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Tarragona Sociedad

Tarragona no ejerce su capitalidad en materia de ocio nocturno

Los jóvenes coinciden en que la oferta no es suficiente y se ven obligados a irse a otras ciudades a pasar la noche. Mientras, los empresarios trabajan para sorprender al cliente

Carla Pomerol

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La Plaça de la Font se ha convertido en el centro neurálgico. FOTO: A. GONZÁLEZ

La Plaça de la Font se ha convertido en el centro neurálgico. FOTO: A. GONZÁLEZ

Tarragona no ejerce su capitalidad en el ocio nocturno. Los jóvenes piden más oferta y más variedad, mientras que los empresarios de la noche no paran de poner en marcha iniciativas para atraer al público. Son las dos caras de una misma moneda. Con esto se demuestra que alguna cosa no funciona. Prueba de ello es el resultado de la encuesta que realizó hace unas semanas el Diari, en la que participaron más de nueve mil tarraconenses. Los votantes puntuaron con un 3,94 la oferta de ocio nocturno en la ciudad. Más del 60% de los participantes opinan que este servicio no se merece más que un 3 sobre 10. ¿Entonces, ¿adónde van los jóvenes a pasárselo bien? ¿Prefieren Reus y Salou antes que su ciudad?

La respuesta no es clara. Hay quien, a pesar de asegurar que hay poco donde elegir, prefiere quedarse en Tarragona. Otros no conocen ni el nombre de las principales discotecas. Son los más jóvenes, que eligen Salou como destinación nocturna. El último grupo es el que ha decidido abandonar su ciudad natal para ir a divertirse a Reus.

La mayoría de los jóvenes echa de menos una zona en Tarragona donde se concentre la oferta de ocio nocturno, como era el caso del Port Esportiu años atrás. La Plaça de la Font es actualmente el punto de encuentro para dar comienzo a la noche. Hay bares donde poder cenar y echar la primera copa. A poca distancia se encuentran cinco de las principales salas de fiesta: el Totem Café, el Cau, el Bloomsbury, el Highland y la discoteca Totem. Para encontrar algo más hay que desplazarse hasta la Part Baixa, donde se puede acudir al Premium Club y a la Sala Zero. Entre medio, dos locales míticos, la Cantonada y el Pachito.

Hay jóvenes, sobre todo los más adolescentes, que prefieren ir a Salou, a pasar la noche a Pacha o a la Cage. «En Tarragona no hay discotecas dirigidas para un público de 16 o 17 años. Preferimos Salou. Allí, en algunos sitios, nos sirven bebidas sin pedirnos el DNI», asegura una joven. El modus operandi es hacer botellón en los parkings de alguna sala de fiestas y luego entrar. Por su parte, Reus ha despertado en los últimos años. La Fàbrica, Sabana, The Green Dog, entre otros, son algunos de los sitios de moda de la capital del Baix Camp.

Una ciudad de extremos

Los empresarios de la noche tarraconense no lo ven tan negro como los usuarios. Trabajan día y noche para sorprender a los jóvenes y para recuperar a todos los clientes perdidos en los últimos años. Es el caso de Christian Compte, propietario del Totem. «Tarragona se ha convertido en una ciudad de extremos. Con fiestas señaladas, como Santa Tecla o la Navidad, todo está abarrotado. Pero hay semanas y meses que esto se convierte en una travesía por el desierto», asegura Compte, quien añade que «a pesar de ello, es cierto que tenemos gente los dos días del fin de semana, durante todo el año». Compte, pero, es consciente de que Tarragona juega contra una ciudad, como es Reus, que ha despertado en los últimos cinco años a nivel de ocio, y con un gigante turístico como es Salou.

Durante las últimas semanas, Totem ofrece también sesiones de tardeo, la práctica de moda. Se trata de adelantar la hora de salir de fiesta. Hay más salas que apuestan por este formato que, de momento, no acaba de enganchar a los tarraconenses. En cambio, es una práctica muy exitosa en el resto del Estado español. Esto prueba que los empresarios se las ingenian para sorprender y ofrecer novedades al cliente.

Toni Vera, propietario del Premium Club –discoteca de la calle dels Rebolledo–, hace años que pide un plan director del ocio nocturno. «Necesitamos una ciudad atractiva, no solo para la gente de aquí, sino para toda la provincia», opina Vera. Este empresario da algunas pistas sobre cómo revitalizar el sector. Abaratar las tarifas del parking y que la administración pusiera más facilidades a la hora de abrir un negocio podrían ser algunas de las claves, según el empresario. Vera se propuso revitalizar el ocio de la Part Baixa de la ciudad y apuesta por la concentración de bares y discotecas en esta zona histórica. Abrió la discoteca Premium Club y, más tarde, The Bar, donde antiguamente había la mítica Llar del Pernil.

A pocos metros se encuentra la Sala Zero. «Hace años que vivimos con la idea de que no hay oferta en Tarragona. Para mí es un mantra, no está demostrado», asegura Àngel Lopera, propietario de la Sala Zero. Este espacio organiza más de 100 conciertos al año. El último fue el del Mishima, el pasado 16 de diciembre. Se vendieron todas las entradas, explica Lopera. Este empresario tarraconense reconoce que será complicado volver a la realidad de hace unos años, cuando la Part Baixa era el centro neurálgico de la fiesta nocturna. «Ahora debemos adaptarnos a las nuevas formas de consumo», opina Lopera, quien añade que «también debemos tener en cuenta que actualmente el público joven se ha reducido, somos la mitad que hace diez años». A pesar de ello, reconoce que percibe un problema de comunicación. «Cuesta que los esfuerzos de las salas lleguen a los interesados», asegura. El propietario de la Sala Zero lleva unos tres o cuatro años apostando también por un público más familiar, con conciertos de tarde para los más pequeños.

Apostar por lugares con encanto

Otra de las voces representativas en el sector es Aitor Nieto, propietario de La Cantonada. Lleva dos años al frente del negocio y algunos más en el sector. «El tarraconense es una persona que, entre semana, tiende a irse a casa al salir de trabajar», asegura Nieto, quien añade que «además, si sale el viernes, ya no lo hace el sábado». Nieto también pide más facilidades a la hora de programar actos y apuesta por aprovechar espacios únicos de la ciudad como escenario para llevar a cabo conciertos. «La calle Major, el Amfiteatre o las escaleras del Circ Romà serían una oportunidad para dar un giro al ocio de la ciudad», apunta Nieto.

Ambos colectivos implicados en el sector –empresarios y jóvenes– no acaban de ponerse de acuerdo en el modelo que se debe seguir. Identificar el problema es complicado, pero lo que está claro es que los tarraconenses piden recuperar los espacios perdidos, que configuraban una amplia oferta, Por su lado, los empresarios piden fidelidad a la ciudad. Veremos cómo evoluciona.

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