaciones de El Catllar, municipios donde también opera Ematsa.

Con la precisión a la hora de localizar las fugas y repararlas gracias al helio y en menor medida a las frecuencias de radio (ruido), la eficacia del suministro del agua a las casas está en estos momentos por encima del 84%, lo que en términos de valoración es una muy buena proporción. Una eficiencia de abastecimiento que supera el 80% en la última década de media sitúa a Tarragona entre las mejores ciudades españolas en este aspecto.

La ciudad gestiona anualmente más de 10 millones de metros cúbicos por los 497 kilómetros de cañerías. De estos, poco más de 1,7 millones se pierden o, como dice Molina «no quedan registrados». El jefe de operaciones razona que esta cantidad de agua no toda se malgasta:una buena parte es un error de cálculo en los contadores sectoriales de la empresa y hay un porcentaje (difícil de precisar) que podría corresponder a estafa. El resto, sí sería agua perdida por culpa de las fugas.

Pero si se han reparado 870 fugas desde 2008, ¿por qué no se incrementa todavía más el porcentaje de la eficacia del suministro? «Cada año hay fugas. Esto es seguro. Pueden ser por deterioro de la red o por la rotura provocada accidentalmente. Por ello es difícil llegar al 100% de eficacia. Además, si sumamos errores de cálculo y si hubiera algún caso de estafa nos reduce la eficacia hasta el 84%, una cifra muy buena si comparamos nuestra ciudad con otras de la misma envergadura dentro y fuera de Catalunya», dice Molina.

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