Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

"Te alquilo mi piso gratis a cambio de reformas"

Es la nueva fórmula para el difícil acceso de los jóvenes a la vivienda. En Tarragona proliferan los anuncios de propietarios que ofrecen inmuebles a inquilinos ‘manitas’ que los rehabiliten

Raúl Cosano

Whatsapp
Cal Pobre, en Tarragona, es uno de los proyectos en los que los inquilinos hicieron reformas a cambio de permitirles utilizar el espacio. Foto: DT

Cal Pobre, en Tarragona, es uno de los proyectos en los que los inquilinos hicieron reformas a cambio de permitirles utilizar el espacio. Foto: DT

Un anuncio en Reus: «Si quieres vivir en un loft en el centro se alquila este que está por reformar. Tenemos todo el material para iniciar reforma pero si eres capaz de hacerlo tú te lo damos y el coste de la mano de obra te lo descontamos de las mensualidades».

La propietaria prefiere no acometer la reforma necesaria para ofrecer el piso. «Ahora mismo no me va bien porque estoy trabajando. No es tanto una cuestión de dinero sino de que no tengo tiempo de hacerlo. La idea de hacerlo así salió de mí. Tengo el material comprado y preparado. La persona que entrase lo podría reformar a su gusto», cuenta ella. 

El anuncio concreta lo que hay que hacer en esa estancia pequeño, de un baño y con una superficie de 26 metros cuadrados: «Es colocar suelo, cambiar muebles de cocina, colocar ventana de aluminio y pintura, básicamente. El sistema eléctrico está bien». 

Ahorrarse varios meses de paga
Sobre el papel las dos partes –ya se han interesado varias personas por la oferta– salen ganando. La dueña se reserva la inversión inicial –no sólo el dinero sino la inversión en esfuerzo y en tiempo– y el inquilino se ahorrará varias mensualidades gracias a su mano de obra. «El contrato es por un año, pero prorrogable. La idea es que en función de lo que haya costado todo, mano de obra incluida, el que entre a vivir se pueda ahorrar varios meses de paga», cuenta ella, que calcula que en un fin de semana puede llevarse a cabo la mayor parte de la rehabilitación del piso. Con ello, el inquilino dejará de abonar durante varios meses la renta de 300 euros que está estipulada. 

"No tengo tiempo para rehabilitar. Yo le doy el material al inquilino y que reforme a su gusto"

En Amposta hay otro ejemplo de un piso con trastero y terraza: «Alquiler gratis por contrato. Por trabajos de reforma, cocina, baño y pintura. Trabajo para manitas. Se facilitan las herramientas. Se paga todo lo necesario».  

La opción de arreglar viviendas a cambio de residir en ellas prolifera en Tarragona, como una suerte de masovería urbana, la tradicional forma de vivienda alternativa: vivir en una masía gratis a cambio de reformarla, de cuidarla y de mantenerla. 

Ese formato, hasta hace un tiempo muy vinculado al ámbito rural, ha llegado ya al centro de las ciudades para mitigar, en parte, el complejo acceso de los jóvenes a un piso. En algunos municipios, además, se ha articulado como proyecto municipal, cobijando a grupos de jóvenes en algunos edificios a cambio de las reformas y el mantenimiento. 

Ante el estallido de la burbuja inmobiliaria y su impacto, muchos colectivos sociales han estado buscando formas alternativas, más solidarias y sostenibles de garantizar su derecho a la vivienda. Ahí es donde resurge la masovería urbana, que también es ofrecida por algunos particulares. 

"Alquilo gratis por trabajos de pintura y reformas en cocina y baño. Se facilitan las herramientas y se paga todo lo necesario"

La idea es que el propietario de un edificio o vivienda desocupada ceda el derecho a vivir en su propiedad a una persona o grupo de personas que a cambio de no pagar alquiler, se comprometen a reformar y mantener la vivienda en buenas condiciones.

Un beneficio recíproco
En realidad, es un sistema que beneficia a ambas partes: por un lado, permite que personas sin recursos encuentren alternativas a la vivienda más allá de la propiedad protegida, que además escasea; por el otro, le brinda la oportunidad al propietario de garantizar que su propiedad recibe un mantenimiento a la vez que contribuye a un fin social. 

Algo parecido se ha aplicado en Cal Pobre, el palacete de la Part Alta de Tarragona que se emplea como casal cívico, con una intensa agenda de actividades, y que ahora está amenazado de desahucio.

La plataforma que impulsa este peculiar inmueble patrimonio de la ciudad –y también llamado La Casa Bertran– defiende su labor: «Supone la reutilización de un espacio abandonado y en desuso y, en consecuencia, contribuye al cese del normal deterioro a que estos edificios se ven sometidos. Además, se lucha contra la proliferación de plagas que pueden afectar al resto del vecindario y posibles actos de vandalismo ya existentes en el pasado».  

A base de eventos como música en vivo, conferencias, cine a la fresca, cursos, talleres, asambleas y reuniones de entidades sociales y medioambientales, se consigue restaurar el espacio. 

Dificultades para emanciparse
En Tarragona hay otra iniciativa planificada y en marcha, la del Col·lectiu MUT (Masoveria Urbana Tarragona)
, integrado por tres jóvenes tarraconenses estudiantes de arquitectura y de ingeniería electrónica, «con dificultades para emanciparse y con inquietudes para explorar alternativas al alquiler convencional». 

El proyecto se define como «una solución habitacional segura para los diferentes grupos sociales que hoy en día, principalmente por motivos económicos, se encuentran excluidos de uno de sus derechos constitucionales básicos: un techo». 

El punto de partida es un inventario de viviendas y una detección de aquellas zonas y barrios en degradación con necesidad de rehabilitación de muchos inmuebles. Sus impulsores defienden las bondades de este proyecto: incremento del valor de la propiedad, ahorro económico para una inversión de futuro, reactivación y mejora de los barrios degradados. Sobre el papel, se reduciría una lacra actual como es la usurpación de inmuebles, en parte en manos de las mafias. 

En Barcelona existen varios casos de masovería urbana como el proyecto MULA de Can Baró, en el barrio de Horta-Guinardó, donde un grupo de jóvenes quiere rehabilitar un chalet modernista de 1924. En las comarcas de Girona, la Fundació Servei Gironí de Pedagogia Social (SerGi) promueve contratos de masovería para que personas con pocos recursos puedan acceder a una vivienda digna. En Sant Cugat, el ayuntamiento apoya esta forma alternativa de acceso a la vivienda ofreciendo asesoramiento e información a los interesados que buscan seguridad jurídica, a través de la Oficina de Vivienda. En Lleida, hay varios jóvenes reformando tres pisos para entrar a vivir. 

Temas

Comentarios

Lea También