Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Todo fue un sueño

Diario de campaña. Soraya dice que el Procés fue un ‘fake’. Alejandro, que era Matrix. ¿Puigdemont en ‘El show de Truman’? Desdeñar al soberanismo con discursos así no ayuda

Raúl Cosano

Whatsapp
En primer plano, Josep Lluís Cleries, del PDeCAT, asiste a la comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno, este lunes en el Senado.   Foto: EFE

En primer plano, Josep Lluís Cleries, del PDeCAT, asiste a la comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno, este lunes en el Senado. Foto: EFE

Pues sí, resulta que el Procés era un ‘fake’, una noticia falsa, una farsa, un engaño. Lo dijo ayer la vicepresidenta Soraya. Le faltó añadir que todo había sido un teatrillo, una broma de Buenafuente que se nos había ido de las manos, como mandar a Chikilicuatre a Eurovisión o como el troleo aquel de Forocoches que colocó al esperpéntico John Cobra en Televisión Española. 

Así liquidó la vicepresidenta las aspiraciones legítimas de más de dos millones de catalanes, las manifestaciones multitudinarias que se llevan haciendo desde hace más de seis años, la movilización en la calle, el Parlament de mayoría independentista, el anuncio de que se haría un referéndum. Todo era falso, un montaje, una performance grandota de la Fura dels Baus. Puigdemont fue Jim Carrey en ‘El show de Truman’ o Ricardo Darín en ‘Nueve reinas’. 

Pero no es cosa solo de Soraya llevar a la ficción lo sucedido. «Vivían en Matrix y ahora han chocado con la realidad», ha dicho Alejandro Fernández, el candidato por Tarragona. Ya estamos a un paso de terreno pantanoso, y de meternos en el jardín del mito de la caverna –no comparar aquella República platónica con la pretendida de ahora–. Ya tenemos al Procés inteligible y al proyectado en sombras, aunque bien es verdad que hay distancia entre lo que llegaba a la ciudadanía y lo que realmente pasaba. «La peor de las deslealtades ha sido contra los catalanes que legítimamente pueden sentirse independentistas. Es a ellos a quienes hicieron creer que era casi una realidad lo que no dejaba de ser una enorme representación, un episodio simbólico, un Procés basado en la posverdad en la que las falsedades no solo viajaban por la red, sino también en coche oficial», dijo Soraya. No tardó Marta Rovira, la líder de ERC, en responder. «Si el proceso independentista ha sido un ‘fake’, ¿qué hace Oriol Junqueras en prisión?». Así, vamos hacia la constatación de que no se ha entendido nada, de que seguimos igual, con los trenes humeantes en las vías tras el tantas veces mencionado choque. 

Bien es verdad que nadie estaba preparado para la dimensión y el desenlace del Procés –la DUI, por ejemplo–, algo reconocido por los propios dirigentes soberanistas. Por supuesto que el país no estaba listo para asumir una independencia pragmática y efectiva, pero de ahí a considerar una mentira («un fake en toda regla») lo sucedido dista un mundo. La DUI pudo ser una representación, pero no así el Procés, y rebajarlo de esa manera es cometer el mismo error de siempre, desde hace años, y desdeñar el brutal empuje social de los independentistas, un fenómeno inapelable que inevitablemente legitima. 

Soraya, en un momento dado, se vino arriba, y sigue instalada ahí. Venía de sugerir este fin de semana la inexistencia de una separación verdadera de poderes, cuando se vanaglorió de que el Gobierno había conseguido descabezar al independentismo. 

Esta vez, mientras defendía el 155 en el Senado, replicó que había sido el independentismo lo que ha «descabezado» a la Generalitat; todo ello, en una cámara alta que se convirtió en un espacio electoral aprovechado por todos los partidos. Está claro que, a estas alturas, el artículo 155 fue menos ‘fake’ que el punto y seguido del Procés, que según algunos sigue siendo un sainete, pese a que es bien real y pese a que una gran parte de la sociedad catalana está a favor de la independencia. El resto es fuego cruzado, artillería de campaña, anclarse en el bloqueo y emperrarse en no ceder ni un ápice. Rebajar el Procés al final de ‘Los Serrano’, donde se ve que toda la serie fue un sueño, no soluciona el problema. 

Temas

Comentarios

Lea También