Tarragona ha duplicado los pacientes en UCI en 15 días

Crece la presión asistencial. La vacuna contiene las defunciones

Raúl Cosano

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Una UCI del Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS

Una UCI del Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS

De 20 pacientes en UCI por Covid-19 que había el 7 de diciembre en Tarragona, en pleno puente de la Purísima, a los actuales 39, casi el doble. En apenas dos semanas el número de ingresados graves por coronavirus se ha disparado, conforme la sexta ola se ha ido agravando.

El Camp de Tarragona ha pasado de 16 hospitalizados a 27 y las Terres de l’Ebre de cuatro a 12, el triple. Es una cifra similar a la del año pasado a estas alturas, si bien hay que tener en cuenta que aquella tercera ola navideña, sin vacunas, todavía estaba empezando y aún no había explosionado como lo haría después en enero, impactada por la interacción de las fiestas.

Todo depende del prisma con el que se miren los datos. La situación en intensivos empieza a ser preocupante, si bien los ingresos en global parecen transitar por una cierta estabilización, porque desde hace días se ronda los 100 ingresados. Eso sí, de mantenerse la tendencia actual todo apunta a un incremento de casos tras las inminentes fiestas navideñas, a la espera de ver el resultado de las restricciones.

Pero la distancia es aún más sideral si se comparan periodos con la misma incidencia. El número de contagios actual en Tarragona se alcanzó en la tercera oleada, algo más tarde, a inicios de enero de 2021. En ese momento había, según datos de Salut, 356 hospitalizados –tres veces más que ahora– y 56 fallecimientos, 18 veces más que en la actualidad.

Desde el punto de vista epidemiológico, esta sexta ola sigue sin dar tregua en el Camp y el Ebre. El riesgo de rebrote continúa a niveles estratosféricos y la Rt no muestra el menor síntoma de retroceso. Ayer se rondaron los 400 contagios. También sigue descontrolado el índice de positividad, es decir, el tanto por ciento de pruebas que salen positivas respecto al total realizadas. No debe ser, según la OMS, superior al 5%. En el Camp y el Ebre es del 11%, lo que muestra que no se controlan las cadenas de contagios.

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