Tarragona acogerá a 5 migrantes del Aquarius

Se sumarán a los 106 que participan en el programa para refugiados coordina Creu Roja 

Norián Muñoz

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En los próximos días cinco migrantes del tristemente célebre buque Aquarius llegarán a Tarragona donde participarán en el programa para refugiados que Creu Roja gestiona en la provincia. Se sumarán así a las otras 106 personas que ya viven en la ciudad y que se encuentran en alguna de las tres fases del programa para personas que están en trámite de pedir la protección internacional.

En la primera fase, que es a la que llegarían los tripulantes del Aquarius (después de que miembros de Creu Roja acudan a buscarles en Valencia, a más tardar la semana que viene), hay actualmente 36 personas. Hasta ahora la mayoría de personas acogidas en la ciudad son familias, aunque en el caso de los tripulantes del  buque se tratará de personas que viajan solas.

Según explica Ester Esplugas, trabajadora social y técnica del programa de Creu Roja, antes de llegar al programa estas personas, que son asignadas por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social,  deben esperar a que se libere alguna plaza de las disponibles en alguna de las provincias de España. De hecho entre quienes viven actualmente en Tarragona la mayoría vienen de otras provincias. Por el nivel de demanda actual, relata, esta espera para entrar en el programa, es de unos cuatro meses. 

De Venezuela, El Salvador...

Durante la primera fase, la de acogida, las personas se alojan en pisos alquilados por Creu Roja en diferentes puntos de la ciudad a particulares. Y aquí comienza una de las dificultades de una ciudad aparentemente predispuesta a acoger: es complicadísimo encontrar quien alquile, aún sabiendo que será Creu Roja quien se encargue del contrato y de los pagos, apunta Esplugas. De hecho, reconoce, este trabajo trae continuamente de cabeza a los técnicos.

En esta fase, además, se les ofrece vestuario y alimentación. Para ello acuden a un supermercado y luego deben presentar los tiquets justificando los gastos. También cuentan con un programa de farmacia. A la par comienza el primer trabajo de integración, aprendizaje del idioma y, también un acercamiento a las costumbres sociales. Les acompañan, por ejemplo, para que sepan dónde y cómo hacer los principales trámites, como pedir un certificado de empadronamiento. Les ponen al tanto de sus deberes y derechos.

Curiosamente, contrario a lo que podría pensarse, actualmente la gran mayoría de las personas que están en estas condiciones en Tarragona son castellanoparlantes porque provienen, en su mayoría de países como Venezuela, Colombia, Honduras y el Salvador.  A diferencia de lo que sucede con las personas de Siria y Eritrea, que ya cuentan con la condición de protección subsidiaria, es decir, una protección que reconoce que huyen un país en conflicto, las personas de estos países están en trámites de conseguir su condición de refugiados.

De hecho, el que el Ministerio, después de pasar por la Policía, les de entrada en el programa no implica que luego su petición sea aceptada. Durante esta frase, además, se les tramita la tarjeta sanitara, se escolariza a los niños. En este grupo actual de 36 personas 14 son menores de edad.
Se les ofrece apoyo psicológico y legal para continuar con sus trámites. Desde el servicio de ocupación de la entidad y desde el SOC se les ayuda a buscar trabajo y se les apunta a formaciones que puedan mejorar su ocupabilidad. En el caso de los latinoamericanos muchos tienen formación universitaria.
Esta fase estaba pensada en un principio para durar seis meses, pero la falta de plazas ha hecho que este período se acorte en el caso, por ejemplo, de que ya se domine el idioma.
Camino de la autonomía
En la segunda fase (actualmente hay en esta situación 53 personas en la ciudad) los pisos se alquilan pero esta vez a nombre de las familias aunque los siga pagando Creu Roja durante los 6 meses que dura esta etapa. Aquí, como no, las dificultades se multiplican, explica la técnica.
En esta fase también hay ayudas  para las necesidades básicas mientras los beneficiarios buscan trabajo. En este punto, explica Esplugas, toca lidiar con las reticencias de algunos empresarios que no se fían de la documentación temporal que se les confiere, un cartón rojo, y que deben ir renovando.
Finalmente, pasados esos seis meses comienza la tercera fase donde ya deben vivir por su cuenta pero continúa el seguimiento y algunas ayudas como la del transporte, el vestuario y la farmacia.
40% encuentra empleo
La Cruz Roja está en contacto con los servicios sociales municipales para mantenerles al tanto de la situación de estas personas, especialmente las familias con niños.
A pesar de todo, no obstante, están satisfechos con el nivel de inserción laboral ya que entre quienes estaban en cualquiera de las fases del programa entre enero de este año hasta ahora, el 40% había conseguido un empleo.
Inevitablemente las relaciones que se crean con voluntarios y técnicos continúan. De hecho algunos de los eritreos llegaron en un primer grupo, en 2016, siguen pasando de vez en cuando a saludar al equipo.   

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