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Un edificio a medio hacer se convierte en la pesadilla de los vecinos del Parc Francolí

Denunciaron que había peligro porque caían preduscos de la obra en la calle y en el patio 
de la Escola Tarragona. Ayer se reiniciaron las obras, pero con otra empresa al frente

Carla Pomerol

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Imagen de ayer del interior del bloque, ubicado en la calle Arquebisbe Josep Pont i Gol, en el barrio del Parc Francolí. Foto: Pere Ferré

Imagen de ayer del interior del bloque, ubicado en la calle Arquebisbe Josep Pont i Gol, en el barrio del Parc Francolí. Foto: Pere Ferré

Un edificio a medio hacer en la calle Arquebisbe Josep Pont i Gol se ha convertido en la pesadilla de los vecinos del Parc Francolí desde hace un año. Denuncian que los operarios ponían en peligro la vida, tanto de los que residen en el barrio como de los alumnos de la Escola Tarragona, ubicada justamente al lado del nuevo y polémico bloque. «Pedruscos de grandes dimensiones caían en la calle y también en el patio del colegio. Las medidas de seguridad no eran las idóneas», asegura la secretaria de la Associació de Veïns del Parc Francolí, Roser Barrio. Después de tres meses con las obras paradas, ayer se reiniciaron los trabajos. Ésta vez, pero, la empresa constructora es otra. El barrio está esperanzado y pide que no se repitan las situaciones anteriormente vividas.

La tortura para los vecinos empezó hace un año, cuando la promotora Grupo Inmoglaciar inició las obras de la promoción Residencial Parc Francolí, que prevé 87 viviendas de uno a cuatro dormitorios. El bloque tiene forma semicircular y está rodeado de tres calles: Arquebisbe Josep Pont i Gol, Jaume Vidal i Alcover y Guillem d’Oliver. La constructora madrileña Oproler fue la escogida para llevar a cabo los trabajos. «La cosa empezó mal. Cuando instalaron las vallas perimetrales nos quedamos sin aceras. Incluso quitaron los bancos», explica Mireia Barrio, una vecina del barrio.

Pero éste no fue el peor de los males. La situación se agravió cuando llegó el momento de levantar los cimientos del edificio y de revestir la estructura. «Una grúa gigante y cargada funcionaba a la hora del patio y de gimnasia. Nosotros sufríamos por nuestros hijos porque en alguna ocasión se había desprendido parte del material», explica Cristina Berrio, presidenta de la AMPA de la Escola Tarragona. El colegio pidió a la constructora que dejara de utilizar la grúa durante las horas en que los alumnos estaban en el patio. También solicitaron que se paralizaran los trabajos durante los quince minutos anteriores y posteriores a la hora de salida de los pequeños. La asociación de padres del centro escolar informó y denunció la situación al Ayuntamiento. «Incluso una vez se personaron agentes de la Guàrdia Urbana», explica Berrio. Según aseguran desde la asociación de vecinos, la grúa funcionaba aún cuando emitía un pitido que avisaba que hacía mucho aire.

«Llevar a nuestros hijos al cole era un auténtico riesgo. Intentábamos esquivar el peligro, pero nos pasábamos el recorrido mirando hacia arriba y tentando a la suerte», explica Luis Prieto, padre de un alumno de la Escola Tarragona.

Mireia Barrio, vecina de la zona, recuerda alguna discusión entre los obreros y los vecinos. «Estaban cayendo pegotes de cimiento y un señor se dirigió a los trabajadores para avisarles. La respuesta fue que pasara por la otra acera. Y de malas maneras que le contestaron», explica esta vecina, quien añade que «eran muy espabilados porque, cada viernes, se encargaban de barrer las aceras para disimular la presencia de pedruscos y otros materiales.

Además, los vecinos denunciaron que los camiones y las máquinas habían dañado algún vehículo aparcado cerca de la obra. «Tuvimos que llamar al seguro porque sus camiones grandes entraban en nuestra rampa del parking y la estaban deteriorando. La constructora nos dijo que ya lo arreglarían, pero aún estamos esperando», relata la secretaria de la entidad vecinal, quien vive en la calle Jaume Vidal i Alcover.

Otro episodio desagradable llegó cuando empezaron a cimentar los suelos. «A las dos de la madrugada aún estaban trabajando con una máquina que hacía mucho ruido. No calcularon bien el tiempo y no podían dejarlo para el día siguiente», explica Barrio, quien relata que «en otra ocasión se dejaron las luces de las grúas encendidas durante toda la noche. Al final, la policía vino a apagarlas después de avisarles».

Pero todo terminó el pasado mes de mayo, cuando las obras del edificio, sorprendentemente, quedaron paralizadas. Durante los casi tres meses de verano, nadie ha trabajado en el lugar. Hasta ayer.

La empresa quiebra

El motivo del parón era que la empresa madrileña Oproler, –encargada de los trabajos– quebró hace dos meses, dejando a medias la construcción de las 87 viviendas en la zona del Parc Francolí. En ese mismo momento, la promotora Grupo Inmoglaciar se puso manos a la obra para contactar con otra constructora. Finalmente, hace unos días, firmaron un contrato con la empresa local Obres i Contractes Penta S.A. Los trabajos se reiniciaron ayer y ahora, tanto los vecinos como la comunidad escolar, cruzan los dedos para que no vuelva a pasar lo de los meses anteriores. Según el Grupo Inmoglaciar, la parada no ha alterado el ritmo de la obra y, respecto a los plazos, las entregas seguirán el timing previsto, en 2020.

La promotora ha querido aclarar al Diari que no ha recibido quejas de ningún vecino. «Desde el principio, tanto desde el punto de venta con el comercial como desde el departamento de atención al cliente, se les ha informado semanalmente de los avances y se les ha atendido personalmente cuando han acudido a la oficina».

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