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Tristeza en Iqoxe en la vuelta parcial al trabajo

Cabezas bajas, rabia contenida y aflicción entre los empleados de Iqoxe, que han ido regresando a sus puestos. «La normalidad ya no existe y la incertidumbre es total», lamenta uno de los trabajadores de la fábrica siniestrada

J. DÍAZ/R. COSANO

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Operarios cerca de los accesos a la fábrica Iqoxe, siniestrada hace hoy una semana.  FOTO: ALBA MARINÉ

Operarios cerca de los accesos a la fábrica Iqoxe, siniestrada hace hoy una semana. FOTO: ALBA MARINÉ

Ambiente enrarecido y de tristeza en el regreso progresivo y parcial de los empleados a Iqoxe. Trabajadores de las otras plantas de esta empresa en el polígono sur han vuelto a su puesto, mientras luchan por reponerse del varapalo anímico tras lo sucedido hace justo una semana. «La planta de emulsiones sigue en marcha a su ritmo habitual porque no ha tenido ninguna afectación, está lejos de la zona en la que se produjo la explosión», explica un trabajador, que admite un ambiente de «cabezas bajas, tristeza y mucha rabia contenida».

«Solamente van a trabajar los de la planta de óxido para vigilarla», cuenta otro empleado, que describe así la complicada situación que afronta la plantilla de cara al futuro: «La normalidad ya no existe y la incertidumbre es total. Todo es demasiado complicado». Todo apunta a que la recuperación total irá para largo, y también desde el punto de vista psicológico, ya que la afectación es grave también por las pérdidas humanas y ha dejado a la plantilla muy tocada.

Otro empleado reconocía que esa situación incierta y la preocupación son inevitables y se prolongarán durante bastante tiempo. «En mi planta hemos estado los que nos tocaba y los de la planta siniestrada de momento no vienen a trabajar. Están mirando cómo montarlo para ver cuándo vienen, qué hacer, dónde se pueden cambiar...», explica un empleado. Algunos de ellos están golpeados mentalmente por la tragedia al tiempo en que sigue el convencimiento de que las cosas deberían haberse hecho diferentes y se mantiene un punto de vista crítico. «Todos sabemos que lo que sucedió era evitable: le contábamos a nuestras mujeres las condiciones en las que estábamos y no se lo creían, nos decían que exagerábamos y que siempre estábamos quejándonos», cuenta un empleado, que cree que un accidente como el que ha sucedido era una posibilidad que algunos contemplaban dadas las condiciones: «Ahora se ha demostrado que no era así y que la realidad ha superado nuestros temores. No nos ha pillado por sorpresa porque nos esperábamos que pasara algo, pero no tan gordo».

También han regresado los trabajadores a las oficinas de la compañía, mientras continúan pendientes las labores de limpieza y desescombro de la planta siniestrada el pasado martes. También esos trabajos se presumen costosos y duraderos en el tiempo.

«La precariedad en los puestos de trabajo era elevada en cuanto al número de gente, que estaba asumiendo más faena de la que debería», comenta un trabajador, que se añade al reguero de críticas vertidas durante los últimos días.

La versión de numerosos empleados de la firma y de los sindicatos, que alertan de que la precariedad ha ido en aumento, contrasta con el posicionamiento de la empresa. La compañía ha negado que trabajara al máximo de su capacidad de producción, así como las acusaciones de precarización de la plantilla. El consejero delegado de Iqoxe, José Luis Morlanes, defendió la semana pasada que la plantilla de la planta, integrada por 120 personas, «está ajustada» y que las retribuciones están por encima del convenio del sector, con un salario mínimo de 32.000 euros al año en el caso de un empleado que acaba de ingresar, y que llega a los 37.000 euros en dos años. Así, el directivo de la corporación negó que se pueda hablar de precarización laboral y que hubiera deficiencias en formación en prevención y riesgos laborales, al tiempo en que expresó su compromiso de mantenimiento del empleo.

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