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Tarragona debe sextuplicar su energía renovable para cubrir la demanda eléctrica

Solo el 33% de la producción en la provincia es verde. La necesidad eléctrica se doblará en 2050, y ya sin nuclear. El debate está en marcha

Raúl Cosano

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Molinos de viento en los parques eólicos de Batea, Vilalba dels Arcs y Corbera d’Ebre, en la Terra Alta.  FOTO: JOAN REVILLAS

Molinos de viento en los parques eólicos de Batea, Vilalba dels Arcs y Corbera d’Ebre, en la Terra Alta. FOTO: JOAN REVILLAS

A Tarragona le sobra energía. Produce el 385% de la que necesita. El dato, obviamente, está condicionado por las tres plantas nucleares del territorio y es, en verdad, engañoso, porque esas instalaciones tienen los días contados y hay que planificar sin ellas a partir de 2035. Entonces, con la generación atómica fuera de la ecuación y los combustibles fósiles también en vías de extinción, Tarragona pasará a ser una provincia tan deficitaria y energéticamente tan dependiente como las restantes de Catalunya y como toda la comunidad en su conjunto.

«Estamos ante un cambio en el modelo energético, que es pasar de la generación centralizada en grandes plantas, de combustibles fósiles a nucleares, a otra distribuida en plantas más pequeñas. Todo eso está motivado por la lucha contra la emergencia climática. Es algo inevitable, así que no tiene sentido que haya oposición. Está pasando en todo el mundo. También Catalunya necesita ser alimentada por renovables», explica el tarraconense Jaume Morron, socio-director de DialEc-Comunicació per la Sostenibilitat y gerente de EolicCat, asociación que agrupa a la mayoría de empresas vinculadas al sector eólico que operan en Catalunya.

La transición energética eólica y solar, en jaque por la oposición de parte del territorio

Oposición frontal a proyectos

Nadie discute que el futuro, pero también el presente, pasa por la eólica y la fotovoltaica. El debate nace en la forma de acometer esa transición y la controversia ha venido generada por dos corrientes de oposición. La más reciente tiene que ver con el contundente rechazo del territorio –38 ayuntamientos afectados, siete Consells Comarcals y la Diputació– a la línea de alta tensión que se quiere instalar en la provincia para llevar energía verde de Aragón a Catalunya. Los expertos consultados están en contra de esa posibilidad. «Hay dos opciones. Invertir tú mismo en las renovables de tu territorio o bien dejar que lo hagan otros y Catalunya, que es el primer consumidor de España, tenga que comprarla. La diferencia es renunciar a todos los beneficios que aporta la implantación de renovables, desde los ingresos a través de impuestos que dejará en los municipios, a los ingresos de los propietarios de los terrenos por el alquiler, más toda la generación de empleo. Es una barbaridad dejar pasar esta oportunidad», critica Morron.

«Hay que tener claro que en nuestro territorio o habrá molinos y placas o tendremos que poner más líneas de muy alta tensión. No hay más alternativas. Y en eso Aragón ha implementado un modelo para facilitar y agilizar toda esa actividad de forma muy rápida. Me preocupa porque es algo que deberíamos estar haciendo en Catalunya», admite Roger Medina, economista e investigador titular del Institut Ostrom, un think thank liberal catalán.

«O tenemos molinos y placas o líneas de muy alta tensión. No hay más alternativa»

Urgencias por la demanda

Algunos datos pueden servir como punto de partida. Catalunya consiguió cubrir el 19,8% de su energía en 2020 con renovables, básicamente hidroléctrica y eólica. Más de la mitad de la producción (54,9%) procedió de las nucleares, según los balances del Institut Català d’Energia. El 7% es de origen eólico y fotovoltaico.

Tarragona genera 2.579.938 megavatio-hora (MWh) a través de las renovables para cubrir una demanda eléctrica que en 2019 era de 7.580.445. Es, pues, el 33%. Son datos extraídos de la Red Eléctrica de España, que también ofrece un escenario a largo plazo. En 2050, según esta proyección, la necesidad eléctrica será mayor, en concreto de 15.948.285 MWh, el doble que en la actualidad, fundamentalmente por la electrificación de los procesos, empezando por la movilidad y la automoción. Es decir, habrá más vehículo eléctrico. Por entonces, no existirán ni las nucleares ni el fósil. «Todo deberá salir de las renovables, así que tenemos una gran necesidad», avisa Morron. Por tanto, si consideráramos a Tarragona como un territorio autosuficiente, debería producir seis veces más energía limpia de la que genera en estos momentos. Y eso que actualmente es la provincia catalana que tiene más aerogeneradores, aunque las cifras distan mucho de los ambiciosos objetivos marcados a largo plazo.

¿Cómo hacerlo? Hay otra oposición que se ha articulado en algunas zonas de Tarragona a la proliferación de los proyectos de parques eólicos. El Alt Camp, el Priorat y la Conca de Barberà se han aliado con Anoia, las Garrigues, la Segarra y el Urgell, en contra de la masificación de proyectos de energías renovables.

«Es una barbaridad traer de fuera la energía y renunciar a todos los ingresos que deja producirla aquí»

«La línea de alta tensión es la punta del iceberg de un modelo eléctrico centralizado, en manos de pocas empresas y lejos de los lugares de consumo, lo que contraviene a la ley de cambio climático, que habla de un sistema descentralizado, de intervención en espacios ya alterados por la actividad humana», explica Sergi Saladié, profesor de Geografia en la URV e investigador en el Grup d’Anàlisi Territorial i Estudis Turístics (GRATET).

Saladié apuesta por hacer la transición «huyendo del concepto de gran parque» y por «un modelo más horizontal que entienda la energía como un servicio al territorio» y añade: «El 80% de las centrales eólicas están en municipios de unos pocos habitantes. Es posible la generación en comunidades locales. Es algo factible, una cuestión de dimensionar. Solo cubriendo los tejados útiles de Catalunya, bien orientados, podemos alcanzar el 50% de la demanda eléctrica».

«Redimensionar los parques»

Òscar Saladié, director de la cátedra de Desenvolupament Sostenible de la URV, apuesta por «acercar al máximo posible las energías al lugar de consumo y por instalaciones de menor impacto», algo factible: «Habrá lugares que no tendrán un viento tan óptimo pero quizás puedes poner otro tipo de parques más pequeños, más adaptados a esas condiciones». Ambos investigadores de la URV creen que es posible colocar las instalaciones «en zonas periurbanas» y evitar intrusiones en lugares no antropizados.

«Hay que huir del gran parque. Solo con placas en tejados podemos generar el 50% de la demanda»

«El gran aerogenerador quizás necesita unas determinadas corrientes de aire, pero la eólica mediana o pequeña la puedes insertar en tejidos más urbanos, incluso cerca de la costa. Es cuestión de encontrar la dimensión adecuada y utilizar la tecnología más ajustada. No todo tiene que ser negocio en la transición energética», añade Sergi Saladié.

Su opinión choca con el sector de las energías renovables, que ve imposible cubrir los objetivos de renovables en Catalunya (alcanzar un 50% de la demanda eléctrica con esa energía limpia en el 2030) con pequeños proyectos.

Una de las voces en esa línea es la del economista Roger Medina: «La demanda eléctrica será muy grande. Incluso se habla de electrificar los aviones en el futuro. Los grandes parques de generación serán necesarios. A nivel eólico tenemos zonas en las que poner un molino es seis veces más efectivo. Si queremos minimizar el impacto, habrá que poner el recurso allí donde sea más eficiente. El autoconsumo puede ser una parte de la transición, pero insuficiente».

«La energía no se hará solo con modelos pequeños. Hay que pensar en las compensaciones»

En parecida línea opina Joan Vila, presidente de la comisión de energía de Pimec. Él apuesta por hacer un esfuerzo para que el ciudadano «vea las compensaciones que puede recibir su ayuntamiento y que ahora mismo no las percibe como tales, y se podría hacer algún sistema, como una especie de cheque». Vila apuesta por «hacer la transición y hacerla en casa» y también cree que «solo con placas en los tejados será imposible y necesitaremos grandes proyectos para cubrir la demanda».

En ese sentido, Òscar Saladié hace un matiz final: «Hay algo de lo que la gente no habla y es de la reducción de la demanda que tenemos que impulsar en el futuro. Por mucho que el vehículo eléctrico genere necesidades, hay que trabajar en medidas como el fomento del transporte público».

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