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Tarragona tiene más enfermos de Covid-19 en la UCI que en la primera ola

Los pacientes críticos superan el registro de abril, cuando el Camp y el Ebre se salvaron del colapso total. Llegan las horas más duras de la tercera ola mientras los casos bajan en Primaria

Raúl Cosano

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Atención en la UCI del Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS EBRE

Atención en la UCI del Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS EBRE

Tarragona afronta las horas más graves de esta tercera ola con los hospitales prácticamente al límite y la sospecha de que este nuevo envite se parece más a la primera oleada, la de marzo y abril del año pasado, que a la segunda, entre octubre y noviembre. Tanto el Camp de Tarragona como las Terres de l’Ebre se salvaron, en aquel estallido de la pandemia, del total colapso hospitalario. La provincia fue, de hecho, una de las menos afectadas de España; el SARS-CoV-2 circuló menos, a pesar de la cercanía con Barcelona y toda su movilidad como un factor de riesgo en tanto que eventual propagador del patógeno.

Ahora, sin embargo, no es así. De hecho, las cifras de ocupación de UCI, el termómetro más certero de la situación, son peores en estos momentos que a principios de abril, los días del pico de aquella primera venida; bien es verdad que los hospitales están mejor preparados pero también es una realidad que los profesionales sanitarios, tras diez meses de lucha contra la Covid-19, están extenuados física y mentalmente.

Atrás queda el pico de abril

Las cifras muestran una comparación elocuente. Según los datos de ayer de Salut, había 83 personas ingresadas por coronavirus en cuidados intensivos en la provincia. La cifra sobrepasa los 73 pacientes en esas condiciones que había el 11 de noviembre, en la cresta de aquella segunda ola. Pero no solo eso, sino que superan incluso los registros de aquella primera ola durante el confinamiento domiciliario de la pasada primavera. El 6 de abril fue el pico en las UCI: 80 hospitalizaciones en total, un dato igualmente inferior.

En esa equiparación, es la región sanitaria del Ebre la que peor parte se lleva. En el Camp había por entonces 70 ingresados, por los 65 de la actualidad, mientras que en el Ebre había 10 y la cifra actual es de 18. Todo ello, además, mientras Salut no descarta ahora tener que derivar pacientes críticos de Tarragona a Bellvitge, al tiempo en que los hospitales activan los planes de contingencia para intentar, en lo posible, ampliar las camas de intensivos disponibles. Hay que tener en cuenta que esos balances son únicamente de contagiados de Covid-19. A eso hay que añadir el resto de enfermos que requieren cuidados intensivos.

Así, tanto el Camp de Tarragona como las Terres de l’Ebre viven momentos muy complicados por el desborde sanitario, a diferencia de aquella relativa excepción de la primavera pasada. Por entonces, regiones como Barcelona ciutat, Catalunya Central, Girona o Lleida estaban mucho peor que ahora; también pasaba eso en el global en Catalunya, que alcanzaba picos inasumibles de 1.500 pacientes en la UCI, frente a los 675 actuales.

Por lo tanto, la provincia hace tiempo que ha dejado atrás ese incierto privilegio de haber sido poco golpeada por el virus, para recibir con toda la crudeza el impacto de una enfermedad, ahora espoleada básicamente por la interacción social derivada de las fiestas navideñas. Solo hay que ver la evolución de las últimas semanas para apreciar la diferencia. Hace un mes, el 23 de diciembre, a las puertas de los primeros festejos, había 40 pacientes en la UCI en la provincia hospitalizados por Covid-19, la mitad que esos actuales 83. Fueron las propias autoridades sanitarias las que advirtieron de la llegada de una tercera ola como peaje a las fiestas navideñas. Es cierto que, en el caso del Ebre, a finales de noviembre, la cifra de ingresos en UCI por Covid-19 era mayor: 22.

Pero la presión no crece solo en la asistencia a aquellos contagiados cuyo cuadro se agrava. También el número de hospitalizados continúa creciendo. Ayer se comunicaron 18 ingresados más, hasta un total de 354 en los hospitales tarraconenses, que supera con amplitud la punta de 308 hollada a primeros de noviembre en la segunda ola. Por tanto, se están cumpliendo las previsiones, de forma que la situación sanitaria es heredera de los contagios producidos tras las tres semanas de fiestas navideñas y del empeoramiento de los perfiles más frágiles y vulnerables. En síntesis: los hospitales afrontan el tramo más complicado, mientras que hay indicadores epidemiológicos que empiezan a mostrar cómo la pandemia comienza a retroceder ligeramente. «Estamos viendo un descenso de casos diagnosticados durante estos días. La atención primaria es el primer lugar en el que se ven estas dinámicas», explica Jordi Daniel, médico de primaria en el CAP de Salou.

Una Rt por debajo de 1

La velocidad de transmisión ha descendido de 1 tanto en el Camp de Tarragona como en el Ebre, lo que significa que la epidemia se reduce en lugar de crecer, mientras que el riesgo de rebrote también baja. El alivio es solo relativo, puesto que los hospitales tardarán semanas en notar esa bajada de la incidencia y mucho más en desalojar las UCI, teniendo en cuenta que la media de estancia en intensivos ronda los 25 días y, por tanto, una vez se ocupa una cama, es muy complicado dejarla libre. El propio Departament de Salut está lejos de transmitir optimismo a pesar de esa incipiente –y leve– mejora.

Ayer no se notificó ningún fallecimiento en el Camp ni en el Ebre. A pesar de eso, las cifras son dramáticas. Si en diciembre, antes de las fiestas, había alrededor de 20 fallecimientos semanales en la provincia, la última cifa de Salut muestra un balance de 52, duplicándose las defunciones. Ese número de decesos supera al de la segunda ola, pero no a la media de la primera, cuando se llegaron a registrar más de 100 muertes a la semana.

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