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Tarragona votará si pone el lazo amarillo

Ricomà, nuevo alcalde. El líder de ERC llevará al pleno la decisión sobre los símbolos soberanistas

Octavi Saumell

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Pau Ricomà, ayer al mediodía, con la vara de mando en el balcón del Ayuntamiento de la Plaça de la Font junto a Carla Aguilar. FOTO: Pere Ferré

Pau Ricomà, ayer al mediodía, con la vara de mando en el balcón del Ayuntamiento de la Plaça de la Font junto a Carla Aguilar. FOTO: Pere Ferré

Pau Ricomà fue proclamado ayer, a las 12.44 horas, como nuevo alcalde de Tarragona. El político de Esquerra Republicana –el segundo más votado en las elecciones municipales del pasado 26 de mayo– toma de esta forma el relevo de Josep Fèlix Ballesteros (PSC), tras recibir el apoyo de la mayoría absoluta de un Saló de Plens que ayer estaba lleno a rebosar, con la presencia del Vicepresident del Govern, Pere Aragonès (ERC), así como de otros diputados y representantes institucionales.

«Mi convicción es clara, pero la posición de la institución debe decidirla la propia institución», asegura Pau Ricomà, alcalde de Tarragona

El nuevo máximo responsable municipal contó –como era de esperar– con los votos de los siete ediles de Esquerra, los tres de Junts per Tarragona y los dos de En Comú Podem y de la CUP para sumar los 14 sufragios necesarios para impulsar el histórico cambio, tras doce años de dominio socialista, los tres último de la mano del PP. El político, que está en el pleno desde 2015, se convierte en el cuarto alcalde de la Plaça de la Font tras la recuperación de los ayuntamientos democráticos, después de Josep Maria Recasens (1979-1989), Joan Miquel Nadal (1989-2007) y Josep Fèlix Ballesteros (2007-2019).

TGN, capital independentista

Históricamente, siempre se había considerado Tarragona como el territorio más complejo para el independentismo, situándola –además– como la capital de la hipotética Tabarnia que se puso de moda tras las elecciones autonómicas de diciembre de 2017. Por esto, el inesperado triunfo en la capital tarraconense supone, junto al asalto de Lleida, todo un punto de inflexión para los partidos soberanistas. Además, después de que Barcelona se quedara en manos de Ada Colau, ahora Tarragona es la ciudad catalana de mayor tamaño con alcalde de ERC, seguida de Lleida, Manresa, Vilanova y Blanes. Seguramente por ello, el número ‘2’ de la Generalitat no quiso perderse la ocasión de estar en Tarragona, un Consistorio donde hasta 2015 su techo de concejales había sido de dos, quedándose incluso durante varios mandatos fuera del pleno de la Part Alta.

«Trabajaremos para que la ciudadanía deje de ver al Ayuntamiento como una cosa lejana», dijo Carla Aguilar Cunill de En Comú Podem

«Ochenta años después, hoy Tarragona vuelve a ser republicana. Dejó de serlo por la fuerza de las armas y, ahora, lo es de nuevo por la fuerza de las urnas», indicó Pere Aragonès, quien se mostró convencido de que su formación presidirá también la Diputació.   

Por su parte, lejos de querer marcar territorio, el nuevo alcalde anunció su voluntad por llevar al pleno municipal la decisión sobre la posibilidad de colgar  en el balcón del edificio municipal de la Plaça de la Font alguna pancarta en defensa de los políticos presos o un lazo amarillo. «Mi convicción es clarísima y votaré porque así e pueda hacer, pero la posición de la institución debe decidirla la propia institución», resaltó Ricomà, quien evitó especificar cuando se podría realizar la polémica votación. 

Por su parte, la portavoz de En Comú Podem, Carla Aguilar Cunill, remarcó su voluntad por «construir una nueva Tarragona» que haga posible que «la ciudadanía deje de ver a las instituciones como una cosa lejana». En este sentido, la ya nueva primera teniente de alcalde del gabinete municipal –de solo 32 años– recalcó que su formación trabajará para «hacer posible que se gobierne de otra forma, con una igualdad real de oportunidades».

Los aires del cambio ya han llegado a la Plaça de la Font. 

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