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Tarragona Sociedad

Un edificio de Campclar lleva 20 días sin luz por un incendio

El cuadro eléctrico del bloque se quemó a principios de mes y todavía no se ha reparado. Los ‘empalmes’ de quienes ocupan ilegalmente algunas viviendas podrían estar detrás

Norian Muñoz

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Los vecinos deben alumbrarse con velas. Foto: Pere Ferré

Los vecinos deben alumbrarse con velas. Foto: Pere Ferré

«Mi hija tenía exámenes y ha estado estudiando con velas. Tampoco podía usar el ordenador... Estamos desesperados, ya no sabemos a quién acudir», explica un vecino del bloque cuatro de la calle Riu Llobregat de Campclar. Los estudios de su hija son su mayor preocupación, pero no la única: va comprando la comida cada día porque la nevera no se puede usar y lavan la ropa a mano porque tampoco funciona la lavadora. En este casa viven una pareja y sus cinco hijos, algunos de ellos pequeños. 

Igual que el resto de familias del bloque están sin electricidad desde la madrugada del pasado siete de junio, cuando un incendio calcinó por completo el cuadro eléctrico general. Fuentes consultadas apuntan a que el incendio pudo estar motivado por los empalmes realizados por las personas que ocupan ilegalmente algunas de las viviendas del edificio.

Responsabilidad de los vecinos

Pero superado el incendio, que no ocasionó heridos, ahora el mayor problema es volver a contar con electricidad. Desde Endesa explicaron que, como los desperfectos se ocasionaron dentro de la finca, corresponde a la comunidad de propietarios ocuparse de reparar los mismos.  Una vez los contadores vuelvan a funcionar y todo vuelva a estar en orden, será cuando la empresa reconectará la línea.

La dificultad radica en que, para comenzar, la comunidad de propietarios no está organizada: no hay junta ni presidente/a. Además, a diferencia de lo que sucede en otros bloques cercanos donde la mayoría de los pisos son propiedad de la Agencia Catalana de l’Habitatge, aquí sólo hay uno; el resto son de propietarios particulares o han quedado en manos de bancos tras un proceso de desahucio.

Imposible saber cuántas de las 18 viviendas (tres por cada uno de los seis pisos) de este edificio están ocupadas. Se intuye, no obstante, que hay más de una solo con ver las puertas con marcos reventados. También hay un caso en el que la puerta de madera ha sido sustituida por una de hierro con dos candados.

Así pues, la organización de los vecinos es complicada y hay quien se ha dedicado a recoger el dinero para pagar a los técnicos que estarían esperando una pieza que tarda semanas en llegar.

Sin sitio donde ir

El vecino que nos deja pasar a su casa dice que ya no sabe a quién quejarse. Está pagando una hipoteca desde el año 2002 y no se puede plantear trasladarse a otro sitio porque con sus ingresos le resultaría imposible.

Entre los vecinos que se encuentran legalmente como propietarios o inquilinos en el edificio la situación es parecida, tienen salarios o pensiones muy precarios y no se pueden plantar irse a otro sitio. Alguno, temporalmente, se ha ido a pasar unos días en casa de familiares por las dificultades de vivir sin electricidad.

Consecuencias de la ocupación

Manuel Sosa, secretario de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona, señala que la situación, aunque extrema, no es exclusiva de este edificio, sino que se vive en muchos otros donde hay pisos ocupados, con la diferencia de que, en las comunidades organizadas los propios vecinos o los administradores se encargan de llevar un control económico.

En su opinión «hasta que no pasan cosas así no se ven las consecuencias del fenómeno de la ocupación ilegal. A los bancos les da igual, los que sufren son los vecinos. Es una consecuencia más de un problema que, legislativamente y políticamente no acabamos de abordar, sino que vamos poniendo parches», señala.

Compendio de  deficiencias

Aunque el problema de la falta de electricidad es el más acuciante de este bloque, no es, ni mucho menos, el único. En la plaza en la que se encuentra la entrada del edificio quedan los restos de un árbol calcinado y las paredes están cubiertas de grafittis. El entorno, en general, está muy degradado.

La puerta de la entrada al edificio está abierta, seguramente porque el interfono está roto (en el edificio de al lado ni siquiera hay; lo han arrancado). En lo que se refiere al ascensor ya nadie recuerda hace cuánto tiempo que no funciona y, nada más llegar, puede verse una sillita de bebé entre una nube de moscas. 

La basura se acumula en escaleras y rellanos. Vecinos refieren que en algunos momentos han llegado a encontrarse excrementos humanos y jeringuillas.

La personas consultadas prefieren que no se publiquen sus nombres ni ningún detalle que permita identificarles. Dos reconocen que han sido amenazados por otros vecinos que, señalan, estarían vinculados con el tráfico de drogas. De hecho algunos creen que esta situación de dejadez del bloque les conviene para poder operar a sus anchas.

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