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URV: «Ahora cobro poco, pero antes era una miseria»

Enrique Canovaca, profesor en el Departament de Comunicació, narra su experiencia como asociado y reclama que «debería haber una mayor estabilidad» de los docentes

Raúl Cosano

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Enrique Canovaca, profesor del Departament d’Estudis de Comunicació de la URV

Enrique Canovaca, profesor del Departament d’Estudis de Comunicació de la URV

«Creo que actualmente cobro poco, pero al menos no es una miseria, como lo era al principio», reconoce Enrique Canovaca, profesor del Departament d’Estudis de Comunicació de la URV. Este es su quinto curso como profesor asociado en Tarragona. Imparte las asignaturas de Periodisme a Internet, de tercero de grado, y Periodisme i Crítica Cultural, de cuarto, una optativa y la otra troncal.

Él es uno de esos perfiles de la precariedad cronificada en algunos centros. Solo la acumulación de cierta antigüedad le sirve para sobrellevar mejor su rol. «Para alguien sin experiencia docente, que tiene que partir de cero en las asignaturas, es poquísimo lo que se paga. Tienes que dedicar mucho tiempo a hacer el plan docente, a adaptar las prácticas a las necesidades del alumnado», comenta. Ahora, sin embargo, respira más aliviado. «Hasta el tercer año, en el que no tienes asentada la asignatura, no te sale a cuenta y te cuesta mucho salir adelante. Ahora no me cuesta ya tanto esfuerzo. Lo hago porque es algo que te aporta prestigio académico y profesional», admite.

Canovaca cobra mensualmente entre 450 y 500 euros. Imparte al año ocho meses de docencia, entre cuatro y cinco horas a la semana en el Campus Catalunya de la URV. A eso añade alrededor de 40 horas de correcciones por materia, además de la atención a los alumnos y la propia gestión de las asignaturas. «Si hago cuentas, la hora de trabajo me sale a entre 20 y 25 euros», confiesa: «Creo que por el trabajo que hago y el tiempo que dedico debería cobrar alrededor de 700 euros mensuales».

Es uno de esos docentes precarizados en un entorno hasta no hace mucho de reconocimiento social como es el universitario, ahora también maltratado por los bajos sueldos. Él, además, es doctor, y trabaja como periodista freelance, tanto en medios de comunicación como en asesoría política, labores que, según la época, compagina con las clases. «La figura del asociado es positiva porque puede aportar su experiencia profesional y aplicarla a clase. El problema surge cuando la mayoría o gran parte de la docencia está impartida por asociados y se ponen parches para ahorrar dinero. Se debería avanzar hacia una mayor estabilidad de los profesionales», zanja.

Los 962 docentes asociados configuran el 55% de los 1.735 profesores de la plantilla de la universidad tarraconense. Es el dato más elevado de España, según las estadísticas del Personal docente e investigador (PDI) del Ministerio de Educación. Son cifras relativas al curso 2017-18, las últimas disponibles en las que se desglosa por universidad. La Rovira i Virgili supera con creces el 24% de la media de centros en España.

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