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Tarragona rechazó instalar una facultad de medicina en la Tabacalera

La gran sorpresa de la conferencia de Ballesteros ha sido justamente una 'no-noticia': Tarragona rechazó la oferta de la Universidad de Navarra para convertir la antigua fábrica en facultad privada de Medicina

Francisco Montoya

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Imagen de archivo de la Tabacalera. Foto: Pere Ferré

Imagen de archivo de la Tabacalera. Foto: Pere Ferré

Resulta que la Tabacalera, en vez de no ser nada como ahora (a excepción de una pequeña parte del inmueble que sí se utiliza), pudo ser una facultad privada de Medicina. Así lo ha confesado el alcadle de Tarragona tras la conferencia de esta tarde, durante el turno de preguntas, quién sabe si porque se le calentó la boca y se le escapó –porque hasta ayer no se sabía nada del asunto–, quién sabe si porque en realidad no es ningún secreto que debiera guardar, sino simplemente algo a lo que no daba importancia.

Fue al parecer la Universidad de Navarra hace unos cinco años. Pero Ballesteros rechazó la oferta. Oficialmente, porque el consistorio siempre se ha mantenido firme «en que la Tabacalera se destine a aquello que los tarraconenses decidieron en su día». Esto es:el Museu Arqueològic.

Pero hay que suponer que parte del rechazo tuvo que ver también con cómo le habría sentado el aterrizaje a la URV. Por no hablar de que una facultad así podría haberse interpretado como un arrebato de pueblerinismo, por aquello de que «así en Tarragona, como en Reus, también se podría estudiar Medicina».

El caso es que la revelación, casi de rebote y en el último minuto, acabó siendo la gran sorpresa de la tarde, el principal titular de la conferencia, el gran tema del que hablar en los corrillos a la salida. Lo que pudo ser y no fue. Ya ven. Una «no-noticia».

Una conferencia en la que Ballesteros mencionó casi todos los grandes temas, pero apenas se detuvo en ninguno. Sólo a la hora de sacar pecho por las políticas sociales que ha llevado a cabo, que vino a decir que son lo que ha priorizado y posiblemente –dada la limitación de recursos– lo que le ha impedido apostar por otras cosas. Por ejemplo, recordó que desde que es alcalde «a ninguna familia de Tarragona se le ha cortado el agua por falta de recursos». Dice que le enorgullece. A mí, la verdad, también me enorgullece, en ese aspecto concreto, vivir en una ciudad así. Al césar lo que es del césar.

¿Y los Juegos Mediterráneos?

En general, y como era de esperar, fue en el tramo final, con las preguntas, cuando tuvo que librarse a cierta improvisación, cuando lo que dijo Ballesteros resultó más interesante: por ejemplo, cuando le preguntaron por qué había pasado por alto los Juegos Mediterráneos de 2018 durante su discurso:«Sí los he mencionado, dos veces. No he profundizado más porque no son el tema del 2017... (risas en la sala). Por desgracia», aclaró. Aun así, ya que le preguntaban, aprovechó para recordar que «Tarragona ha invertido 12 millones en los Juegos y ya ha obtenido un retorno de 70». «Que me diga alguno de los muchos empresarios que hay aquí qué inversión da ese retorno», sentenció.

En efecto, entre los asistentes no faltaron los representantes «de siempre», por resumirles de alguna manera: autoridades del poder político y del poder judicial, concejales de gobierno y oposición (a excepción de PDECat y CUP, que se negaron a asistir), exconcejales, empresarios, sociedad civil, dirigentes deportivos, periodistas... Incluso activistas de la plataforma Oppida, que justamente reclama un futuro para la Tabacalera: piden que sea un equipamiento cultural con actividad. Con vida. En lugar de no ser (casi) nada, como ahora.

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