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Incendio en Campclar: «Un amigo me llamó y ya estaba en Montblanc»

La incertidumbre de la noche se convirtió en indignación, a medida que pasaban las horas

Núria Riu

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Toñi Herrera y Montse Alonso, sentadas tomando el café en el barrio de Campclar. Foto: Pere Ferré

Toñi Herrera y Montse Alonso, sentadas tomando el café en el barrio de Campclar. Foto: Pere Ferré

Caras de agotamiento, por la falta de sueño, y un malestar creciente, por el nuevo episodio vivido. Es la situación entre los vecinos de los barrios más próximos al incendio, que en muchos casos habían pasado la noche en vela.

Ayer, mientras los Bombers seguían trabajando para apagar todos los focos, este era el tema que se hablaba en los bares. Montse Alonso volvía de las fiestas de La Floresta cuando acababa de meterse en la cama y escuchó una explosión. «Los primeros momentos fueron de locura porque no sabías nada», dice. Fue a partir de que empezó a hacer llamadas, cuando pudo tranquilizarse. Primero habló con la familia. «El padre trabajaba en la Dow y conocía a gente que nos dijo que no debíamos sufrir», explica. Después una amiga, que estaba en el 112, le dijo que permaneciera en casa con las ventadas cerradas. «Porque conoces a gente y te van diciendo, pero al principio era una locura. Un amigo me llamó que ya estaba en Montblanc y había algunos coches que ya se iban pensando lo peor», sigue explicando. 

Comparte tertulia con Toñi Herrera, vecina de Torrenova. Buscó qué pasaba tanto en la televisión local como a través de las redes sociales. «Eché en falta un comunicado o algo. Si se activó el Plaseqcat no entiendo porque no saltaron las alarmas», decía. A medida que habían transcurrido las horas, los nervios de la noche se habían convertido en indignación.

José Lozano y su esposa Guadalupe Cobo fueron una de las familias que llamó al 112. Viven en el barrio de Bonavista y ya estaban en la cama cuando empezaron a escuchar las sirenas de los coches de Bombers, Mossos y demás agentes de seguridad. «Con el ruido que había y las llamas, estabas asustado. Es que no sabías lo que estaba pasando», explicaban.

Durante la noche el teléfono no paró. «El nieto ya quería irse», explican. Esta pareja ya había vivido un episodio similar hace más de veinte años. «Reventaron todas las persianas y los cristales», explican.

Ayer por la tarde, su principal preocupación era su perro. «Tenemos una nave allí cerca y hemos ido durante todo el día, cuatro o cinco veces, y no nos han dejado pasar», explicaban. Los Mossos d’Esquadra y la Guàrdia Urbana cerraban el acceso al polígono por motivos de seguridad y no habían podido ir a ver si el animal estaba bien.

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