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Turno de noche: El ángel de la carretera

Antonio Pacheco es mecánico y gruista. Hace guardia las 24 horas y los 365 días del año. Duerme en la nave donde están sus grúas. Socorre averías. 'Para algunos, cuando llego, soy su salvador', dice

Raúl Cosano

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Antonio, con una de sus grúas en el Polígon Francolí de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Antonio, con una de sus grúas en el Polígon Francolí de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Antonio se ha acostumbrado a conocer a la gente en horas bajas. Son gajes del oficio. Él debe despachar psicología cuando llega con su grúa, a la hora que sea, a socorrer a un conductor. «Te encuentras de todo. Hay gente muy cabreada porque su coche se ha averiado. Otros se alegran de verte. Dicen:‘Ya llega mi salvador’».

Poco después del percance en carretera, este gruista cordobés de nacimiento pero afincado en Torredembarra aparece, a veces en mitad de la noche, a veces con frío, lluvia o nieve. Su presencia alivia a un prójimo casi siempre desesperado y lleno de rabia porque su coche le ha dejado en la estacada. «Relaja que lleguemos porque saben que vamos a intentar solucionar el problema», cuenta.

Otro mundo son los accidentes. Entonces Antonio procura aplacar el ataque de nervios o la ansiedad. Es casi una terapia. «Se le intenta dar ánimos a la persona. Se le dice que lo importante es que a él no le haya pasado nada, que el coche tendrá arreglo. A medida que hablas se van calmando un poco», reconoce.

Antonio, mecánico y gruista, lleva 20 de sus 58 años dedicados a recuperar vehículos de la carretera. Es propietario de Grúas Pacheco TGN, una firma que trabaja para las compañías de seguros y que cubre buena parte de la costa, desde Vilafortuny hasta Creixell. En su empresa él es el único que permanece siempre al pie del cañón. Está de guardia las 24 horas del día y los 365 días del año. Eso incluye, claro, las noches. «Se hace duro, pero te acostumbras. Es tu trabajo. Duermes si puedes. Hay noches en las que no te toca salir y otras en las que haces dos servicios y pierdes varias horas», comenta. Antonio dormita todas las noches en la misma nave donde descansan las cinco grúas de su empresa, en el Polígon Francolí. Un sofá es suficiente para reposar. «He aprendido a dormirme en cualquier situación y a aprovechar todos los momentos libres. Si no tengo servicio de 6 a 8 horas, duermo. No me interrumpe nada, aunque haya ruidos».

Antonio prefiere pernoctar en el garaje de su compañía para acudir antes al servicio. El cliente manda, y la asistencia debe ser lo más veloz posible. El margen para llegar al percance oscila entre los 35 y los 45 minutos. Si no, se atienen a las reclamaciones del conductor y, en última instancia, de la aseguradora. «Son muy estrictas. Al hacer balance sólo tienen en cuenta la opinión del cliente, que es quien paga», afirma.

Vive siempre pendiente del móvil. «Antes íbamos con una emisora y un busca. En este trabajo no se sabe nunca cómo va a ser el día, si vas a tener un servicio, dos, diez o ninguno. Si los coches se estropean, te llaman. Si no, no».

Por la noche suele haber menos trabajo. El que hay debe solventarse cuanto antes. «Algunas incidencias se pueden solucionar ‘in situ’. Otras no, y entonces tienes que remolcar el coche, llevarlo a nuestra nave y, desde allí, al taller». Hay, en todo esto, una parte amarga, la de aquellos accidentes más graves:«Normalmente llegamos más tarde, pero a veces están todavía los heridos, o los fallecidos dentro del vehículo. No es agradable pero tienes que hacerlo. Cuando los sacan, recoges el coche, que a veces está hecho un amasijo de hierros, y te lo llevas».

En el oficio se ve de todo. A veces se topan con un coche averiado y un conductor ebrio. «Te preguntas: ¿cómo es posible que haya conducido un coche si no se tiene en pie?. A veces somos nosotros los que llamamos a la policía», dice Antonio al anochecer. No sabe si esta vez habrá muchas salidas que le desvelen pero promete descansar al máximo:«Si tengo una hora libre, la duermo».

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