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Trabajar 12 horas al día para ganar 400==euro== al mes

Los trabajos denigrantes se extienden por Tarragona

Raúl Cosano

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Foto:  Pere Ferré

Foto: Pere Ferré

Son las sombras de la recuperación del mercado laboral. Si bien es verdad que ahora es más fácil conseguir un empleo que hace un año, sigue siendo complicado mantenerlo y, en segundo término, que sea de calidad. Mientras el empleo va recobrando el pulso, la precariedad se enquista en sectores por otra parte claves de la econonomía en Tarragona, como la hostelería o el turismo.

La mejora del mercado laboral, esgrimida por el Gobierno como baza política, deja algunas dudas sobre la calidad del empleo generado. Ahí está la principal objeción a un mercado de trabajo que aumenta cuantitativamente, a la espera de hacer frente a dos de sus males cronificados: la precariedad y la temporalidad. Según los datos del Servicio Público de Empleo Estatal, uno de cada tres contratos en Tarragona dura menos de un mes. Por otra parte, únicamente el 6% son indefinidos. Son sólo dos pinceladas para un panorama crudo hecho de testimonios de la precariedad: exceso de horas, salarios bajos, pagos del sueldo en ‘B’ por parte del empleador, pérdida de cotización, autónomos que en realidad deberían estar trabajando por cuenta ajena, vidas laborales recortadas, encadenamiento de contratos cortos de unos pocos días o incluso horas y, rizando el rizo, casos en los que el trabajador se ve obligado a devolver parte de lo que ha cobrado de forma legal y declarada. La radiografía de los abusos es amplia y heterogénea. Bruselas ha incicido en varias ocasiones en el uso generalizado que hace España de los contratos temporales, asociados en su último informe a un elevado riesgo de pobreza. La temporalidad del empleo se ceba con sectores como la restauración, la agricultura y los servicios.

"Devuelvo en B a mi jefe parte del sueldo" 

Una chica que trabaja como camarera en un bar de un barrio de la periferia de Tarragona padece el último giro de tuerca de la explotación laboral más denigrante para muchos: cobrar un sueldo más o menos digno pero tener que devolverle una parte al empresario en negro en virtud de un acuerdo alcanzado previamente. La empresa tiene que pagar en A una cantidad por encima del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), ubicado en 707,6 euros, para no tener problemas, pero luego reclama al trabajador cada mes la devolución de parte de lo que ha cobrado. «Eso era algo que se hacía algunas veces con temporeros, pero ahora se está empezando a ver en la restauración, en bares, sobre todo. Está sucediendo cada vez más y es algo muy preocupante», alerta Paco López, del sindicato UGT.

«Es un truco peligroso pero la gente acepta y traga, y muy pocos denuncian, pocos se atreven a alzar la voz o a rechazar lo que les ofrecen porque es a veces lo único que tienen. Muchos trabajadores son esclavos de sus condiciones», indica López. Esta práctica, hasta ahora poco habitual, está proliferando cada vez más.

"De 900 euros, 700 eran en negro"

A sus 19 años, esta chica tarraconense que alterna empleo y estudios ya ha probado de sobras la precariedad en sus propias carnes: «Ahora estoy mínimamente bien, pero durante un tiempo trabajé para una empresa que vendía textil al por mayor. Estaba sin contrato y hacía más de ocho horas diarias». Al cabo de dos meses, por fin, consiguió un contrato: «Era de ocho horas a la semana, y en realidad hacía casi 50. Tampoco podías protestar ni quejarte porque sabías que te ibas a la calle y que vendría otro. Yo necesitaba el dinero para poder seguir estudiando». Esta joven cobraba 200 euros fijos y el resto a razón de cinco euros la hora. «Al final mi sueldo, que variaba, podía quedar en unos 900 euros, pero de esos, 700 eran en negro, sin declarar». Es una práctica muy común, sobre todo en ámbitos como la hostelería. «En otros trabajos me han hecho el típico contrato de un año de prueba. Trabajaba 10 horas semanales y luego hacía horas extras que me pagaban en negro».

"Me contratan por 20 horas y hago 60"

Los sindicatos denuncian la proliferación del llamado ‘modelo 20-40-60’, que consideran como una perversión, una distorsión cada vez más institucionalizada en algunos sectores. «Me contratan por 20 horas, me están pagando por 40 y al final de la semana acabo trabajando unas 60. Continúas en esto porque no tienes otra cosa, a la espera de que me salga algo más», denuncia resignado un trabajador de Tarragona que prefiere mantener el anonimato para no sufrir represalias en su empresa.

Se trata de un sistema que abunda especialmente en sectores claves de la economía en la provincia como la hostelería o el turismo. Es uno de los modelos más lesivos, puesto que supone cometer una serie de irregularidades. En primer lugar, no se está cotizando correctamente. Hay una parte del salario que se está pagando en negro. La persona en cuestión es contratada únicamente por 20 horas pero las otras 20 que le son abonadas se remuneran siempre en B. Ni se declara ni se cotizan. Las otras 20 restantes, hasta llegar a las 60, no se pagan en muchas ocasiones. Es un modelo asociado habitualmente a trabajos temporales.

Encadenar 30 contratos anexados en una temporada

Otro escenario que muestra la precariedad extrema atañe a la situación del trabajador esclavizado o siempre disponible. El empleado es contratado sólo por un fin de semana. Únicamente va a trabajar dos días. Y, a partir de ahí, acude con cuentagotas: un día va dos horas, otro día tres... El empresario sólo contrata en momentos de mucha rentabilidad o, por decirlo de alguna manera más gráfica, sólo cuando entran clientes.

También se trata de una perversión en auge, puesto que la empresa sustituye un contrato indefinido por pequeños contratos que duran muy poco. En Tarragona se han llegado a ver hasta 30 anexos a un contrato de una temporada de verano.

De esa forma, el empleado está siempre a disposición de la empresa, que va haciendo promesas de que en un futuro será contratado por más tiempo en cuanto el negocio así lo permita. La compañía logra que así sea más barato despedir, llegado el momento. Según algunas voces, también se trata de una práctica que ha sido común en el ámbito de la salud. Auxiliares o enfermeros han sido contratados sólo por un día o incluso por dos horas, sobre todo en la época de recortes por parte de las administraciones en la sanidad pública sufridos en estos últimos años. Catalunya no ha escapado a esa tendencia.

400 euros al mes por trabajar 12 horas al día

«Yo no tengo trabajadores, sino máquinas de hacer dinero», dijo un día un empresario de Tarragona en el ámbito de la restauración. Uno de sus empleados denuncia ahora prácticas abusivas. Entró en la empresa como ‘sin papeles’, fregando platos por un sueldo de 400 euros al mes y jornadas de trabajo que, en ocasiones, alcanzaban las 12 horas. Ahí comenzó un calvario que se prolongó durante más de diez años, hasta que fue despedido en 2016.

«Estaba dado de alta en sólo un 15 por ciento de la jornada laboral. Entonces presenté una reclamación de cantidad y me dieron el 30 por ciento de la jornada», explica él, uno de los ejemplos más claros de explotación.

Otro muestra de sus condiciones es indicativa del volumen de horas realizadas. Por un contrato de cuatro horas a la semana, él hizo jornadas que empezaban a las 11.30 horas y terminaban a las 16.00 h. Por la tarde, la jornada se reiniciaba a las 19.30 horas y podía acabar a la una de la mañana, una vez concluía todo el trabajo pendiente. En total, un cómputo de más de nueve horas al día.

Hacer salir por detrás al trabajador si hay inspección

Más allá de la afectación directa sobre los trabajadores en precario, algunos testimonios revelan las prácticas denigrantes que realizan algunos empresarios y propietarios de negocios. «En el local tienen una salida alternativa para los trabajadores que en ese momento no están dados de alta por ser ilegales», denuncia un extrabajador de un restaurante de Tarragona. Se trata de una solución de urgencia por si hay una inspección de trabajo en busca de irregularidades. De esa forma, los empleados en situación ilegal no son detectados.

Otras prácticas no suponen una afrenta directa a las condiciones del empleado, pero sí denotan una praxis que fomenta la economía sumergida. Se trata de la utilización de sistemas de contabilidad en B, el llamado ‘software phantom’.

En los últimos años las diferentes administraciones han perseguido con insistencia este tipo de fraudes aumentando las inspecciones en algunos sectores.

A esa actividad en B se añaden otros comportamientos fraudulentos. «A veces los administradores iban a última hora para anular aquellos tickets que habían sido pagados en efectivo y embolsarse así las ganancias completas sin declarar ese dinero», añade el exempleado de un negocio tarraconense.

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