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Treinta jóvenes con discapacidad pasan por el casal de Estela

Los usuarios de la Fundació Estela per a la Discapacitat tienen a su disposición este casal, donde junto a actividades de lúdicas y de ocio también repasan lo aprendido durante el año  

Anna Company

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Grupo de usuarios de la Fundació Estela de la Xarxa de Santa Tecla en una actividad en la piscina junto a los monitores. Foto: Tomàs Varga

Grupo de usuarios de la Fundació Estela de la Xarxa de Santa Tecla en una actividad en la piscina junto a los monitores. Foto: Tomàs Varga

Todos los usuarios y usuarias de la Fundació Estela per a la Discapacitat –ya sean de la Escola, del taller ocupacional o de la Llar Residència– tienen a su entera disposición el casal de verano que la entidad organiza durante estos meses de calor para facilitar la conciliación familiar y laboral. Nos desplazamos al barrio de Sant Pere i Sant Pau para conocerlo en persona y las risas y el chapoteo en la piscina nos anuncian que los chavales están disfrutando de una actividad muy refrescante. 

A pleno sol y con un sana envidia, les saludamos y Divina Viso, coordinadora de las actividades veraniegas de esta fundación adherida a la Xarxa de Santa Tecla, nos recibe con una sonrisa para explicarnos que «el objetivo del casal de verano es que los niños disfruten de su tiempo de ocio».
Mientras el fotógrafo capta los juegos acuáticos de los chicos, constatamos que el propósito del casal parece cumplido. Divina nos comenta que «gracias a las instalaciones de la Escola Estela, que incluyen piscina, muchas de las actividades propuestas por los profesionales se pueden llevar a cabo en el mismo centro». 
Sin embargo, «esto no impide que se hagan otras fuera, como ir a la playa o a una salida con la golondrina Tarragona Blau, prevista para el próximo mes». Además, se prevé que otras entidades de la ciudad también colaboren con el casal de verano, como por ejemplo los Xiquets de Tarragona, que organizará un taller de castells para los chicos y chicas del centro.
«También intentamos hacer algunas salidas en la ciudad: ir a una terraza a tomar algo, por ejemplo», nos cuenta. La idea es ofrecer un servicio de conciliación para las familias que, habitualmente, no tienen un período de vacaciones tan extenso como los escolares y, a la vez, dotar de un espacio de ocio a «un sector al que le es complicado encontrar lugares para disfrutar de este tiempo porque siempre necesitan acompañantes. No existe demasiada oferta lúdica para chicos con discapacidad».

En el mes de julio sólo hay niños de la escuela y en agosto se incorpora el resto. Esto hace que, de la quincena de niños y niñas que hay en julio, llegue hasta los 28 en agosto. Divina atribuye la elevada demanda, en comparación con los primeros años, «al boca oreja de las familias».
Para facilitar la inclusión en las actividades que se llevan a cabo, los usuarios del casal de verano se dividen en varios grupos que van desde los pequeños no autónomos a los adultos más autónomos. «Programamos en función de las necesidades y capacidades de cada grupo y eso hace que haya actividades que se realicen conjuntamente y otras no», explica la coordinadora del casal. Esta división por grupos facilita también una mayor inclusión, que es uno de los objetivos principales del centro. «Cuando vamos a la playa con un grupo de amigos no vamos veinte personas, vamos en grupos reducidos. Tampoco llevamos camisetas todos iguales de colores porque parecemos grupos organizados y no es nuestra finalidad. Nosotros queremos que aprendan a moverse ellos solos y, por ello, también vamos en autobús e intentamos aprovechar todo lo que nos ofrece la ciudad».

Al ser niños y niñas que se conocen del curso lectivo, la relación es muy fluida y los profesionales, que también tratan con los niños durante el año, intentan dar continuidad a la tarea curricular desde el apartado más lúdico. «Intentamos que no se pierda durante el verano todo lo que hemos trabajado durante el curso», explica Divina, que recomienda siempre a las familias que, aunque sea durante algunas semanas, den continuidad a la tarea del curso llevándolos al casal de verano porque, si bien el servicio de verano no es como el curso, «desde el tiempo libre trabajamos aspectos curriculares», comenta Divina, educadora social especializada en el campo del ocio y que trabaja mano a mano Carolina Fernández, directora de la Llar Residència, y Elena Gómez, directoral del taller ocupacional de la fundación. «Somos tres profesionales de sectores diferentes (una es psicopedagoga y la otra pedagoga) que nos complementamos para cubrir todas las particularidades que se puedan dar en el casal», concluye Divina.

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