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Tarragona, entre las provincias de España con más fraude al seguro

Es la provincia catalana que más estafa a aseguradoras y la octava del ranking estatal, donde supera la media. Los engaños no dejan de subir. Las compañías incrementan la vigilancia

Raúl Cosano

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Casi siete de cada diez fraudes se dan en el seguro de automóviles.  Foto: Alfredo González

Casi siete de cada diez fraudes se dan en el seguro de automóviles. Foto: Alfredo González

Fingir en Tarragona el robo de su coche para cobrar 70.000 euros. Reclamar fraudulentamente una indemnización de 90.000 euros por un accidente. Las falsas gastroenteritis de británicos en la Costa Daurada. La falsificación de una denuncia en Salou para cobrar el dinero del seguro. Son sólo algunos ejemplos recientes de una práctica a caballo entre la picaresca y la delincuencia organizada que en la provincia ha crecido en los últimos años. 

Tarragona es, con diferencia, la provincia catalana con más fraude al seguro y la octava de toda España. La casuística es muy diversa. Un accidente con el coche en el que se intenta que el seguro repare también la abolladura provocada por el roce contra la columna del parking; o las goteras de un vecino que, casualmente, acaban cayendo sobre un ordenador portátil. Y eso por no hablar de las bandas de profesionales que se dedican a simular todo tipo de accidentes. 

Las compañías aseguradoras se enfrentan cada año a decenas de miles de intentos de fraude de lo más variado, que suponen un fuerte lastre para sus cuentas de resultados y que tratan de combatir por todos los medios posible. Tarragona, en la línea de la costa, está entre las demarcaciones con más afectación, según el último informe de Axa. 

El documento muestra que la compañía evitó pagos indemnizatorios fraudulentos en todos sus ramos por un importe total de 62,7 millones de euros, lo que supone un incremento de más del 6% respecto del año anterior. Desde 2007 estos pagos se han multiplicado por más de dos, pasando de 30 millones de euros a esos actuales 62,7 millones.

El reparto territorial de los fraudes es desigual, si bien en algunas zonas se cumple la norma. Una mayor renta per capita está ligada a menos casos de fraude, como ocurre con las tres provincias vascas, con Barcelona o con Madrid, que figuran entre las zonas con menor tasa de estafa. 

Tarragona, con una tasa de fraude del 2,3%, supera ampliamente la media estatal (1,73%) y la catalana (1,4%)

En paralelo, las zonas con balances de desempleo más altos, como ocurre con varias provincias de Andalucía, presentan una tasa de fraude mayor a la media estatal. Cádiz se lleva la palma en ese ranking de toda España, por delante de Huelva y Almería. 

En el conjunto de España, la tasa de fraude al seguro aumentó hasta el 1,73% en 2017, lo que supone cerca de 20.000 casos detectados entre un millón de siniestros reclamados por los clientes. Tarragona, con una tasa de fraude del 2,3%, supera ampliamente la media estatal (1,73%) y aún más la de Catalunya (1,4%). 

Según el informe de Axa, las condenas de cárcel declaradas por los tribunales respecto a estos fraudes crecieron un 17% y hasta el 88% de las reclamaciones tuvo consecuencias penales para los defraudadores detectados.

La tasa de fraude indica el número de estafas detectadas por cada 100 siniestros reclamados por los clientes

Casi siete de cada diez fraudes detectados se dan en el seguro de automóviles. Es el más frecuente. Unespa, la patronal del sector, asegura que, en este ámbito, uno de los fraudes más habituales «es la ocultación de un daño o una lesión preexistente».

La detección de fraude tiene un impacto importante en la prima que pagan los asegurados por sus pólizas. El año pasado los pagos evitados por casos de fraude y que no fueron repercutidos en el resto de asegurados supusieron un ahorro del 5% en el seguro de Auto o del 17% en los casos de Responsabilidad Civil. 

En los últimos años también se han destapado nuevas tipologías de fraude, como el empleo inadecuado de pólizas de concesionarios de coches, las intoxicaciones alimentarias o las situaciones de invalidez obtenidas de manera fraudulenta, a través de personas que simulan enfermedades. Otra forma de proceder en este ramo es fingir la propia muerte con la intención de que los familiares cobren la indemnización; o hacerse pasar por el tomador, ya fallecido, y ponerse, vía falsificación, como beneficiario de la póliza.

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