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Turno de noche: El conductor salvavidas

‘En la noche hay mucho infarto’, dice Francesc Ferratjes, técnico de emergencias sanitarias. De su pericia al volante de la ambulancia medicalizada depende llegar pronto y remontar una parada cardiaca, la parte más gratificante

Raúl Cosano

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Francesc Ferratjes, en la ambulancia. Foto: Pere Ferré

Francesc Ferratjes, en la ambulancia. Foto: Pere Ferré

De su destreza al volante dependen vidas. Llega el aviso y en dos minutos tiene que estar arrancando la ambulancia de Soporte Vital Avanzado (SVA). Francesc Ferratjes (Riudoms, 37 años) conserva el nervio y la alerta en su turno de 24 horas, que incluye la noche. «Tienes que estar con la emisora y el teléfono, siempre disponible. Sabes que hay días en que a lo mejor no comes o noches en las que no duermes», dice Francesc Ferratjes, técnico de transporte sanitario, un conductor acostumbrado a vivir con la emergencia, walkie talkie en mano. «Para salir te llaman tres veces por la emisora. Si no contestas, te reclaman al teléfono. Nosotros somos los responsables de las comunicaciones», cuenta Francesc. 

A partir de ahí se movilizan también el médico y la enfermera, todo ello contra el reloj para asistir cuanto antes al paciente crítico. «En dos minutos tenemos que estar subidos en la ambulancia. Estamos controlados por GPS. Si no, recibimos una sanción», cuenta. Llegar al lugar de la emergencia es otro cantar. El tiempo depende del tráfico: «Las noches suelen ser más tranquilas, aunque en verano se nota más actividad, por el incremento de la población en la costa». 

«Lo peor son los niños, y más cuando eres padre», dice. Los años ayudan a digerir mejor los tragos más amargos. «Cuando llegas a un accidente y ves que hay un niño en estado crítico es lo peor. Te afecta mucho más, sobre todo al principio», admite. Hay un mandamiento principal, una coraza para resistir ante el estrés y el golpeo emocional de la enfermedad y, en última instancia, de la muerte: «Nos volvemos fríos»

La parte más gratificante es, directamente, salvar una vida, el cénit de la realización personal. «Lo más bonito es volver a ver a un paciente que dejaste en el hospital. También ver que tu trabajo sirve, que has remontado una parada cardiorrespiratoria, que has llegado y el paciente estaba sin respirar y lo has conseguido dejar en la mesa de hemodinámica. Eso es muy buena señal». Francesc ayuda al doctor y a la enfermera. Sus labores son variadas, y van de monitorizar al paciente a cargar con la medicación. 

El gran desafío es con Francesc al volante: «Lo importante es llegar y lo intentamos hacer rápido. Llevamos vehículos prioritarios pero no podemos ir contra dirección ni saltarnos radares. Vamos rápidos pero sin asumir riesgos». Francesc enseña parte de la completa y carísima equipación (incluida medicación para crisis cardiacas que alcanza los mil euros) que tiene la unidad de soporte avanzado que ahora descansa en el Hospital Sant Joan, la base desde donde arrancan todos los servicios, también de noche. «Hay muchos infartos y mucho traslado interhospitalario»

En el primer caso la rapidez es aún más decisiva. «Hay pacientes a los que salvas que luego te buscan. Averiguan quién le asistió y te localizan». El agradecimiento y el mérito es siempre triple: «Estamos en un trabajo colectivo. El médico, sin el apoyo de un técnico, no podría hacer nada. Y cuando algo no sale bien, es lo mismo, es la culpa de los tres». 

Francesc ha aprendido a conciliar y a adaptarse a ese ritmo: jornada de 24 horas y tres días de fiesta: «El tiempo de trabajo es pesado pero te compensa. Luego te da mucha calidad de vida. Me permite hacer ciclismo, que es mi deporte como hobby». 

Para evitar el exceso de cansancio, si no hay emergencias se procura descansar a ratos, aunque cueste conseguirlo: «Estás siempre pendiente de la emisora y de que salga tu número. No puedes desconectar. Si escuchas la llamada, hay que correr».

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