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Un fotógrafo captó el Tiangong-1 por Tarragona antes de estrellarse

El satélite chino se desintegró la noche del domingo sobre el Pacífico sin causar daños después de semanas de expectación

Raúl Cosano

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El paso del Tiangong-1 por Tarragona, retratado desde Sant Pere i Sant Pau. El satélite chino dibujó la diagonal de la izquierda en el cielo. Foto: Carlos Uriarte

El paso del Tiangong-1 por Tarragona, retratado desde Sant Pere i Sant Pau. El satélite chino dibujó la diagonal de la izquierda en el cielo. Foto: Carlos Uriarte

A las 7.33 horas del domingo el tarraconense Carlos Uriarte, astrofotógrafo, publicaba en redes sociales su hallazgo: «Tiangong-1 pasa frente a las costas de Tarragona». El madrugón en busca del mediático satélite que llevaba semanas a la deriva dando vueltas alrededor de la Tierra había valido la pena. En la imagen el módulo chino sin control aparece cruzando en diagonal el litoral de Tarragona poco antes de amanecer y dejando tras de sí una estela como si fuese de un avión. 

A las 6.30 horas Carlos instaló la cámara con un objetivo gran angular para captar una estrella de referencia. «Consultando los datos de Heavens Above seleccioné Altair, de la constelación del águila. Realicé un encuadre e hice diferentes pruebas de exposición dado que nos aproximábamos al alba», relata este fotógrafo acostumbrado a retratar, con un ordenador y una cámara, objetos celestes como la luna, los planetas, las galaxias o las nebulosas. 

Ahora se atrevía con un satélite artificial. Sobre las 6.43 horas, comenzó a hacer exposiciones de cinco segundos para captar la luminosidad de las estrellas y también del ya famoso Tiangong-1. «A las 6.44 horas se podía ver perfectamente a simple vista el punto luminoso atravesando el cielo, parecido a un avión sin parpadeo ni cola de humo», relata. 

A Carlos sólo le quedó entonces comprobar las imágenes y ver la traza. Un programa informático hizo el resto, para componer las fotografías respetando la imagen de esas poco más de ocho toneladas de peso que, desde que orbitan sin control, han pasado varias veces por Tarragona. 

La imagen recoge el paso de la nave china sólo unas horas antes de estrellarse en medio de la expectación y poner fin a un culebrón que ha durado más de dos semanas. Tras meses de incertidumbre por los hipotéticos daños que pudiera causar, el laboratorio entró en la atmósfera en la noche del domingo al lunes y se desintegró casi por completo a las 8.15 hora de Pekín (1.15 hora peninsular española), cuando sobrevolaba el centro del Pacífico Sur, lejos de cualquier área habitada.

El primer módulo de la serie Tiangong (Palacio Celestial en mandarín), que dejó de ser operativo el 16 de marzo de 2016, trazó en su caída una ruta noreste-suroeste en la que seguramente zonas de Argentina y Chile fueron las últimas áreas pobladas que sobrevoló en su trayectoria. 
Según la Oficina de Viajes Espaciales Tripulados china, la entidad responsable del Tiangong-1, la mayor parte de su estructura se destruyó durante el proceso de reentrada en la atmósfera por la fricción con ésta a altas velocidades. Algún resto pudo caer sobre las aguas del océano Pacífico.

Según los expertos, este tipo de chatarra espacial comienza a quemarse a 100 kilómetros de altura sobre el planeta (primero piezas más pequeñas tales como antenas o paneles solares) y el principal cuerpo de su estructura arde a unos 80 kilómetros.

Algún fragmento puede resistir esta combustión, aunque por su pequeño tamaño ya no cae a las velocidades extremas sino a mucho menores, o incluso flotando lentamente en el aire.

La Agencia Espacial Europea (ESA) explicó tras la caída que los desechos se precipitaron en una zona del Pacífico Sur «no demasiado lejos de un área deshabitada que es típicamente utilizada para reentradas controladas».

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