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Un bastión cultural en Tarragona

Crónica. La librería La Caverna es un enclave anacrónico
de naturaleza asombrosa en una época donde
lo digital absorbe almas y conciencias

VICENTE ARNAL

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Alejandro, dueño de la emblemática librería La Caverna. FOTO: DT

Alejandro, dueño de la emblemática librería La Caverna. FOTO: DT

Existen multitud de cavernas famosas. Desde la Caverna del Mamut en Estados Unidos hasta la de Altamira en España conocida por sus bellas imágenes prehistóricas de hombres y bisontes policromados. En el arte, el mito de la Caverna desarrollado por Platón estableció la alegoría más célebre de la historia de la filosofía que posteriormente literatura y cine explotarían sin piedad. Autores tan brillantes como George Orwell, Aldous Huxley, Ray Bradbury, José Saramago, Ridley Scott o las Hermanas Wachowski crearían obras excelsas alrededor de la distopía planteada por Platón: ¿quién detenta el conocimiento? El mito nos muestra, en sentido figurado, nuestra situación en el mundo: permanecemos encadenados y en cautiverio dentro de las inmensidades de una caverna desde que nacemos, y cómo las sombras que vemos reflejadas en la pared componen aquello que consideramos real. Lo único. ¿Les suena de algo? La idea platoniana nunca estuvo tan en boga y nuestra realidad parece extraída de sus páginas. Tarragona posee su propia caverna, una librería que va más allá de la simple compra-venta de libros.

La librería La Caverna, situada en la calle Sevilla, es un espejismo de amor a la cultura, un enclave anacrónico de naturaleza asombrosa en una época donde la lacra digital absorbe almas y conciencias. Entre sus paredes un smartphone es únicamente un plástico inútil de diabólica invención. ¿Una Caverna Platónica? Bienvenida sea. Al entrar nos saludan dos inmensos carros de madera sobre ruedas repletos de interesantes libros por escasos euros. Desde Charles Bukowski hasta Ken Kesey y Alberto Moravia. Un recibimiento digno de rey. Dividida en dos niveles, la librería ofrece una primera planta atestada de productos heterogéneos.

Un caos calmo en el que nada está en su sitio pero todo resulta indispensable. La librería está capitaneada por Alejandro que, con mirada de cowboy y andares al ralentí, asesora al posible comprador con multitud de interesantes referencias bibliófilas repletas de nostalgia y tiempo. Desde cómics de Alan Moore de la década de los 80 pasando por westerns de baja estofa protagonizados por Lee Van Cleef hasta muñecos clásicos de He-Man en su caja original.

En la librería nos damos de bruces con la máquina del tiempo ensamblada por arte y gracia de H. G. Wells pero en versión mediterránea. Sus más de cien metros cuadrados esconden un tesoro pop extraído directamente desde nuestra infancia y por escasos euros podemos recuperar un pedazo de felicidad o descubrir la llave de cualquier puerta: el conocimiento que pregonaba Platón en su texto.

Alejandro, conocedor de su quimera cultural, sabe de las dificultades que padece la lectura en nuestro país y combina la venta de libros con películas y objetos antiguos como máquinas de escribir, cámaras fotográficas, postales o cuadros pintados con mano maestra. Entre su clientela, ecléctica y fiel, podemos toparnos con artistas contemporáneos, escritores, músicos o aspirantes a lectores imberbes. Un resort cultural al alcance de cualquiera y al lado de casa. La segunda planta posee el fondo bibliográfico propiamente dicho, un número considerable de estanterías repletas de novelas y ensayos. El orden es sustituido por el placer del arqueólogo en ciernes que, curioseando lomo a lomo, descubre vecinos de balda tan disparatados como Kerouac, Chandler, Farris, Saramago o Pessoa.

Catálogo de artes plásticas

En la variedad está el placer del gusto. Sillas y butacas, recicladas para facilitar la contemplación activa, ayudan al visitante que, sin prisas y abrumado por la magnitud del tesoro, precisa coger aire en el máximo confort. La visita termina con una sección dedicada al arte, con un catálogo importante de manuales, ensayos y diccionarios de artes plásticas. Un broche fantástico a nuestra singladura. Descendemos con nuestro botín y pasamos por caja, no sin antes conversar con Alejandro acerca de «lo nuevo» que ha entrado en la tienda: unas películas de cine clásico de la Universal, varios libros de Manuel Vázquez Montalbán, unos cómics viejos de Capitán Trueno...

No nos pongamos sentimentales. Las librerías, al igual que otros comercios, padecen la travesía impuesta por una crisis sistémica propia del capitalismo, con una diferencia notable, las librerías se ven perjudicadas por la aparición de factores exclusivos como los nuevos mercados (libro digital) o los hábitos de consumo de una sociedad poco lectora. El libro VII de la República de Platón, dónde se desarrolla el mito de la caverna, intentaba explicar alegóricamente la situación en la que se encontraba el hombre respecto al conocimiento: en los albores. El exterior de la caverna para el filósofo representa un mundo inteligible de ideas, realidades...

El Sol ilumina así el conocimiento, la idea suprema. El prisionero que, liberado de sus muros sale al exterior asciende hacia un mundo de verdad sin mediadores. De manera inversa, la librería la Caverna regentada por Alejandro es un punto de libertad, un bastión de sabiduría inexpugnable en Tarragona, ciudad aquejada de una oferta cultural mermada y lastrada por las grandes superficies. No perdáis la oportunidad y sed libres, rodearos de papel y magia en la caverna más maravillosa de Tarragona.

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