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Turismofobia: Preocupación en la Costa Daurada

El sector teme que los ataques al turismo dañen la imagen que se da al extranjero. Hay inquietud por que ‘contamine’ pero también la convicción de que aquí no existe el problema 
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Masificación de bañistas durante esta semana en la Playa Larga de Roda de Berà, uno de los puntos neurálgicos del turismo en la provincia. Foto: Lluís Milián

Masificación de bañistas durante esta semana en la Playa Larga de Roda de Berà, uno de los puntos neurálgicos del turismo en la provincia. Foto: Lluís Milián

En la Costa Daurada no hay el menor amago de turismofobia, pero sí preocupación por que los episodios que han proliferado en Barcelona y otros puntos de España dañen la imagen de cara al exterior. El sector reivindica que la convivencia entre ciudadanos y turistas es correcta en la provincia y no genera roces, ni ahora ni en su larga tradición histórica como destino vacacional. 

Sin embargo, la inquietud existe y ha ido en aumento en las últimas semanas. «Siempre que se hable mal del turismo nos preocupa. Aunque no sea un aspecto que está en esta zona, sí puede perjudicar al reconocimiento del turismo. Es importante que la población reconozca el territorio como turístico y hay que buscar y encontrar un equilibrio. Aquí hay muchas familias que viven del turismo», admite Berta Cabré, presidenta de la asociación de campings de la provincia.

Los hoteleros piden prevenir antes de que sea tarde  y regular los pisos turísticos

«Aquí, de momento, estamos muy tranquilos», asegura Joan Calvet, presidente de la Associació d’Apartaments Turístics de la Costa Daurada. Para Calvet, la situación «comienza a ser preocupante»: «No nos reporta ningún beneficio. Parece que el fenómeno crece por la actitud de unos cuantos». 

‘Podría perjudicar’

¿Pero será capaz el turista foráneo de distinguir entre lo que sucede en Barcelona y la buena convivencia en el Priorat, Salou o las Terres de l’Ebre? «Aunque Barcelona es una marca muy potente, el turista ya sabe dónde va. Lo que sucede es un problema puntual de Barcelona, por un exceso de presión turística. Eso sí, a la larga podría perjudicar. Es igual que si hay un atentado terrorista en una ciudad. Acaba afectando a todas las destinaciones de ese país atacado», añade Calvet. 

Cabré, desde el sector del camping en Tarragona, afirma que «nuestra realidad es otra muy distinta»: «Nos preocupa que se vea el turismo de esa forma invasora. Tiene que haber un equilibrio en todo. Trabajamos con la marca Costa Daurada para que se perciba desde fuera que la realidad turística del país es mucho más compleja, amplia y diversa». 

José Luis Túnez, presidente de la asociación de agencias de viajes de la Costa Daurada, alude a la armonía que siempre ha existido en el territorio: «Aquí hemos vivido por y para el turismo. Barcelona no estaba tan acostumbrada y se queja de la masificación. Nosotros tenemos masificación y convivimos con ella». 

Recientemente, Octavi Bono, Director General de Turisme de la Generalitat, alertaba de los riesgos de la problemática, local pero con posibles repercusiones más allá: «Es un fenómeno muy circunscrito a Barcelona. Puede tener un efecto contaminante fuera, pero en el resto del territorio no existe esa percepción». 

Limitar los pisos turísticos

Otras voces creen que la turismofobia que hace acto de presencia en Barcelona es sintomática y, sin caer en el alarmismo, debe servir para poner al territorio en alerta, como afirma Xavier Jornet, presidente de la Associació d’Hotels de Tarragona: «Tiene un efecto de generar un debate en la opinión pública. Aquí no tenemos las características de Barcelona, por el tipo de establecimientos y por la cantidad de turistas, pero eso no quiere decir que no haya que controlar determinados aspectos».

Desestacionalizar  o revertir la tasa turística son modos de integrar el turismo en la zona

Jornet entiende el caldo de cultivo que ha generado esta aversión en la Ciudad Condal: «En Barcelona ha habido un exceso que ha hecho que algunas zonas se conviertan en barrios exclusivamente turísticos, cuando lo bueno es que haya una convivencia». El responsable hotelero apuesta en Tarragona «por perseguir mucho más los pisos turísticos ilegales y también regular el resto» para que no haya una excesiva proliferación en lugares indebidos: «Igual que tú no puedes poner hoteles en cualquier lugar, tampoco debe ser así con los pisos turísticos. Sólo con declararlos y registrarlos no es suficiente. Tiene que haber controles con coherencia, para que no haya un crecimiento desordenado. Se tiene que hacer con tranquilidad y reflexión, pero avanzando en esa línea y adelantándonos a lo que puede venir. Es algo que ahora no se está haciendo en Tarragona como se debería».

El nerviosismo también se apodera del sector en su punto neurálgico de la Costa Daurada. «Seguimos lo que sucede con preocupación. Obviamente no nos gusta ninguna acción que pueda hacer daño a nuestra actividad. El impacto económico e industrial que genera hoy en día el turismo es, sin duda, crítico para la economía catalana y de la Costa Daurada», diagnostica Xavier Roig, presidente de la Associació Hotelera Salou-Cambrils-La Pineda. 

Roig reivindica el papel clave del turismo por su aportación al PIB y a la generación de empleo. «Nos posicionamos en contra de todo lo que perjudique al sector, especialmente cuando se juega con la integridad física de las personas o con los equipamientos de cualquier destino turístico». 

Catalunya no es Barcelona

La entidad hotelera cree que la afectación sobre la marca Barcelona puede afectar al resto pero sólo relativamente. «Catalunya tiene muchos destinos diferentes. Entre ellos, Barcelona tiene un carácter propio muy definido, sin nada que ver con el resto», aporta Xavier Roig. «Sería absurdo que creciera una fobia hacia los turistas en lugares que son básicamente turísticos. A nadie puede extrañar que en Salou, Cambrils o La Pineda haya muchos turistas si son precisamente destinos para hacer turismo. Sería una contradicción en sí mismo». 

El posicionamiento de la marca Costa Daurada, con diferentes acciones de difusión internacional, juega a favor a la hora de no verse involucrado con la controversia que se vive en Barcelona. 

Más allá de eso, hay por delante un desafío, también en la provincia: la integración del hecho turístico. «Estamos trabajando en optimizar el desarrollo y la sostenibilidad del destino mediante un retorno de una parte del impuesto que genera la tasa turística del mismo territorio», dice Roig. Hay otro punto decisivo en esa sostenibilidad del turista: la desestacionalización, deseada por todo el sector. «Creemos que este debe ser el camino y estamos abiertos a todas las aportaciones que sumen en esta línea», concreta Xavier Roig. 

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