Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Todos a sus puestos... Los que reciben el año al pie del cañón

Hoy, mientras la ciudad se come las uvas, un contingente humano seguriá trabajando para cuidar, mantener la seguridad y, cómo no, garantizar la diversión. Así serán sus guardias

Norian Muñoz

Whatsapp
Marc Campdepadrós en el parque de bomberos de Tarragona, será su primera nochevieja de guardia. Foto: Pere Ferré

Marc Campdepadrós en el parque de bomberos de Tarragona, será su primera nochevieja de guardia. Foto: Pere Ferré

Enterarse del inicio de las campanadas, seguir el ritmo para comerse las uvas a tiempo... A las 12 de la noche la mayoría de los tarraconenses muy probablemente aparcará sus preocupaciones por unos minutos para ocuparse de estos pequeños dilemas y, a ser posible, para abrazar a la familia. Pero mientras lo hacen, un grupo de trabajadores seguirá al pie del cañón para garantizar que, aunque parezca que todo queda en suspense por unos minutos, las cosas en la ciudad sigan funcionando. Son una pequeña legión silenciosa y hablamos con un puñado de ellos para ver cómo serán sus guardias.

Guàrdia Urbana, la fiesta en paz
El sargento José Gázquez será el jefe de turno esta noche en la Guàrdia Urbana de Tarragona. No es la primera vez que trabaja este día. Su familia está acostumbrada, que no resignada. No olvidará, por ejemplo, el fin de año de 1999 a 2000, cuando se esperaba una especie de catástrofe causada por los ordenadores por el cambio de siglo. Aquella vez, recuerda, en la comisaría se comieron las uvas hasta el jefe de la Guàrdia Urbana y el concejal de turno... Y al final no pasó nada.

Las noches de fin de año, apunta, suelen ser más bien tranquilas; los problemas arrancan entrada la madrugada, cuando comienzan los desplazamientos y los accidentes, las riñas, los móviles robados y los contenedores quemados. La cabo que le acompaña recuerda, de hecho, que estarán haciendo controles de alcoholemia en la ciudad, igual que los Mossos d’Esquadra, durante esta noche y en la madrugada.
En Año Nuevo aumentan también los avisos para ir a domicilios porque hay una riña familiar o por violencia de género, aunque, apunta, esta es una tendencia durante todas las fiestas.

Hoy, como el 31 ha caído en domingo, la Guàrdia Urbana ha reforzado el personal no sólo previendo los efectos de las fiestas de fin de año, sino también otros actos con gran afluencia de público, como el Home dels Nassos o el baño de San Silvestre. Aquí cenarán de cátering, que, por estas fechas, será un poco especial. Se sentarán juntos los que puedan en función de los servicios que tengan a esa hora.

Una sonrisa desde los pasillos del hospital
Gonzalo Sirgo, médico intensivista, será jefe de guardia en el Hospital Joan XXIII esta noche y le quita, de entrada, cualquier dramatismo a trabajar en Nochevieja. Dice que este día «te permite estar en el lugar que quieres estar con la profesión que has elegido». Cuenta que, aunque suele ser una guardia normal, se siente tranquilo ante los posibles imprevistos que se puedan presentar. 

Rememora que ha sido un año duro, con los atentados de Cambrils por medio. Aquellos días demostraron, asegura este asturiano afincado en Tarragona, que ante las emergencias «en el hospital hay una capacidad de reacción envidiable. Estoy orgulloso».

Y, aunque su trabajo sigue igual, reconoce que los pacientes y sus familias sí que viven un momento distinto cuando tienen que estar en el hospital en fechas señaladas, así que, asegura, hay que ser aún más cuidadoso y empático a la hora de transmitir las noticias.

Marisa Pedrol, supervisora de guardia de enfermería esta noche, le da la razón; la mayoría están más alegres, aunque también se ve que estas fechas pesan entre los que no tienen familia que les acompañe.

Gonzalo Sirgo y Marisa Pedrol, de guardia en Joan XXIII.  Foto: Pere Ferré  

Respecto a su propia familia, Pedrol dice sonriente que «están acostumbrados, viene con el pack». Ella y sus compañeras, si el trabajo lo permite, se toman las uvas juntas, aunque alguna vez ha sido imposible porque justo en ese momento un paciente les llamaba. Hacia las 2.30, si la cosa se calma, hacen un poco de pica-pica rápido.

Y aunque están trabajando, muchas se ponen algún elemento festivo en la indumentaria. Además los pacientes reciben un menú especial. Hoy toca crema de bolets, salmón al cava, turrones y polvorones. Mañana también habrá menú especial.

Primeras uvas con los bomberos
Para Marc Campdepadrós será su primera Nochevieja de guardia en el Parc de Bombers de Tarragona; es de la nueva promoción que ha entrado al parque. Sus compañeros no le han dicho que sea una guardia muy distinta a las demás, puede que haya algo más de trabajo pero es algo impredecible, destaca. Reconoce que por estas fechas apetece estar con la familia y los amigos, pero también cree que es una alegría poder celebrarlo con los compañeros porque supone que después de años de pruebas y esfuerzo ha conseguido su meta de llegar hasta aquí.  
Los bomberos cocinan ellos mismos en el parque durante las guardias, así que se espera que hoy haya algo distinto, aunque cuando hablamos con Marc todavía no estaba decidido el menú. Que consigan sentarse todos juntos también es impredecible. 

La juerga de unos es el trabajo de otros
Además de los servidores públicos que están presentes en el imaginario colectivo este día, como policías o conductores de ambulancias, hay otro contingente que, con un cometido bien distinto, sigue esta noche al pie del cañón, como cocineros, camareros, y quienes tienen relación directa con la fiesta. Es el caso de Lucas García, que tiene 31 años y des los 18 no recuerda haber pasado ninguna nochevieja en casa. Lo tiene más que asumido: «Mi trabajo es hacérselo pasar bien a la gente».

Este año es uno de los organizadores de la fiesta de fin de año de la TAP. Escucharán las campanadas por los altavoces del recinto y él se tomará las uvas, como el resto del equipo, cada uno en su puesto, porque abren puertas justo a continuación y en ese momento ya habrá gente esperando para entrar.
 
Las gasolineras tampoco paran
Y de los consultados para el reportaje hay uno que se libró, casi a última hora, de trabajar esta noche por cuarto año consecutivo. Es Paco Fernández, que hace el turno de noche en la gasolinera de El Serrallo. Contrario a lo que se piensa, esta noche hay mucho trabajo, dice. «El año pasado tardé una hora en comerme las uvas». Relata que este día mucha gente, a pesar de estar de fiesta, viene con muchas prisas. Este año le sustituye un compañero.

Temas

Comentarios

Lea También