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Turno de noche: El sereno de la química

Manuel Lobato lleva 23 años a turnos. De madrugada es la máxima autoridad en Dow. Él controla y arregla incidencias: una bomba que falla o una planta parada. 'Lo peor es cuando hay que quemar y se ve la llama. Con el fuego parece que aquí se haga de día', asume

Raúl Cosano

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El coordinador de área Manuel Lobato, en la sala de control de Dow.  Foto: Lluís Milián

El coordinador de área Manuel Lobato, en la sala de control de Dow. Foto: Lluís Milián

La peor noche es cuando se hace de día. Entonces el cielo negro de ahí afuera se ilumina en un gran resplandor cuando flambea la antorcha. «Se hace todo con seguridad, pero estás un poco en tensión. Es cuando tienes que quemar producto y se te ilumina todo por la llama. A la gente le llama mucho la atención, crea alarma pero no pasa nada, no hay peligro», asume Manuel Lobato (53 años), un tarraconense curtido desde abajo y que ha hecho carrera en Dow Chemical Ibérica.

Empezó hace 25 años en el ensacado. Ahora, cuando le toca el turno de noche, es el coordinador de área. A efectos prácticos, es el ‘back up’ o apoyo del director, pero de madrugada se vuelve la máxima autoridad en toda la fábrica, una especie de sereno que supervisa lo que ocurre en las tres plantas de polietileno en el polígono sur de Dow.

Desde su despacho controla todo lo que sucede a través de dos pantallas. Una pizarra marca la guía de producción y los encargos. Una reunión al principio de la noche sirve para dar salida al turno y perfilar los objetivos y las tareas. «Nos aseguramos de que el producto sea bueno y seguro. Preparamos todos los trabajos que hay que hacer durante la noche. Las plantas no se detienen las 24 horas, o sea que no difiere mucho el trabajo nocturno del diurno. Se producen las mismas toneladas, se hacen los mismos análisis...». Por lo general sí que hay más distensión en el ambiente. No están los operarios de mantenimiento, pero tanto los trabajadores de campo como los panelistas van a pleno rendimiento. Manuel dirige y se encarga de que todo fluya.

Otra labor clave es la resolución de problemas o incidencias: «Puede haber una parada de planta. Entonces tienes que dejarla segura y luego ponerla en marcha. Ahora las tormentas no influyen tanto como antes, que sí afectaban más. Puede ser que el etileno nos venga mal o que una bomba deje de funcionar. Hay que estar atentos a todo eso». Las caídas de tensión son otro de los inconvenientes a solucionar, una de esas puntas de estrés, en las que hay que reaccionar pronto.

Dos ingenieros prueban un nuevo producto. En mitad del ajetreo, aquí también se experimenta. Del polietileno que se fabrica en estas plantas –más de 1.200 toneladas al día– surgen aplicaciones variadas:el material permite elaborar luego desde hierba artificial a embalajes de todo tipo, empaquetado de zumos y alimentos, juguetes, asientos de coche, interruptores, bolsas o productos de higiene. Hasta el plástico que envuelve las pizzas tiene aquí su origen.

A Manuel los años del turno de noche le pesan. «Es más duro. Lo peor no es la noche en sí, sino el día siguiente. No duermes en condiciones. A lo mejor a las 11 h. de la mañana siguiente ya estoy despierto, aunque entonces procuro dormir luego un poco de siesta». A pesar del desgaste, no tiene nada que ver con turnos antiguos, en los que se llegaban a encadenar hasta siete noches trabajando. «Ahora es más fácil de sobrellevar. Antes se hacía mucho más pesado», admite.

De noche se forma una especie de familia. «En este tiempo te acostumbras a trabajar en festivos y en fechas importantes. Cuando ves en el cuadrante que te toca venir en Nochebuena, ya lo aceptas y te preparas». En esas noches señaladas la empresa les procura una cena y hasta un regalo con el que regresar a casa.

Manuel ha crecido en Dow. «Todo ha cambiado mucho», dice, y recuerda, de noche, las inundaciones en los accesos cuando diluviaba y había que salir fuera a señalizar, malos tragos que las mejoras han dejado en batallitas.

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