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¿Un ‘chill out’ junto al Teatre Romà?

Sofás, mesillas y muebles varios ocupan un solar frente este monumento Patrimonio de la Humanidad.Los vecinos lamentan la suciedad

Núria Riu

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Los sofás y demás objetos abandonados en un solar frente al Teatre Romà.  FOTO: Lluís Milián

Los sofás y demás objetos abandonados en un solar frente al Teatre Romà. FOTO: Lluís Milián

La desvergüenza con la que actúan algunos tarraconenses está llegando a situaciones preocupantes. El último caso se ha producido en el solar frente al Teatre Romà.

De la noche a la mañana ha aparecido una especie de ‘chill out’, en el que uno podría sentarse a tomar una copa, mientras trata de entender la estructura metálica que se ha levantado simulando cómo era este monumento Patrimonio de la Humanidad.

Sucedió durante el fin de semana. Supuestamente entre el sábado y el domingo, aunque no ha podido confirmarse con exactitud. Los hechos fueron denunciados por el perfil de twitter @Moganita_TGN. Me he permitido utilizar la idea que apuntaba para la crónica. Éste denunciaba: «El nou Chill Out del Teatre Romà. Per reserva zona VIP contactar...».

Y a continuación adjuntaba una foto y enlazaba los perfiles del Ayuntamiento, el Patronat de Turisme, el Museu d’Història y tres agencias de la ciudad especializadas en divulgación del patrimonio.

Los sofás, sillas, mesillas y demás objetos seguían ayer en el mismo sitio. El autor debió de aprovechar el fin de semana para hacer mudanza y se quedó tan ancho.

En el descampado antes aparcaban coches y cuando se iniciaron las obras de recuperación del Teatre fue vallado para instalar la caseta de los operarios y los materiales. «Siempre ha sido una zona muy sucia. Antes la gente aprovechaba para sacar el perro y ya pueden imaginarse cómo estaba», dice Endika Armangol. 

Ahora lo utilizan los jóvenes los fines de semana para reunirse, fumar y escuchar música. La estructura metálica que lo rodea no es un impedimento. «Muy a menudo, cuando hace viento, las vallas se caen. Yo no dejaría el coche por allí», sigue Armangol.

Mientras se explica llega una furgoneta de FCC. ¿Vienen a quitarlo? «No, yo limpio las pintadas», explica el trabajador. La verdad es que buena falta le hace, aunque su labor tampoco se notará mucho ya que tan solo puede  eliminar las de las paredes. «Esta puerta es privada. No puedo intervenir», asegura. Al cabo de un rato llega un segundo camión de la empresa de limpieza. No, tampoco viene a recogerlo. «Si me mandan una alerta vendremos con un camión más grande», asegura, mientras prosigue la conversación con su compañero.

Alba trabaja en la zona. Pasa por delante del descampado a diario. «El viernes por la noche no estaba», asegura. Aunque no se sorprende. «Es una zona muy sucia. Siempre hay botellas tiradas», explica. El tramo de la calle Zamenhoff se ha convertido en su pesadilla. «Cuando salgo a las ocho de trabajar está oscuro. Paso por aquí casi corriendo», añade.

Hubo un tiempo en el que fue una de las zonas más activas de la ciudad. Prueba de ello son las naves y la bodega cerradas a cal y canto. Antonia Torcuato pasea junto a los escombros. «Los fines de semana los chicos quitan los bolsas de los contenedores y no sé lo que hacen, pero los barrenderos se portan muy bien», asegura. Ya no tan solo pasa en los polígonos industriales. Ahora los gamberros incluso se atreven con el centro.

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