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El Pont del Diable, el Bosc de la Marquesa y los yacimientos del patrimonio romano son algunos de los espacios con los que se han reencontrado estos días los tarraconenses

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Una familia paseando ayer por el Pont del Diable. 
FOTO: PERE FERRÉESTOS DÍAS EL ACCESO A LOS MONUMENTOS HA SIDO GRATIS. FOTO: PERE FERRÉ

Una familia paseando ayer por el Pont del Diable. 
FOTO: PERE FERRÉESTOS DÍAS EL ACCESO A LOS MONUMENTOS HA SIDO GRATIS. FOTO: PERE FERRÉ

Plantarse delante de la Catedral, sin tener la sensación de meterse en medio de decenas de fotos, y fijarse en los pequeños detalles como si uno estuviera en una ciudad completamente desconocida. Es uno de los pequeños placeres de esta Tarragona sin turistas que, después de más de dos meses encerrados en casa, hemos vuelto a mirar con otros ojos. Y es que, en estas primeras fases de la desescalada, muchos ciudadanos se han reencontrado con unas calles, unos monumentos y unos parajes, que por su proximidad hacía mucho tiempo que no visitaban.

Turistas en la propia ciudad. Es uno de los fenómenos que ha detectado Eduardo Soler, gerente de Limonium, empresa que gestiona el Parc EcoHistòric del Pont del Diable. «Tenemos la percepción de que sí, que está viniendo mucha gente por primera vez desde hacía muchos años, a pesar de que nunca hemos llevado un control en el número de visitantes y por tanto no podemos saberlo», decía. Este fin de semana estaba programada una visita guiada para contemplar la luna llena, identificar los sonidos de la noche y conocer algunas de las leyendas del Aqüeducte de les Ferreres. Una experiencia que se hizo las noches de viernes y sábado, con un gran éxito de asistencia.

«Hemos recuperado una actividad que en los últimos años no habíamos hecho, pero ahora, al hacerse en el exterior, que es más seguro, queremos potenciar», añade. Limonium hace seis años que empezó a gestionar este recinto. Soler asegura que hace aproximadamente un año estuvieron a punto de romper el contrato ya que estaban «decepcionados» respecto a las expectativas que esperaban. La situación ahora es completamente distinta. Se están programando actividades musicales y culturales de cara al verano para dinamizar la zona. «Es normal que, con las restricciones en las playas la gente busque otros experiencias, por lo que queremos darle un nuevo impulso», añade.

Loli García es una de las decenas de personas que ayer al mediodía se encontraba caminando por este entorno. «Hemos venido a pasar la mañana con los niños, porque ellos no habían estado nunca», explicaba. Naturaleza y patrimonio o patrimonio a secas. Esta última opción es la que escogió Carme Aubalat, que ayer paseaba por el Passeig Arqueològic. «Hace seis o siete años que no venía y ahora que no hay gente aprovechamos», decía. Desde que reabrieron los monumentos, en la fase dos, el Ayuntamiento permitía la entrada gratuita. «Ayer visitamos la Necròpolis, que no la conocía porque no había estado nunca y hoy hemos decidido venir a la muralla, que no había estado desde que me visitaron unos amigos de Asturias. Si eres de aquí no vienes», añadía.

El aforo máximo es de 300 personas. En la entrada, se daba gel hidroalcohólico a los visitantes, que tenían que salir por la puerta del Tarraco, de esta forma se evita que se crucen las personas que entran con las que salen. Estos días el 80% del público ha sido local.

Esther, junto a su marido Albert y sus hijos de cinco y tres años, fue una de las visitantes. «Tengo 39 años y no venía desde que iba a las Teresianes, que debía ser en el año 1995 o en 1996», decía. Paser por este espacio fue un «redescubrimiento». «Al final te preocupas tanto por ir a conocer otros sitios, que dejas aquello que tienes más próximo. Pero te das cuenta de que la gente ahorra durante todo el año para hacer estas vacaciones y lo tenemos al lado de casa», añadía. Equipada con la cámara de fotos, esta familia se disponía a pasar una mañana haciendo el turista por Tarragona. Y la siguiente parada era el Fòrum de la Colònia. «Mí madre vive al lado o sea que durante toda la vida he pasado por delante y no he entrado nunca», apuntaba.

La gratuidad ha sido un reclamo, lo que muchos tarraconenses desconocen es que tienen a su disposición un pase anual, que les permite acceder a todos los recintos municipales pagando 6,80 euros.

Más allá de los grandes yacimientos Patrimonio de la Humanidad, muchos residentes han aprovechado para visitar las casas señoriales como la Castellarnau y Casals. Durante mucho tiempo estuvieron cerradas por culpa de la falta de personal, por lo que su interior es una auténtica joya desconocida para la mayoría de los ciudadanos. De hecho, estos días han sido algunos de los espacios más concurridos. El aforo de la Casa Castellarnau es de diez personas, por lo que en algunos momentos incluso llegó a formarse una cola con más de veinte visitantes.

«Mucha gente viaja a Indonesia y en cambio no había entrado nunca, porque creen que ya tendrán la oportunidad», decía el responsable del Museu d’Història encargado de la entrada. Ha tenido que llegar una pandemia para valorar aquellos monumentos que cada año visitan turistas de todo el mundo o para volver a calzarnos las zapatillas y llegar hasta el Bosc de la Marquesa, a través del camino de ronda.

A partir de hoy, la gente de Terres de l’Ebre ya podrá visitar el Camp de Tarragona y viceversa. Arranca el tramo final hacia esta nueva normalidad en la que, por el momento, el turismo de proximidad deberá salvar la temporada. Para ello, desde el Patronat Municipal de Turisme de Tarragona se está trabajando a marcha forzadas para reorientar la temporada. «De hecho, el modelo que defendemos es el del turismo sostenible y de proximidad. Tarragona no puede ni debe asumir grandes masas, por lo que debemos dirigirnos hacia esta dirección», argumenta su presidenta, Laura Castel. Este organismo municipal busca captar «aquella gente de Barcelona o Girona, que a lo mejor conocen Salou y Cambrils, pero que nunca ha estado en Tarragona». Para ello tiene previsto impulsar una campaña promocional, para posicionar la marca Tarragona en el ámbito de Catalunya, el sur de Francia y el resto del Estado. Va a hacerse con una parte de los más de 200.000 euros que en los últimos dos años se destinaban al espectáculo Amfitatrvm, que este verano no podrá hacerse. «Será la campaña más bestia que hemos hecho», decía la edil republicana.

En esta misma línea, se están preparando paquetes comunes, con ofertas comerciales, turísticas y culturales para poder alargar la temporada y desestacionalizar. Un objetivo que, por otro lado, quiere potenciarse a partir de una oferta «potente» de cara al mes de noviembre, cuando se celebrarán los veinte años de Tarragona como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Finalmente, la gastronomía quiere ser otro de los ejes que quiere ponerse en valor. En este caso, los restauradores se están preparando para poder iniciar el Gastro Delirium a partir del 11 de junio y ya se está trabajando para las jornadas de los arroces, que arrancarán el 1 de julio.

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