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Turno de noche: El dj de Tarragona que incendió Ibiza

André Vicenzzo puso a bailar a 5.000 personas en Pacha. Ha llegado a pinchar cuatro días seguidos. A los 41 y padre de familia, este tarraconense que actuó en Amnesia o en el Ministry of Sound de Londres reformula su carrera: 'Procuro vivir también de día'

Raúl Cosano

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El discjockey y productor musical tarraconense André Vicenzzo, en plena sesión. Foto: J. Carlos Photo

El discjockey y productor musical tarraconense André Vicenzzo, en plena sesión. Foto: J. Carlos Photo

A André Vicenzzo hay que verle cuando llega a su casa de Torredembarra y desconecta en familia, arropándose con su mujer y su hijo. «Es mi equilibrio y ahora lo necesito», confiesa. Quizás venga de poner a bailar a cientos de personas, en esas largas noches de frenesí en las que se ha curtido, y en las que aún vibra. Asentar la cabeza es ley de vida. A los 41 años –y con un hijo de seis– la música se ve distinta que a los 20, y que a los 14, cuando comenzó, primero bautizándose en el Pachito y luego en el Tojo de Salou.

Vicenzzo, hombre de noche, forjó su carrera en aquella movida de Salou de finales de los 80. Musgo, La Cage o Flashback le cubrieron de gloria, antes de dar el salto a Vamp, donde estuvo de residente siete años, para asistir al auge y la caída de Port Esportiu como epicentro del ocio en toda la provincia. Aunque para localizar el origen hay que ir más atrás. «Recuerdo aquel gusanillo a los siete años. Fui con mi padre a Zas, un local de Salou. Ni siquiera había electrónica. Sonaba Every breath you take, de The Police y Miguel Ríos, pero aquello me marcó», explica ahora. «Siempre me gustó la música. Hacer bailar es lo más bonito, hacer que el público se lo pase bien», confiesa.

André Vicenzzo fue un habitual de las salas de Tarragona y Barcelona, hasta que pudo dar el salto. «Siempre he sido pluriempleado, pero llegó un momento clave. Trabajaba en una tienda de discos pero me surgió la posibilidad de ser un dj profesional, y lo acepté», explica. Su fichaje en 2007 por Matinée Group, uno de los promotores emblemáticos en España, le cambió la vida. Sus remixes y sus sets de house le llevaron a pinchar por los locales más reputados del planeta:desde el Ministry of Sound de Londres al Club One de Buenos Aires, pasando por discotecas de Francia, Eslovenia, Bélgica, Marruecos, Rusia, Colombia o Suiza. Barcelona, con Merci y Razzmatazz como destinos habituales, fue un refugio para André, igual que Pacha La Pineda. «Aquello fue como jugar en el Barça», compara. Años de tralla, noches interminables en las que ponía a danzar en la pista a 5.000 personas;semanas en las que encadenaba cuatro días seguidos en cabina.

Luego vibró en las catedrales de Ibiza que incendió a golpe de loops. Nombres míticos como Amnesia –fue residente–, Space, El Divino o Bora-Bora ardieron al ritmo que marcaba el dj tarraconense. «Era espectacular. Lo bueno de Ibiza es la predisposición con que va la gente a escuchar música nueva. Eso no está en otro sitio», cuenta André, que habla de sesiones matinales apoteósicas, donde también aparecía el chill como contrapunto. En aquel tiempo podía cobrar 1.200 euros por sesión. En esos sitios, para animar a la pista, a veces, como truco, tiraba de nostalgia. «Eso no falla. Son los clásicos que la gente conoce. Yo les doy mi toque, y la gente disfruta. He llegado a ver a personas llorando de emoción».

Pero los años pasaron y el desenfreno se ha encauzado. «Prefiero actuar en clubes más pequeños. Y ahora selecciono más. Puedo estar un fin de semana sin actuar. Hago más vida de día que antes. He abierto una academia en Tarragona. Se trata de compensar y de planificarme el futuro, siempre ligado a la música». Viene de pinchar en Les Golfes Club, el garito de Tarragona que, junto a un colectivo de dj, pretende reinvidicar la oferta ‘clubber’.

Hasta al torbellino Vicenzzo, mito del house, le gusta a veces la calma: «El domingo me acuesto a las 8 h. de la mañana y el lunes me levanto a esa hora para llevar a mi hijo al colegio. Vivo en un constante jet lag, pero lo llevo bien».

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