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Tradición y oficio vuelven a la Part Alta de Tarragona con el Mercat Medieval

Los alrededores de la Catedral de Tarragona, acogen, desde el viernes por la tarde, la edición número 22 del Mercat Medieval. Una cita imprescindible donde encontrar productos artesanos y de calidad.

Amalia Alonso

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Los hermanos Mercadé muestran el oficio de forjador a las puertas de la Catedral de Tarragona. Foto: Lluís Milián

Los hermanos Mercadé muestran el oficio de forjador a las puertas de la Catedral de Tarragona. Foto: Lluís Milián

Una vez más, el Pla de la Seu y las calles que rodean la Catedral de Tarragona transportan a los ciudadanos y turistas a la época medieval. Paradistas provenientes de toda la provincia e incluso de otras comunidades acuden por ventidosava vez a la ciudad para ofrecer productos artesanales. Artículos de decoración para el hogar, bisutería, juguetes, ropa, plantas medicinales, fragancias, licores o productos gastronómicos, son algunos ejemplos de la amplia oferta de esta feria que ya se ha convertido en una cita imprescindible en el calendario de mercadillos anuales. Desde el viernes y hasta hoy, domingo, de 10 de la mañana a las 22 horas, los tarraconenses tendrán la oportunidad de conocer, degustar y comprar elementos que no se acostumbran a ver en los comercios corrientes.

Después de una semana de lluvia intermitente, el día soleado de ayer fue un motivo, más que suficiente, para que muchas familias salieran a dar un paseo por la Part Alta. El pasacalles con el grupo de música tradicional Kobla de Taudell y el malabarista de la bola de cristal de los Joglars de la Bota acabaron de poner en situación a los curiosos que remoloneaban por la zona. «El viernes vino bastante gente a pesar de ser un día laboral, pero hoy se nota más movimiento. Aun así, después del verano la gente se recoge antes», reflexionó Jesús Calvo, dueño de la parada Girasol, especializada en la elaboración artesanal de productos caramelizados. «Se ve algún que otro turista, pero la mayoría son clientes locales», añadió.

Distintas opciones para los más golosos de la casa, como bizcochos, buñuelos o rosquillas, pero también, por supuesto, para los aficionados al salado, como espetec, secallona, fuet y todo tipo de quesos. «Ofrecemos licores, tocinos, chorizos y pan de elaboración típica. Las bebidas a base de maceración y el embutido a base de sal, humo y tiempo», explicó Luís Miguelez, proveniente de Galicia. «Es la tercera vez que acudo a esta feria y la verdad es que al cabo de los años he encontrado una clientela bastante fiel», reconoció. Pero él no es el único; Víctor Arias, de Lugo, también cuenta con una parada donde da a probar y vende orujos gallegos bajo la marca Mal de Ollo. «Tenemos de casi todos los sabores: miel, fresa, limón, café, arroz con leche y, la especialidad, de chocolate blanco», comentó Arias. «Nuestros licores no son fuertes, la idea es que la gente los pueda saborear», aseguró. Durante la tarde, los viandantes pudieron disfrutar de una demostración de destilación artesanal de orujos gallegos.

Además de las habituales paradas, la feria incluye una taberna tradicional y una haima marroquí para tomar té y pastas típicas del país. También cuenta con una muestra de los oficios de pedrero y forjador. A las puertas de la Catedral, los artesanos muestran su manera de trabajar a los más curiosos. «Aprovechamos estas ferias para que la gente valore cómo se trabajaba hace 500 años», remarcó Oriol Mercadé. «Así, cuando vean un clavo en una puerta antigua, apreciarán el esfuerzo que supuso», aclaró Ramón Mercadé. Los hermanos Mercadé practican el oficio familiar, su abuelo fue forjador desde el año 1915, y son miembros de la Associació de Forjadors de Catalunya y Mestres Artesans reconocidos por la Generalitat. «Es una pena que, hoy en día, los oficios no reciban el apoyo suficiente. Últimamente, las ferias prefieren ocupar nuestro espacio con paradas que den más beneficio», se lamentaron ambos. «Nosotros no lo hacemos por negocio, lo hacemos para defender la importancia de los oficios tradicionales», aseguró Oriol. «Nuestra presencia aquí, hoy, en Tarragona, en un entorno tan especial como éste, es una satisfacción», coincidieron los dos hermanos.

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