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Tarraco vota a su alcalde tal y como se hacía en la antigua roma

Tarraco Viva vive en su espectáculo de clausura una jornada electoral, que mantiene muchas similitudes con el sistema de elección actual

Núria Riu

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Los romanos depositaban sus votos en cestos de mimbre, según el barrio. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Los romanos depositaban sus votos en cestos de mimbre, según el barrio. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Son días en los que los candidatos a las elecciones municipales tienen toda la maquinaria en marcha para ganar las elecciones del próximo domingo. Hombres y mujeres que buscan liderar sus pueblos y ciudades tal y como hace más de 2.000 años en la antigua Roma. Y es que hace falta remontarnos a este periodo para ver el origen de los primeros comicios locales. 

«La esencia de Roma era la política», afirmaba el director de Tarraco Viva, Magí Seritjol, que ayer ejercía de conductor del acto de clausura del festival Tarraco Viva. Hemos heredado un sistema democrático que, con el tiempo, ha ido evolucionando y perfeccionándose. En aquellos momentos tan solo participaban de la elección los hombres y se les exigía la ciudadanía romana. Esto reducía la participación a una parte muy pequeña de la sociedad. Sin embargo, la esencia de aquel sistema de votaciones mantiene muchas similitudes con la actualidad. 

Las elecciones se celebraban cada año. El pregonero anunciaba su convocatoria y los candidatos empezaban sus movimientos para hacerse con el cargo. ¿Quién podía presentarse? «Hombres libres, mayores de 25 años, que no tuvieran ninguna deuda pendiente ni pleitos en la justicia», explicaba el narrador. La honradez por encima de todo. Moralidad y honestidad, ya que los alcaldables debían depositar una fianza que recuperaban cuando finalizaban el mandato, si no habían robado.

Seritjol iba explicando los intríngulis de estas elecciones mientras los diferentes personajes entraban en escena. Alrededor de unas sesenta personas de los grupos de recreación Projecte Phoenix, Nemesis, Thaleia y Ludi Scaenici salieron al escenario en el espectáculo de clausura. Éste se desarrolló en el Palau Firal, en un recinto que en estas dos últimas semanas se ha convertido en una gran plaza del foro, alrededor de la cual giraba la vida política, social y económica en la antigüedad.

«Los candidatos iban vestidos de blanco, lo que nos decía que eran puros y honestos», seguía explicando Seritjol. Primero se presentaban delante de los familiares y amigos y después iniciaban la campaña. Ésta duraba unas tres semanas. A partir de los escritos de Ciserón sabemos más sobre su comportamiento. Así les invitaba a ser «ambiguos», a «sonreír» y a «gastarse el dinero, invitando a la gente». Los grafitis electorales de Pompeya son una muestra de la propaganda electoral que pagaban los candidatos. Estos eran personas ricas. Cargaban con todos los gastos de la campaña, en una sociedad en la que se imponía el personalismo y en la que no existían los partidos.

Figuras como el asesor de imagen ya existían. También los interventores, que se encargaban de comprobar la votación. En cambio, ahora ha desaparecido el augur, que en una sociedad tan supersticiosa tenía el poder de decidir en el último momento si los comicios seguían adelante o no, según la interpretación que hacía del vuelo de las aves. 

La votación se hacía en cestos de mimbre en los que los electores depositaban las tabletas de cera con el nombre del candidato. Al final del recuento, el nombre de la persona elegida se daba a conocer públicamente. «Sin la política se impone la mafia. Votamos porque hace 2.000 años ya lo hacían, porque lo tenemos en nuestro ADN», concluía el director del festival.

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