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Turno de noche: El héroe de la escalera y el ascensor

Juan Cruz Domínguez es técnico de mantenimiento en thyssenkrupp Elevadores. Asiste al vecino atrapado. Es el salvador de abuelos o madres con bebés, y hasta de perros. Rescata las llaves de los fosos y también repara escaleras mecánicas

Raúl Cosano

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Juan Cruz, trabajando en las Cent Escales de Tarragona.  Foto: Pere Ferré

Juan Cruz, trabajando en las Cent Escales de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Juan Cruz abrió la puerta del ascensor estropeado y se encontró dentro a un perro solitario y algo desnortado. No decidió el propio chucho coger el elevador, que se averió a mitad de camino. «La dueña llamó al ascensor, metió al perro y se fue la corriente. Tuvimos que ir a abrir», explica este técnico de mantenimiento de Thyssenkrupp. Puede que vea su nombre en algunas de las etiquetas que se colocan en el habitáculo después de una revisión.

Más allá de esas inspecciones, parte vital de su oficio, a Juan Cruz le toca guardia una semana de cada siete. Junto a tres personas más, cubre de 22 h. a 8 horas cualquier incidencia que haya desde Tarragona hacia el norte de la provincia, llegando también hasta El Vendrell. En esas noches de sueño interrumpido toca estar alerta. «Las salidas varían mucho, pero ya me he acostumbrado a dormir cuando tengo un rato. La guardia ya viene con este oficio. Se lleva bien. Tengo la suerte de que me duermo enseguida y así descanso cuando puedo».

Si alguien está en apuros o la mecánica de una escalera o un ascensor falla, Juan Cruz recibe una comunicación desde el ‘contact center’. Entonces se pone en marcha para llegar lo antes posible y solucionar pronto la incidencia, todo ello en plena madrugada.

El socorro clásico es el ascensor parado, pero también hay un despiste muy común: las llaves que se escabullen y caen al foso. «Las personas son una prioridad. Si hay gente afectada, dejamos la revisión o lo que estemos haciendo y nos vamos a atender», dice.

A este argentino de 39 años residente en La Canonja le forman, incluso, para saber tratar con las personas en esos momentos de angustia y claustrofobia. «Hay una primera criba que es la llamada. Entonces ya les tranquilizan. Cuando llegamos nosotros ya no vemos a la persona tan nerviosa. Si lo está, intentamos calmarla».

Es entonces cuando Juan Cruz desmonta de un plumazo todos los mitos. «Le explicamos que el ascensor no se puede caer, porque tiene muchísimos sistemas de seguridad y se revisa cada mes. Le decimos que eso solo ocurre en las películas y que tampoco se acaba el aire. Es otro mito. La cabina no es hermética, tiene rejillas, aunque no las veamos».

Eso sí, el ascensor es sensible, en especial las noches de inclemencias meteorológicas. «A veces es una simple avería, que sucede por mal uso o desgaste».

Cuando el operario llega al portal, intenta operar con rapidez. Enciende la luz del hueco del ascensor. «Lo primero es mirar por una de las puertas . Si el ascensor está parado a nivel, perfecto, abrimos las dos puertas y sacamos a la gente. Si no está a nivel, tenemos un protocolo para poner el ascensor en la planta sin corriente, de forma manual», dice Juan Cruz entre taladros, radiales o herramientas varias para soldar.

Habla desde el hueco, que también es almacén, de las escaleras mecánicas que salvan el desnivel entre Doctor Zamenhof y la calle del Vapor. Estas instalaciones también se estropean y necesitan de sus servicios, más si están a la intemperie y son diana del incivismo. 

Él tiene claro el secreto: «Tienes que tener una vocación de servicio, de asistencia a los demás». Bajo esa premisa ocurre lo más gratificante. Sólo falta que la gente, liberada, se abrace a Juan Cruz cuando les rescate. «Para los ancianos y las madres con cochecitos de bebé somos los héroes. Llegamos y nos dicen: ‘¡Mi ascensorista!’. Es bonito, pero nosotros sólo hacemos nuestro trabajo».

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