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Tarragona se queda con 384 sucursales de 837 que había

La tendencia a la concentración, la crisis financiera y la introducción de nuevas tecnologías reduce a menos de la mitad el número de oficinas financieras en apenas una década

Dánel Arzamendi

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Estado actual de la antigua sucursal de CX en la Rambla Nova. Foto: Pere Ferré

Estado actual de la antigua sucursal de CX en la Rambla Nova. Foto: Pere Ferré

El ámbito financiero ha sufrido tres procesos simultáneos que han transformado el sector durante la última década. Por un lado, la tendencia global a la concentración empresarial ha provocado una interminable secuencia de fusiones entre entidades, desarrollada en diferentes fases. Este proceso no ha afectado únicamente al mundo financiero (tal y como puede observarse en los sectores de internet o del motor, con cada vez menos y más grandes grupos empresariales, pero sí ha redefinido este ámbito con especial intensidad.

Las fusiones lo cambiaron todo

En segundo lugar, tras el hundimiento de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la crisis subprime convulsionó el mundo bancario, acelerando e intensificando este proceso de concentración a nivel global. Así, en apenas un par de lustros, el abanico financiero estatal ha dejado atrás un modelo basado en la confluencia de infinidad de bancos y cajas de ahorro, avanzando inexorablemente hacia un horizonte en el que quizás sólo haya espacio para tres grandes grupos españoles: BBVA, Santander y CaixaBank.

Por último, la introducción de las nuevas tecnologías ha cambiado completamente la experiencia del cliente, que puede realizar la mayoría de las operaciones online. Las modernas apps permiten la gestión prácticamente completa de los diferentes productos financieros, creando un nuevo sistema de relacionarse con los bancos que ha reducido sensiblemente la necesidad de personal específico para atender físicamente a los clientes.

El efecto inevitable de estos tres procesos simultáneos ha sido una reducción inédita en el número de oficinas a disposición de las personas que desean ser atendidas en persona: numerosas entidades financieras han desaparecido, gran parte de las que han sobrevivido han terminado fusionándose, y el objetivo de todas ellas es conseguir que los clientes no necesiten pisar una sucursal para realizar sus gestiones.

Un entorno crítico

Tarragona se encuentra en el epicentro de este proceso de desmantelamiento bancario. A nivel estatal, el 50% de las oficinas que se cierran en la Unión Europea son españolas, y el propio Banco de España contabiliza un millón y medio de ciudadanos sin acceso a ninguna sucursal.

Centrando la mirada en el ámbito autonómico, una de cada cinco oficinas cerradas en España es catalana, y las 8.100 que había abiertas antes de la crisis se han visto reducidas a 3.601 una década después. Los datos a nivel provincial caminan en la misma dirección: Tarragona disponía de 837 sucursales en 2008, y al cierre del pasado ejercicio este número se desplomó hasta las 384, lo que significa la desaparición del 54% de la red.

El proceso continúa

Este proceso no ha concluido en absoluto, tal y como demuestran dos recientes decisiones aprobadas por sendos grupos bancarios. Por un lado, CaixaBank anunció a finales del pasado año que cerrará 821 oficinas urbanas en Catalunya durante los próximos tres ejercicios, y el Santander acaba de anunciar una medida similar respecto de 15 sucursales situadas en la provincia de Tarragona.

Uno de casos paradigmáticos de esta política de cierres se puso de manifiesto en las diferentes fases de fusión que han afectado a la antigua Caixa Tarragona. Al margen de los 1.300 puestos de trabajo que se perdieron durante la primera integración, basta un dato para valorar esta evolución: Caixa Tarragona mantenía abiertas 29 sucursales hace una década en la capital, y la actual red local del BBVA (que ha absorbido los establecimientos del propio banco, los de Caixa Tarragona, los de Caixa Manresa, y los de Caixa Catalunya) se reduce a 17 oficinas en total.

Los problemas de los mayores

Las aplicaciones bancarias que ofrecen las entidades financieras permiten actualmente realizar todo tipo de operaciones desde un ordenador o un smartphone. Sin embargo, el objetivo de digitalizar toda la actividad del cliente choca con un perfil de usuario de edad avanzada que sufre verdaderas dificultades para adaptarse a este nuevo modo de interactuar con su banco, acostumbrado a gestionar sus cuentas de forma personal con un empleado de la sucursal.

Según los expertos, el objetivo estratégico de los bancos es reducir al máximo la atención presencial, y de hecho son cada vez más frecuentes las enormes colas para poder ser atendido en algunas sucursales, un fenómeno que disuade al cliente que busca un trato personal. Según algunas asociaciones de defensa del cliente, este deterioro del servicio en oficina supone una presión intencionada para operar online, pero también conlleva una enorme carga para quien ya no se encuentra en condiciones de dar el salto digital.

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