Tarragona y el modelo circular como praxis para el desarrollo de una ciudad sostenible

Esta propuesta se basa en separar el crecimiento económico del consumo de recursos

VICENTE M. IZQUIERDO

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Los nuevos contenedores de Tarragona funcionan con tarjeta. PERE FERRÉ

Los nuevos contenedores de Tarragona funcionan con tarjeta. PERE FERRÉ

Endesa coche eléctrico

El planeta nos está dando ya señales de alerta, tenemos que hacer algo para detener ese modelo de consumo masivo que se produce sobre todo en las ciudades. #eCityMálaga quiere ser el primer ejemplo real de que este cambio de paradigma es posible, y lo es si todos trabajamos de la mano, entidades públicas y privadas”, ha señalado recientemente el director general de Endesa en Andalucía y Extremadura, Rafael Sánchez, quien ha recordado que “el modelo de ciudad circular en el que se desvincule el crecimiento económico del consumo de recursos y del deterioro ambiental es posible, y lo es a corto plazo, en 2027 #eCityMálaga será una ciudad circular”.

Y es que uno de los ejemplos a seguir en un modelo sostenible de ciudad es Málaga. Mediante el proyecto #eCityMálaga, se dará respuesta a los retos planteados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, el Plan de Acción por el Clima y la Energía Sostenible y el Plan de Acción para la Economía Circular de la Unión Europea, así como el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima en un horizonte de 5 años.

Este proyecto de Ciudad Circular sigue la senda de los proyectos eCity iniciados por Endesa y, en este caso, además, parte de la experiencia acumulada por el proyecto SmartCity Málaga que Endesa puso en marcha en 2009, así como su SmartCity Living Lab, laboratorio para desarrollar medidas de eficiencia, ahorro energético y gestión activa de la demanda de particulares, edificios y grandes clientes.

Vista panorámica de la ciudad de Málaga. ENDESA

El consejero de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades y presidente de Málaga TechPark, Rogelio Velasco ha remarcado recientemente que “se trata de un propósito ambicioso, pionero, que va a permitir, junto con el que ya se está llevando a cabo en el Parque Científico y Tecnológico Cartuja, situar a estos recintos a la vanguardia en sostenibilidad y eficiencia energética”. A su juicio, “el proyecto es una muestra de cómo se debe potenciar un espacio de desarrollo empresarial como ejemplo de sostenibilidad exportable a las ciudades en general”.

Dar una segunda vida a los residuos procedentes de la red eléctrica

Una de las empresas responsables de ayudar a amortiguar el daño al Medio Ambiente es Endesa. Entre otra de sus funciones, la compañía se encarga de dar una segunda vida a los residuos procedentes de la red eléctrica. Para poner cifras a esta cuestión, hay que fijarse en el hecho que Endesa dio una segunda vida a cerca del 98% de los residuos generados en su red de distribución durante el pasado año. Esto significa que se trataron más de 40.000 toneladas de materiales procedentes de las continuas labores de construcción, mantenimiento y mejora de la red eléctrica gestionada por su filial e-distribución que, entre sus activos, cuenta con unos 315.000 kilómetros de líneas eléctricas, el equivalente a dar casi 8 veces la vuelta a la circunferencia de la tierra.

El objetivo final es devolver estos residuos al ciclo de producción y consumo. Concretamente, se recupera el material metálico de los equipos de la red, baterías y acumuladores; se regeneran o dan nuevos usos a los aceites minerales utilizados en subestaciones eléctricas y se reciclan o recuperan metales y compuestos metálicos del cableado eléctrico.

A la hora de seleccionar los residuos que se pueden valorizar también se categorizan en especiales o no especiales. Se consideran especiales el aceite aislante y las emulsiones de agua con aceite de los transformadores, por ejemplo, de los que se consigue reciclar en torno al 90%. Por otra parte, se clasifican como no especiales la chatarra, aisladores, escombros, cableado eléctrico, postes de hormigón, papel y plásticos, entre otros, que tienen un porcentaje de reciclaje que alcanza prácticamente el 100%.

Tarragona, en el camino

La ciudad de Tarragona quiere apostar por una mayor sostenibilidad y, entre otros, por generar el mínimo impacto posible al Medio Ambiente. Para ello, hace unos meses puso en marcha una acción muy novedosa en un par de puntos de la ciudad.

Esta, que se puso en marcha el pasado 24 de agosto de este mismos 2021, es muy sencilla: Mediante una tarjeta o una aplicación móvil se pueden abrir los contenedores de la orgánica (el de color marrón) y el del ‘resto’ o de rechazo (gris). Una prueba piloto que arrancó en el barrio marinero de El Serrallo (9 contenedores) y en el de Cala Romana (14). Posteriormente, también se ha puesto en marcha en Bonavista y, poco a poco, se irá convirtiendo en algo mucho más usual en el día a día de los ciudadanos tarraconenses. En base a los resultados obtenidos se implantarán en el nuevo contrato, vigente a partir del 2023.

Este proyecto ha ido de la mano del concejal de Servicios Generales, Gobierno Abierto y Limpieza, Jordi Fortuny. Él está muy convencido de que esta nueva modalidad de reciclaje será beneficiosa para la ciudad y que, en definitiva, servirá para poder separar más y mejor los deshechos que se generan en la vida cotidiana.

Unas cifras para el optimismo

El beneficio de esta nueva medida está empezando a cuantificarse. Tal y como detalla el mismo Fortuny, tras la puesta en marcha de este nuevo servicio de cierre de contenedores, “se ha pasado del reciclaje del 33% a superar el 50%” en los tres barrios donde se ha aplicado y con expectatives de mejora. Eso significa que, de todo lo que se desechaba en el contenedor gris, ahora se recicla mejor.

Por normativa europea, se debería estar sobre el 55% en el 2025, por lo que todavía hay un largo camino por recorrer, aunque el Ayuntamiento se ha propuesto que el reciclaje “real” supere el 70%. “Es que es muy importante reducir la factura de la eliminación de estos residus y augmentar los ingresos por la valorización de los materiales a consecuencia del reciclaje”, remarca el concejal, quien tiene un segundo objetivo bien marcado. Este, no es otro que el de eliminar “definitivamente” los contenedores soterrados, un “lastre”, según el concejal, que le cuesta al consistorio “medio millón de euros al año”. El motivo, muy sencillo: “la cantidad de camiones que tienen que pasar por la misma calle para recoger la basura”.

Por todo ello, Tarragona sacará a licitación, muy pronto, la nueva contrata de la basura. La actual acaba en el mes de abril del año 2023 y los dos cambios, tanto el de la empresa que lo gestionará, como el de los nuevos contenedores, ayudarán a convertir la capital de la provincia en una ciudad más sostenible y respetuosa con el Medio Ambiente.

Más sobrecostes

De hecho, los sobrecostes que ha contabilizado el Consistorio no se acaban aquí. “Cada tonelada de residuos que se incinera cuesta 109 euros”, con lo que, a menos residuo mal reciclado, menos coste. Los pagos a la incineradora “también son muy elevados”, concluye un Fortuny que sentencia que “si conseguimos unir los dos proyectos antes nombrados con la reducción de incineraciones, llegaremos al win-win que buscamos”.

Los vecinos

Quienes mejor conocen el medio tarraconense son sus vecinos. Ellos són los que viven el día a día de la ciudad. Por ello, el Diari se ha puesto en contacto con una asociación de vecinos. Concretamente, con la de la Part Alta, el barrio más turístico de la ciudad, la zona antigua que nadie quiere perderse al pasear por Tarraco. Sergi Castillo es su presidente y tiene claro que el tema de los contenedores preocupa, ya que el reciclaje es sumamente importante para la convivencia.

“Tenemos contenedores masivos muy concentrados y no queremos contenedores llenos ni que se lance basura a la calle”, argumenta, con lo que reclaman mejoras en este sentido. El consistorio le ha comentado algunas propuestas, como la puesta en marcha de dicha tarjeta, aunque las estrechas calles y las particularidades de este barrio lo convierten en uno de los más complicados, a la par que clave para el buen funcionamiento de la ciudad.

“Aquí vive mucha gente y también hay restauración, con lo que necesitamos buenos puntos y efectivos para poder dejar la basura”, tal y como explica un Castillo que destaca que dicha tarjeta “puede ser complicada de entender para la gente mayor”. Por todo ello, aparte de “más contenedores y más limpieza en la zona”, hace falta, según el presidente de la asociación, “una buena campaña informativa” para poder educar a la gente. A su vez, “las personas tenemos que concienciarnos cada vez más de la importancia de reciclar, para nosotros mismos y para el bien de todos”.

“Queremos y necesitamos más servicios”, concluye un Sergi Castillo que espera novedades en los próximos meses para poder seguir haciendo grande la ciudad.

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