Tarraco viva se va al Mercat

Una nueva actividad que permite conocer cómo era el acceso a los productos de todo tipo

Núria Riu

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Un momento de la explicación de Anna Catà en el Mercat Central. FOTO: Pere Ferré

Un momento de la explicación de Anna Catà en el Mercat Central. FOTO: Pere Ferré

El aceite, el vino y el pan eran algunos de los productos más cotidianos de la dieta en la antigua Roma. Sin embargo, ésta era mucho más variada de lo que podemos imaginar y, a pesar que de que la forma de preparación variaba mucho respecto a la actualidad, hay muchas coincidencias con la alimentación de nuestros días. Así pudo constatarse en la actividad  El mercat romà, que ayer ofrecía Anna Catà, de Auriga Serveis Culturals.

Ayer el festival se trasladó al Mercat Central. Y es que, ya en el siglo III se conocía de la existencia de los macellum, «edificios cuadrados, cerrados al exterior, en los que había tabernas, un patio abierto en el centro en el que había una fuente, y un templo en el lateral», según explicaba Catà.

La ubicación de este equipamiento en la antigua ciudad de Tarraco se desconoce. Sin embargo, podría haberse encontrado en una zona próxima a la actual. «Entre el foro y el teatro era la zona comercial, a donde se podía poner el mercadillo», afirmaba la conductora del acto. ¿Y qué había? «Esclavos, animales vivos, zapatos, incluso fruta y verdura», apuntaba.

Escritos como los de Séneca explican que el pescado era un producto de lujo y refinamiento. Entre los peces, incluso se comían el delfín. En cuanto a la carne, la caza no faltaba en los banquetes, mientras que los huevos y la verdura eran básicos en la alimentación de a diario. 

Las clases pudientes tenían un paladar fino. «Fueron los precursores de las denominaciones de origen, con los albaricoques de Persia y los higos de Siria», afirmaba Catà. Unas veinte personas participaron en una actividad que por primera vez se desarrollaba en el Mercat y que fue un paseo a través de las paradas.

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